Energúmenos
26.10.10 @ 07:45:16. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Voy para allá. Acuarela de Joan Puig Bertran en estudijoanpuig.blogspot.com)(*)
Ahora les llaman “antisistema”, como si fueran concienzudos intelectuales que, descontentos por el rumbo de nuestra sociedad, decidieran oponerse a los mecanismos del poder, pero son, sencillamente, una panda de impresentables vándalos. Porque mire usted, yo mismo estoy en desacuerdo con el deterioro de nuestros principios e incluso de nuestras prácticas democráticas, convertidas ya en caricatura de sí mismas, y de ello dan cumplida fe estas páginas del blog. Pero no por eso me dedico a quemar contenedores y a romper la luna de los escaparates.
La pregunta es, ¿de dónde procede esta violenta secta urbana? Pues como todas las demás, procede del vacío. Andan los comentaristas, y supongo que también los sociólogos y psicólogos, buscando explicación a la sinrazón de muchas de estas agrupaciones de tíos raros, y parecen encontrarlas en cuestiones diversas que acaban siempre culpabilizando a la sociedad. Pero la sociedad es una señora de rostro difuso y formas poco definidas. Quien tiene la culpa de estas cosas que ocurren es la gente, o sea, las personas como usted y como yo. Desde luego, unas más que otras, y hay casos en los que hasta podemos ponerlas nombre. Esto ocurre cuando disponen del poder de la prensa o del boletín oficial.
Digo que las nuevas sectas urbanas proceden del vacío, porque surgen de gente que de forma más o menos consciente busca sentido al día a día y no lo encuentran. Lo que esa gente encuentra es el vacío, lo que no es de extrañar en una sociedad a la que se ha convertido en apóstata de sus fundamentos religiosos. Luego, ante la desazón y el absurdo, ocupan este vacío con el odio. El odio a todo cuanto se mueve y que no sea precisamente otro más del grupo.
Como las cucarachas surgen por la noche y encuentran su camino por los lugares más sucios y tenebrosos, estos energúmenos llamados “antisistema” aparecen cada vez que una concentración de personas - sea por razón de trabajo o en aire de protesta o de celebración - les ofrece una muestra representativa de la sociedad a la que odian, al tiempo que les proporciona un posible marco de cobarde impunidad. Así ha sido cada vez que los representantes democráticos de países libres se han reunido para orientar el curso de los acontecimientos, o se ha desatado la euforia deportiva, o se ha congregado una multitud en defensa de un derecho o en la denuncia de un atropello. Muchos de ellos no se atreven a dar la cara o intentan confundirse con la masa. Su objetivo es mostrar su odio y su resentimiento, y el método para conseguirlo es destrozar cuanto encuentran por delante.
Habrá algún cursi o alguno de esos tontos útiles que hoy día proliferan por nuestros pagos que verán en ello una justificación sublime, como la que buscan también para los ocupas con ka, esa panda de desarrapados y espesos que encuentra su paraíso en la tierra en la mugre de los edificios abandonados y su más excelsa aportación al arte pintando retratos de un asesino múltiple como el Ché o escribiendo kas a porrillo en las paredes impolutas. En suma, demostrando que la estupidez humana no tiene límites y que la maldad no es un concepto retórico.
En su última fechoría importante aprovecharon el montaje de una huelga general, y la verdad es que la cosa resultó tal para cual. Una huelga paripé, o sea con su matiz de astracanada, coronada por la destrucción a mansalva a cargo de estos energúmenos que encuentran placer en la demolición y el incendio. Como detalle especial, la ausencia del viceconsejero de Interior de la llamada “Generalitat”, que en un trance de populismo con el que pretendía ganar puntos mostrando su imagen transgresora y disfrutar de paso, se fue de marcha - o sea, de manifestación “pancartera” - mientras la chusma quemaba coches y contenedores y rompía y desvalijaba escaparates,.
Todos son los mismos, claro está. En el fondo, tanto él viceconsejero como su jefe siempre fueron simpatizantes de los incendiarios. El ligero baño de normalidad que les pudiera venir por el cargo y la posición no puede ocultar su espíritu revolucionario de paladines del destrozo, porque lo que quisieran en realidad es cargarse el sistema que les alimenta y les llena la cartera. ¿Qué otra cosa son sino gente “antisistema” que pretende desmontar el Estado español? Así que huelen a quemado y les entra la emoción.
Yo me pregunto lo siguiente: Si esos animales de la gasolina, el mechero, la pedrada y el bate de béisbol la arman cada vez que se anuncia un acontecimiento multitudinario, ¿cómo no se preparan las fuerzas del orden para pararles los pies así salgan a la calle? No me digan que estas sectas de desalmados no son fáciles de infiltrar para conocer todos y cada uno de los detalles de sus planes. Porque planes tienen, y bien trazados. Si no, ¿cómo es que en un alto porcentaje son extranjeros que se desplazan de un lugar a otro, y por tanto han de sacar sus billetes de avión, o utilizar sus coches, y alojarse, sea en un hotel, sea en alguno de los cochambrosos tugurios de sus colegas españoles?
Y la pregunta clave, que por lo visto todavía no tienen muy clara nuestras autoridades: ¿quién financia a esta gentuza, y cuál es su objetivo? Porque lo que venimos presenciando últimamente es una auténtica guerrilla urbana - que en esta ocasión mantuvo en jaque durante horas a los mozos de escuadra - con su estrategia y su táctica, sus comunicaciones y, si me, aprietan, su logística. Algo en relación con lo cual habrá que tomar algunas decisiones serias. Sí señor; habrá que tomar algunas decisiones a pesar de que parezca que se trata de unos jóvenes (?) vándalos, muchos de ellos de apariencia risible – ya saben, sin peinarse y con el pendientito, los tatuajes y los “piercings”. Pero más fuera de escena nos parecían los terroristas islámicos, que se dirían extras de Hollywood con sus barbas, sus turbantes y sus alfanjes, y luego acabaron cargándose hasta las Torres Gemelas y originando un antes y un después.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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