Una mujer valiente
26.11.10 @ 07:21:47. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Aliqapou Palace, Isfahan. Acuarela de Behzad Bagheri en flickr.com.)(*)
¡Olé por doña Ángela! Me refiero, como ustedes habrán probablemente imaginado, a doña Ángela Merkel. ¿Qué por qué mi entusiasta reacción ante el comportamiento de esa señora? Pues, sencillamente, porque se ha atrevido a decir la verdad, cosa realmente reseñable por cuanto, en boca de un político, la verdad es algo así como la desnudez, que reclama en todo caso ser revestida de algún ropaje que la proteja del escrutinio. Sí señores; doña Ángela se ha permitido ir contra lo políticamente correcto, y esto es algo que merece, cuando menos, la admiración de cualquier persona aún no contaminada por la falsedad.
Coincidirán ustedes conmigo, supongo yo, en que si hay algo casi blasfemo en nuestros días, es anunciar, como ella hizo hace unos días, el fracaso de la multiculturalidad, abrazada por el buenismo como solución ideal a los problemas de integración derivados del fenómeno migratorio. Ya se habrán dado ustedes cuenta de los estremecimientos orgásmicos que su sola mención produce entre las filas de la progresía.
Pues bien, doña Ángela ha agarrado el micrófono, y lo ha dicho. Ha venido a decir, en efecto, que, tras un largo periodo de prueba, la multiculturalidad ha demostrado ser absolutamente inadecuada. Recordarán, más o menos, en que consistía la cosa: cada grupo étnico o cultural seguiría viviendo conforme a sus propios principios, usos y costumbres, encajaran o no encajaran en los del país de acogida, y aquí todos la mar de contentos. Pero por lo que nos dice doña Ángela, la realidad no es ni mucho menos así. El modelo es inviable y habrá que ir pensando en otra cosa.
Yo espero que, como poco, el polémico anuncio de la señora Merkel sirva para abrir en Europa un debate sobre la inmigración, que buena falta hace. Sin embargo, ya les aviso de que tal iniciativa encontrará una resistencia diamantina. La Unión Europea se ha negado repetidamente a hacerlo alegando que no entra en temas culturales, y en España es un tema prácticamente tabú.
Les contaré mi experiencia personal: hace unos pocos años, el prestigioso director de uno de los varios foros de estudio sobre asuntos de carácter internacional, con quien coincidí no sé si en una conferencia o en la presentación de un nuevo libro, aprovechó la ocasión para invitarme a hablar sobre cualquier asunto a mi elección. Como siempre, mi natural impaciencia me hizo ponerme rápidamente manos a la obra y hube de empezar por decidir el tema. Entonces me pareció que sería especialmente oportuno abordar la relación entre la inmigración y la seguridad, no tanto para profundizar en el análisis de la posible repercusión de aquélla sobre ésta, como para intentar que mis oyentes abrieran los ojos ante el asombroso hecho de que la Unión Europea no se plantee siquiera un debate sobre un fenómeno de tamaña envergadura. Porque el conocimiento que tenemos de los efectos de las grandes migraciones, sobre las cuales nos ilustran nuestros antiguos libros de texto, nos revela que todas coinciden en un mismo efecto, y éste es que los grandes desplazamientos humanos acaban por producir considerables transformaciones de carácter cultural, religioso, social, económico, étnico e incluso lingüístico. En cuanto a la incidencia en la seguridad, no me refería yo al análisis de los índices de criminalidad callejera, sino a cosas tales como la lealtad de las segundas y terceras generaciones hacia el país de acogida - recuerden el atentado de Londres o los disturbios de la “banlieu” parisina –, el efecto positivo de la posibilidad de reclutamiento de soldados procedentes de la inmigración, o los esfuerzos comunitarios por evitar los flujos de inmigración ilegal. Me parecía a mí que, sabiendo que los efectos de estos movimientos acabarán por ser de gran calado, resultaba incoherente no intentar predecirlos y estudiarlos con cierto método y rigor, sobre todo teniendo en cuenta que, en una Europa tan compleja como la actual, las medidas que pueda tomar un país determinado sobre la inmigración repercuten casi inexorablemente en los demás como consecuencia de los efectos tipo “llamada” o de otras razones que no tengo tiempo de exponer, y porque, en todo caso, no debatir este tema sería como cerrar los ojos a potenciales problemas, no ya del futuro, sino de nuestra propia realidad actual.
Pues bien, una vez escrito el texto de mi conferencia, esperé discretamente a que se me confirmase mi participación en el programa para no parecer interesado más allá de la cuenta. Pero un buen día me encontré incluido en él sin especificar el tema que habría de desarrollar. Así que llamé al director para advertirle que la conferencia estaba escrita desde hacía ya tiempo y que su tema era aquél al que ya me he referido.
Todo fue bien hasta que le comuniqué el título de la conferencia, pues entonces noté algo raro en la expresión de mi interlocutor. “¿Pasa algo?” Le dije. “Pues pasa que siempre que tocamos este tema nos surge algún problema, y la razón es que éstos no quieren que, hablando de inmigración, se trate de otra cosa que no sea de su Ley. Y claro está, las subvenciones peligran…”
Iba a decir que ésta fue la primera vez en muchos años que pude ver cómo la libertad de expresión, y el respeto a la inteligencia también, estaban entrando en claro declive. Mas esto no es rigurosamente cierto, puesto que poco antes había habido tenido ya otra ocasión de constatarlo.
Pues así son las cosas. Ahora comprenderán mejor las razones de mi olé a la señora Merkel.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm5.static.flickr.com/4084/5169287783_c6f3eafc23_z.jpg
Comentarios:
Más tarde, la regla de las 3 R (respeto por uno mismo, respeto por los demás, responsabilidad por todas mis acciones), el estudio superficial del 'contrato social' de Rousseau y una aproximación a la filosofía, me convenciron de que mi libertad acaba donde empiza la de los demás y que hay una serie de normas a las que he de atenerme.
La cortesía, reflejo de la lógica y maestra práctica que facilita la convivencia, recomienda que cuendo uno es un invitado o huésped, se comporte como tal.
Europa ha sido, es y será, gracias a sus raíces cristianas que inspiran nuestras letras, filos...
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