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Lancelot 2010. Baño relajante

Permalink 31.10.10 @ 07:30:54. Archivado en Artículos

Por Carlos de Bustamante

(Pots on the terrace. Acuarela de John Yardley en el libro “Watercolour Impressionists” de Ron Ranson)(*)

Lunes 12 de julio. De forma infantil -o no-, pero intensa, no sirvió el descanso de la noche para restablecer lo alterado en el interior de cada uno. Como el amor, la relajación y el sosiego no es sólo cuestión de sentimientos, sino también, y en gran parte, de voluntad. Los sucesos relatados sobre el campeonato mundial de fútbol que ganaron los nuestros, hizo mella en el interior de cada uno de los que vibramos con el acontecimiento. Si a ello unimos el calor agobiante que de alerta amarilla pasó a naranja, no holandesa, que de eso ya nada, todos entendimos que aún a hora muy temprana, era preciso vencer la pereza (voluntad) y probar si el agua sería capaz de la habitual relajación canaria.

La abuela, mi mujer, emprendió de madrugada el habitual paseo a orillas del mar. Paseo de singular belleza y que aún entre dos luces estaba, nos dijo, de lo más concurrido. Buen sistema, aunque incompleto, de amortiguar el “resacón” futbolero. Me despertó a la vuelta.

-¿Te vienes a la piscina?, me dijo con la sonrisa puesta y aún con el sello en el rostro del “footing” mañanero.

-Voy enseguida, le dije no muy convencido. Me puse el traje de baño y salí al exterior. Bofetada de calor. La mi esposa ya en el agua.

-¿Está fría?, le pregunté por demorar algo la impresión del baño a hora tan temprana. Miró el termómetro que flota en el agua.

-¡Veintiocho grados y medio!.- ¡Vamos hombre! No me hice de rogar. Con la técnica aprendida para la inmersión, a las ocho de la mañana canaria, un matrimonio muy veterano- me cuesta expresar anciano- nadaba en un mar no precisamente proceloso, sino de relajante agua tibia. De lo más agradable. Mar en calma. Chicha.

En procesión silenciosa, del bunker nocturno salieron los demás inquilinos.

No eran aún las nueve da la mañana con calima, cuando el agua milagrosa obró el prodigio. En tiempo record, niños y mayores, todos relajados. Incluso “el pulpo” Paúl-nieto desplegó los tentáculos e introdujo la alegría en la mar chica, arbolada por el personal.

A duras penas y con el trabajo añadido de sortear obstáculos humanos, “me hice” con relativa facilidad diez vueltas: veinte largos.

El desayuno en la umbría de la terraza fue gozoso, tranquilo, relajado. Abiertas las compuertas acristaladas para protección de alisios excesivos-hoy del todo necesarios -, sólo las banderas de España parecían, porque lo estaban, agitadas. Javier, nieto canario, seguía “midiendo” una y otra vez la piscina, ahora también en calma.

-¡Vamos a desayunar Javier, que se te va a calentar el colacao!, le llamó su madre, la mi Nacuca.

-Es que mami, aún me falta una vuelta para superar al abuelo, le contestó con los ojos tras las gafas de buceo fijos en mí.

Más tonto que “picio”, otra vez recogí el “guante”. El reto de competición estaba aceptado. Pronto comprobaría lo insensato de aceptar la prueba que, sin forzar, para el veterano averiado debería ser sólo de mantenimiento.

Martes 13 de julio. Flor de Jamaica. Rosa de Abisinia. Hibisco.

Les dije que volvería sobre el asunto. Ahora vuelvo. Breve comentario antes. Puede que el entrenamiento acuático que llevo, no sea tan fraccionado como mandan los cánones para todo deportista; y más si es ya entradito en años. O puede que las fracciones sean demasiado largas. Sea como fuere, ayer terminé cansado. Incluso puede que agotado. Un disparate. Terminaba el peso del día, pero no del calor. La calima impidió ver el sol durmiente. Sólo anochecía lentamente. Agotado de lanzar fuego abrasador sobre el vecino desierto, lo hizo -para variar…- sobre Lancelot. Seguimos en alerta naranja.

Hasta ahora no había reparado en ello: les dije que las campanillas rojas en el seto de hibiscos, eran de vida muy corta. Me equivoqué. Hoy he comprobado, que permanecen vivas en el rojo alegre, lo que dura la luz del día. Como la alegría en casa de los pobres. Como mi ánimo al contemplarlas a plena luz. Luego, se cerraban todas. ¿Muertas…? ¿Dormidas…? Mustias. Como a veces nuestro ánimo. Como la vida misma si los árboles nos impiden ver el bosque cuando lo desparramamos en demasiadas cosas.

Como los placeres, que apenas si comienzan ya se acaban. Dios, Señor, como la vida misma.

Sin color rojo vivo, las campanillas de hibisco se han cerrado. cansadas…Mustias. Agotadas o agostadas por el desmesurado calor. Flor de un día… Cena frugal y en tertulia luego hasta las tantas. Con la tranquilidad y sosiego canarios y como sin ganas, desfilamos cada cual a su dormitorio. Enseguida silencio. Poco tiempo y sin apenas conciliar el sueño por el calor bochornoso. Entre las tabillas de las contraventanas coloniales, se filtraba un amanecer espléndido ¡y fresquito! Ofrecimiento de obras optimista. Nada que ver con el amago de tristeza de la anterior anochecida.

-Ya tienes el desayuno en la terraza, interrumpió la voz amable cuando musitaba: “guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra”. Abrí media hoja de la doble puerta acristalada. Un chorro potente de luz me cegó un instante. Como con prisas, enseguida di buena cuenta del apetitoso desayuno: fruta canaria, achicoria con leche templada y una pizca de bizcocho recién salido del horno. Y las pastillitas… ¡a ver…! Pero no son estas nimiedades cotidianas el motivo del comentario anunciado. Me refiero a las flores de hibisco, flor de Jamaica o rosa de Abisinia, que de todas esas formas se la conoce. Amén del nombre científico: “hibiscens sadariffa”. Levanté la vista de la bandeja vacía, y como atraída por un imán, la posé en el seto. No me lo podía creer. Las flores de ayer, que me fijé bien, estaban rojas, frescas, lozanas como las nuevas; por decenas en el seto. Me acerqué. Allí estaban las que creí morían como el bochornoso atardecer del día. Abiertas en franca sonrisa. Me sonreían muy vivas. Volví a mi asiento. Surgió espontánea la oración en acción de gracias. Cambio de ocupación. Me llama el agua y me llaman desde la piscina.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm2.static.flickr.com/1341/5120894452_31dee62a48_b.jpg


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