Lancelot 2010. Estrella de los mares
18.11.10 @ 07:21:34. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de Edward Wesson en el libro sobre su obra The Master´s Choice, de S.Hall y B. Miles)(*)
Domingo 18 de julio. Escribo hoy por la tarde, porque lo vivido durante la mañana, no quiero demorar narrárselo. Según nuestra religión católica el domingo es –“dominica díes”- el día del Señor. Día de fiesta, aún para la mayoría en el mundo, sean o no cristianos. Según nuestros Mandamientos, los católicos santificamos esta fiesta, el domingo, cumpliendo primero el precepto dominical: asistiendo a la Santa Misa. No cualquier día de la semana, sino precisamente el primero: el día que resucitó el Señor, “después del sábado judío”.
Como de costumbre, madrugamos. En el que fuera pueblecito pesquero, hoy importante por el enorme desarrollo gracias a un turismo cada vez más intenso en él. Playa Blanca (que ése es el pueblo al que me refiero) celebraba hoy un acontecimiento singular: procesión marítima en honor de su Patrona la Virgen del Carmen. Ya el pasado día diez y seis, tuvo lugar la solemne precesión terrestre. La imagen bellísima de la Estrella de los Mares, recorrió -Señora del lugar- las principales calles del pueblo entre aclamaciones de ¡viva la Virgen del Carmen! por la multitud que la acompañaba o contemplaba su “paso” portado a hombros de fornidos hijos canarios. Marineros, pescadores, fuera de su elemento. Hoy no. Hoy, día de su Hijo, hicieron con inmenso agrado emocionado y emocionante, lo que el día de su fiesta no les fue posible.
Asistimos primero a Misa – tal vez de larga duración, si se asistió con Amor corto-. Luego, nos dirigimos con multitud de nativos y forasteros a la espectacular procesión marinera. Detrás de la Imagen, iba el sacerdote (nuestro siempre amigo don Sixto) con un extraño atuendo: sólo alba y “cholas”(chanclas) de plástico. Llegados a la playa (blanca, claro) una potente lancha Zodiac llevó la imagen de la Virgen a un viejo velero de pesca, remozado para la ocasión. Ocupó lugar preferente en la proa. Todos la vimos, Reina de los Mares, profusamente adornada con las más bellas flores tropicales y el aún más bello amor de los acompañantes y espectadores atónitos.
Ayudado por motores ocultos, el velero, no por casualidad Estrella de los mares, inició el recorrido que marca la rosa náutica (rosa de los vientos). Escoltaban al velero motorizado multitud de embarcaciones de todo tipo: de pesca, de recreo, deportivas, de remos… Junto al ronco sonido de las sirenas, sobresalían los vítores humanos. El asombro y la emoción del momento, estalló en aplausos, cuando completado el recorrido de los cuatro puntos cardinales, el Estrella de los Mares se aproximó cuanto pudo a la playa repleta de “almas”. Reembarcada de nuevo en la Zodiac para transportar a la Señora a tierra, se produjo el acontecimiento esperado: don Sixto en un lanzamiento perfecto desde la proa, se zambulló en el agua, para ser uno más de los porteadores ya en ella. Sonó, potente, el himno nacional que pese al esfuerzo a pleno pulmón de los músicos, apenas sobrevivió a los encendidos aplausos de la multitud enfervorizada. Con el pueblo entero y forasteros tras las andas, la familia numerosa, también acompañó a la Virgen hasta su lugar en el Templo. Estrella de los Mares, Reina, nos sonrió agradecida. Mis nietos peninsulares, despertaron de un sueño. Como despedida, todos rezamos la Salve.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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