Los lunes, revista de prensa y red
29.11.10 @ 07:20:30. Archivado en Artículos
“Al borde del abismo”, de La Gaceta, y “Juicio sumarísimo”, de José Ramón Ayllon

(Casa en ruinas en la finca Zamadueñas. Acuarela de José Mª Arévalo.34x46)(*)
AL BORDE DEL ABISMO
Editorial de La Gaceta publicado el pasado día 26
La UE y el FMI estudian ya un ‘plan B’ para rescatar a España en caso de quiebra. El crédito, que es lo que España necesita, se basa en la confianza, y ésta está en mínimos. El problema esencial de España es que Zapatero ya no tiene ninguna credibilidad. Seis años mintiendo a los ciudadanos han llevado al Gobierno al más completo descrédito y a la economía española, a la ruina. De los brotes verdes y el optimismo enfermizo del presidente hemos pasado a la amenaza seria de una posible intervención. El ambiente se corta a cuchillo y la sensación imperante que define el sentimiento de las autoridades comunitarias y de los inversores es de miedo. Miedo a que España necesite acudir al Fondo de Estabilidad Financiera aprobado el pasado mayo.
Las dudas surgen por todas partes y la UE y el FMI estudian ya un plan B para rescatar a España en caso de quiebra. Para colmo, la guinda la ponía el propio vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de la Competencia, Joaquín Almunia, quien ratificaba las dudas sobre la solvencia española. “Dudas en torno a España las hay. Lo estamos viendo en la reacción de los mercados ante la deuda pública española”.
Los primeros en alertar ayer fueron los analistas de los principales diarios alemanes, que no dudaban en poner a España en el punto de mira. Alemania es la que más tiene que perder, y la posibilidad de que la economía española quiebre se planteaba sin tapujos. La duda que venían a poner sobre la mesa es si la quiebra se llevará por delante la moneda única. El diferencial con el bono alemán superó ayer los 250 puntos básicos, y el miedo se ha instalado no sólo en los medios germanos, sino también en las principales cabeceras de EE UU, como The New York Times o Washington Post, que analizan en profundidad el “potencial desastre” que implicaría esta situación. Las dudas, como decía el propio Almunia, hay que despejarlas cumpliendo con los compromisos, pero el Gobierno se empecina en repetir que no hacen falta más ajustes.
El proceso es muy simple. España está endeudada hasta las cejas y cada día tiene más dificultades para pagar. Y el dilema es si tras el rescate de Grecia e Irlanda, y descontado el salvamento de Portugal, España será el siguiente. En cualquier caso el euro se debilita y la todopoderosa Alemania pierde, ya que es el país que cuenta con mayor deuda española en su poder. El problema es que el endeudamiento español sigue creciendo mientras el cuadro macroeconómico se deteriora prácticamente en todos los renglones: el consumo cayó un 1,1% en el último trimestre; la balanza comercial se ha deteriorado un 5% en lo que va de año; el PIB se estanca; el desempleo se mantiene en el 20% (y creciendo), y la deuda se mantiene disparada con una prima de riesgo batiendo récords todos los días.
Ante este panorama, la financiación de la deuda se hará insostenible y el dinero dejará de venir. Y si nos cierran el grifo, sólo quedarán tres opciones: suspender pagos, echarnos en brazos de Alemania o esperar que el Banco Central Europeo cree más euros para refinanciarnos. Una situación límite que sólo se podría abortar –si es que nos queda tiempo– si el Gobierno hace los gestos necesarios para devolver la confianza a los mercados. Es decir, cumplir de una manera decidida las promesas anunciadas, aplicando nuevos recortes y arbitrando serias y profundas reformas estructurales de liberalización capaces de impulsar el crecimiento y el empleo.
Una tarea ardua y difícil. Si en tres años Zapatero y su Gobierno han sido incapaces de arbitrar medidas para tranquilizar a los mercados, ¿qué cabe esperar de la reunión que mañana mantendrá el presidente del Ejecutivo con los primeros espadas de la empresa española, auspiciada por el Rey Juan Carlos? La cita, una muestra más de la delicada situación de la economía española, es el reflejo de la preocupación reinante. ¿Qué cabe esperar? No mucho.
El crédito, que es lo que España necesita para no suspender pagos, se basa en la confianza, y ésta está en mínimos porque Zapatero se ha encargado de dilapidarla a base de engaños y mentiras. ¿Hay tiempo para enderezar el rumbo? Las dudas están más vivas que nunca y puede pasar de todo. Pero si este Gobierno no es capaz de hacer nada, lo mejor que puede hacer es dimitir. España y Alemania le quedarían eternamente agradecidos.
JUICIO SUMARÍSIMO
Artículo de José Ramón Ayllon publicado en “Metáforas”, joserraayllon.blogspot.com el pasado día 23
Domingo en Burgos. Oigo a mis espaldas, en una cervercería del casco histórico, un juicio sumarísmo: ¡Será maricón! Me vuelvo y veo a tres parejas jóvenes, con caña y bravas, riendo mientras comentan un artículo del periódico. Siempre que escucho ese tipo de descalificaciones recuerdo una triste radiografía de Antonio Machado: “De diez españoles, nueve embisten y uno piensa”. Cuando se van, me hago con el diario y leo la columna que ha provocado la citada lindeza. Es de un colaborador con aspecto simpático y buena pluma. Se queja de que “muchas personas identifican todavía hoy la homosexualidad con lo sucio, lo inmoral, lo desviado, lo enfermo, lo ridículo, lo digno de lástima y compasión”. Por eso le parece “digno de aplauso que en 2005 nos convirtiéramos en una de las primeras naciones que amplió el derecho del matrimonio a las personas del mismo sexo”, demostrando que “somos una de las sociedades más equilibradas, tolerantes y simpáticas del planeta”.
Al llegar a este punto me pareció estar oyendo a un portavoz de Zapatero, cuyo problema no es precisamente de autoestima y sí de argumentos. Porque la matraca que se empeña en llamar matrimonio a la unión homosexual es un tosco voluntarismo, contrario a una evidencia irrefutable: los homosexuales tendrían derecho a engendrar hijos si pudieran fecundarse. Pero resulta que no son los prejuicios de nadie, ni las leyes, ni las religiones, quienes les niegan esa posibilidad: es la biología. Por eso, si los homosexuales quieren ser tratados como los demás, tendrán que empezar haciendo lo que suelen hacer los demás: respetar la realidad y llamar a las cosas por su nombre. Si la unión conyugal entre hombre y mujer se ha protegido desde Altamira al siglo XXI, ha sido por estar directamente asociada al origen de la vida y a la supervivencia de la especie. La introducción artificial de un niño en la casa de dos homosexuales, ni convierte a éstos en matrimonio ni a los tres en familia. Dos homosexuales pueden ser dos buenos padres, pero nunca serán una madre, ni buena ni mala; dos lesbianas pueden ser dos buenas madres, pero nunca serán un padre, ni bueno ni malo. “No deseo a ningún niño lo que no he deseado para mí misma”, dice Alejandra Vallejo-Nágera. Y añade: “Me gusta, siempre me ha gustado, tener un padre y una madre. Cualquier otra combinación de progenitores me parece incompleta e imperfecta”.
Más que un tema jurídico o religioso, más que una cuestión de tolerancia o libertad, más que un asunto progresista o retrógrado, de derechas o izquierdas, nos encontramos ante un problema básicamente biológico. Se podrá opinar lo que se quiera, pero lo que tú y yo opinemos es irrelevante cuando los genes tienen la última palabra, y cuando ese orden natural tiene serias repercusiones psicológicas, emocionales y educativas. El presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría ha señalado que un niño “paternizado” por una pareja homosexual entrará necesariamente en conflicto con otros niños, se comportará psicológicamente como un niño en lucha constante con su entorno y con los demás, creará frustración y agresividad. Una vez más, con la naturaleza hemos topado.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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