Pasen y vean el Retablo de las Maravillas
07.12.10 @ 07:26:28. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Acuarela de Daniel Parra, Segundo premio del certamen de pintura rápida de Mula 2010)(*)
El lector que haya seguido con fidelidad mis últimos artículos habrá tenido ocasión de constatar mi fijación por el surrealismo que florece en nuestros pagos y que nos mantiene en una permanente perplejidad, origen quizá de nuestra incapacidad para reaccionar.
Entre los últimos desatinos y esperpentos podemos contar ya con el que se ha desatado con motivo de la entrega del Premio Príncipe de Asturias a nuestra selección nacional de fútbol. Se diría que alguien pensó: “Hombre, esto del campeonato mundial ha salido de perlas, así que vamos a ver si nos lo cargamos también entre todos”. Y se puso manos a la obra.
El resultado es que hemos pasado las vísperas discutiendo sobre si podrían o no podrían asistir los homenajeados. Hubo un momento de esperanza: cuando se apuntó la idea de que asistieran los jugadores lesionados. Por unas horas imaginé el espectáculo de una escuálida procesión de jóvenes lisiados avanzando hacia el Príncipe provistos de muletas y vendajes, pero a última hora aparecieron unos pocos más para los que se encontraron subterfugios ad-hoc. Claro está que antes hubo de mediar alguna oportuna llamada desde la Casa Real.
De este hecho lamentable destacaré sobre todo - porque tiene verdaderamente bemoles -que para prohibir a los jugadores su asistencia al acto se esgrimieron razones técnicas de interés de los correspondientes clubes, cuando todos sabemos que, casi recién concluido el campeonato mundial y a poco de iniciarse la primera jornada de Liga, enviamos la selección nada menos que a Argentina, o sea, saltando con ida y vuelta el charco por la parte más ancha, para recibir allí una soba de categoría. También es de todos conocido que nuestros “cracks” viajan entre partido y partido una semana y otra también para rodar “spots” publicitarios en los que exhiben su musculatura o sus habilidades atléticas, cumplidamente recompensadas por cuantiosas sumas de dinero. Menos mal que lo que al final sobresalió sobre cualesquiera otras circunstancias fue la bondad y la generosidad del señor Del Bosque, merecedor del título que acabo de aplicarle. Congratulémonos, por tanto, de que el bien triunfe de cuando en cuando sobre el mal, como en este caso acabó por suceder.
Otro motivo reciente para el júbilo y la recuperación de la fe en el hombre ha sido, sin ninguna duda, el recate de los treinta y tres mineros chilenos, a la que ya me referí hace poco en otro artículo. Como eco de esa historia de fe, esperanza y caridad, recibimos hace unos días la visita de cuatro de sus protagonistas y parte de sus familias. El ambiente mediático en el que se les enmarcó fue una curiosa mezcla de reporterismo aparentemente serio y escandalizadora prensa rosa, con lo que, como era de temer, hubo quien intentó echar avispas a aquella gente sencilla para provocar de ella una reacción ácida y reivindicativa contra los patronos, amén de resaltar lo majo que era otro minero que había puesto los cuernos a su mujer. Pero los admirables trabajadores chilenos no entraron al trapo. Cuando alguien les pidió que resumieran en una frase la clave de su heroico comportamiento, las respuestas coincidieron en que ésta era el haber seguido el principio de que la unión hace la fuerza, y que la fe en Dios les había infundido la esperanza que nuca llegaron a abandonar. Como supondrá mi avezado lector, lo de la fe fue hábilmente soslayado por los periodistas presentes en la medida en que pudieron ocultar tan luminosa realidad.
Como usted deducirá de los dos casos que le presento, la capacidad de nuestros compatriotas por chafar todo lo que pueda ser ejemplarizante resulta verdaderamente asombrosa.
Pero no queda ahí nuestro retablo de las maravillas, porque su capacidad para asombrarnos es poco menos que infinita. Fíjese usted, querido lector mío: ahora nos han cambiado el gobierno, y en vista de que el anterior fue un verdadero desastre económico, lo que nos cambian son los otros ministerios, que no el de economía. Y como creen que la base para salir de tan penosa situación es el desarrollo de la ley de reforma laboral, encargan de que se aplique a un individuo que salió a protestar de ella detrás de una pancarta… ¡A ver quien supera esto!
Así que dicen que la crisis de gobierno se ha hecho para explicar mejor y más convincentemente lo que hacen. Pues, hombre, yo creí que cambiarían el gobierno para empeñarse más y mejor en arreglar el desastre económico e incluso reducir el paro, pero claro, eso sería lo lógico, y en esta España surrealista lo lógico no es políticamente correcto. Así que lo que van a hacer, según parece, es mentirnos un poco mejor, que para eso sí que tienen, no digo ya artistas, sino verdaderos “cracks”.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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