Arte y belleza. 6.Conocimiento de la belleza
27.11.10 @ 07:24:43. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Acuarela de Miguel Arriero. Cartel de su actual exposición en la sala del Auditorio municipal de Tarancón, Cuenca) (*)
“Nuestro modo de conocer la realidad material parte siempre de lo sensible. A través de los sentidos captamos las perfecciones de las cosas, los accidentes que las definen y particularizan. Los sentidos captan la proporción de partes y el entendimiento establece a continuación, por intuición inmediata o por razonamiento discursivo, la relación de proporción entre esas partes; no conoce totalmente hasta que no ha reconstruido el todo que forman las partes. Al darse cuenta de la relación de las partes -y ya veremos cómo la belleza es una especial perfección que consiste en la armonía de las partes-, empieza a gozar. Los sentidos no se detienen a captar el orden o la armonía, sino que transmiten de inmediato los datos aprehendidos al entendimiento, que abstrae lo universal del dato particular, lo formal de lo material. Este es en síntesis el proceso del conocimiento, en su comienzo.”
Se trata del arranque del apartado “Proceso del conocimiento de la belleza” en la conferencia del arquitecto vallisoletano Javier Lopez de Uribe, titulada “Acerca de la ciencia, la belleza y el arte”, que estamos siguiendo literalmente en esta serie de artículos, y que constituyó su discurso de recepción en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción de Valladolid. En el artículo anterior veíamos cómo analizába los atributos del ser, entre los que se encuentra la belleza, uno de sus “trascendentales”.
En el caso de la belleza –continúa López de Uribe-, la percibimos con nuestras facultades cognoscitivas: con los sentidos -vista y oído especialmente, por ser los más cercanos a las facultades espirituales, más perfecto el primero- junto con la inteligencia. Esa percepción se realiza por medio de una intuición intelectual abstractiva -no por razonamiento- en el sensible, que produce la emoción estética; y cuando es absoluta, el entusiasmo. No se trata de una mera sensación, sino de un hábito del intelecto, síntesis de un conocimiento sensitivo y de un conocimiento intelectivo, que lleva a captar con facilidad el objeto, adelantándose al discurso de la razón e intuyendo de una manera inmediata y cierta lo que de otro modo pasaría inadvertido. Por eso, el sentido estético, conocido por algunos como BUEN GUSTO es en cierto modo "una facultad extra y pre-científica" (cita en este caso a José Miguel Ibañez Langlois, "Introducción a la Literatura", Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona, 1979).
Aunque la belleza es esencialmente objeto de inteligencia y es ella la que goza, también los sentidos pueden gozar conociéndola. Es más: "La parte de los sentidos en la percepción de la belleza –cita ahora a Jacques Maritain, "Arte y Escolástica", Club de Lectores, Buenos Aires 1958- se hace enorme en nosotros, y casi indispensable, en razón de que nuestra inteligencia no es intuitiva como la del ángel; nuestra inteligencia ve, sin duda, pero a condición de abstraer y de discurrir; sólo el conocimiento sensible posee perfectamente en el hombre la intuitividad que se requiere para la percepción de lo bello. Así el hombre puede sin duda gozar de la belleza puramente inteligible, pero la belleza connatural al hombre es la que viene a deleitar la inteligencia por los sentidos y por la intuición de éstos".
Si la inteligencia se aparta de los sentidos para abstraer y razonar –concluye López de Uribe-, se aparta entonces de su gozo, y pierde contacto con la irradiación propia de la belleza. Para a continuación incluir una cita muy ilustrativa sobre la mecánica de nuestro conocimiento, de Josef Pieper en su libro "El ocio y la vida intelectual" (Ediciones Rialp, S .A., Madrid, 1974):
"¿Qué ocurre cuando nuestros ojos ven una rosa? ¿Qué hacemos en esa ocasión? Al percatarnos de ella y observar su color y su forma, nuestra alma se comporta receptivamente, tomamos, percibimos. Es cierto que somos activos y estamos mirando algo. Pero es un mirar sin tensión, si es que se trata realmente de un intuir auténtico y no de una observación, que consiste ya en medir y calcular, pues la observación es una actividad tensa que ha inspirado a Ernst Jünger la afirmación de que ver es un ACTO AGRESIVO. La intuición, intuir, contemplar, es, en cambio, la apertura de los ojos a un mirar receptivo de las cosas que se le ofrecen, que nos penetran sin necesidad de un esfuerzo de captación del observador", sin trabajo, poseyéndolas de una manera fácil, tranquila y pacífica.
Queda establecido, pues, que en la belleza -y en el arte en general- es la inteligencia la que tiene el primado, y que la belleza sensible hace gozar a la inteligencia y a los sentidos, que le sirven de vehículo o instrumento. Pero cuanto más formado está un hombre, cuanto más sabe lo que pasa en el mundo tomado en su totalidad, cuanto más consigue ese OIDO ATENTO AL SER DE LAS COSAS de que hablaba Heráclito, cuanto más eleva su cultura, "más se espiritualiza el brillo de la forma que le arrebata –continúa ahora la cita de Maritain-. La inteligencia entonces, apartada de todo esfuerzo de abstracción, goza sin trabajo y sin discurso. Se encuentra dispensada de su trabajo ordinario, no tiene que extraer un inteligible de la materia en la que se halla sumergido, para luego recorrer paso a paso sus diversos atributos; como el ciervo en la fuente de aguas vivas, no tiene más que hacer que beber, y bebe la claridad del ser. Fijada en la intuición del sentido, es irradiada por una luz inteligible que le es dada de golpe, en el sensible mismo en que resplandece (...) Sólo después analizará más o menos bien las causas de este goce, mediante la reflexión".
Tengo que resistir la tentación de continuar un poco más el hilo de la conferencia de López de Uribe, porque estamos llegando al meollo de la cuestión, pero creo que no vamos a poder entrar a fondo sin digerir bien estos aspectos previos. Así que les dejo con la miel en la boca, hasta el artículo siguiente de este ciclo sobre “Arte y belleza”, que procuraremos incluir aquí dentro de quince días, a las puertas de la Navidad, que tantas lecciones de belleza nos trae todos los años.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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