Editado por

Bustamante, Arévalo y Pardo de S.Bustamante, Arévalo y Pardo de S.

Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Junio 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
    123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930 
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS



Los lunes, revista de prensa y red

Permalink 04.10.10 @ 07:25:38. Archivado en Artículos

“En defensa del Tribunal Supremo”, de Antonio Dorado y “Una historia de guerra", de Pérez Reverte

(Abrazo de dos ausentes. Òleo de Eduardo Naranjo, en artespain.com)(*)

EN DEFENSA DEL TRIBUNAL SUPREMO

Artículo de Antonio Dorado Picón, vocal del Consejo General del Poder Judicial, publicado en ABC el pasado día 21 de septiembre

Hoy, en el Salón del Plenos del Tribunal Supremo tendrá lugar una vez más el solemne acto de apertura del Año Judicial, que se celebrará bajo la presidencia de Su Majestad el Rey, manteniendo así una tradición más que centenaria de comenzar de esta manera simbólica el curso judicial y precisamente en la sede de un tribunal que dentro de dos años cumplirá sus dos siglos de existencia.

Fue en la Villa de la Real Isla de León (hoy San Fernando) y bajo la amenaza del ejército napoleónico, donde tuvo lugar un hecho enormemente trascendente para la historia de nuestra Nación: la constitución de las Cortes Generales y Extraordinarias, que dos años más tarde, ya en la ciudad de Cádiz, alumbraron la primera Constitución española, la de 19 de marzo de 1812, primer espejo en el que se reflejó la voluntad española de vivir en libertad frente al absolutismo del Antiguo Régimen y en la que, rompiendo con nuestra tradición histórica de Administración de Justicia basada en los antiguos Consejos territoriales, se declaró que habría en la Corte un tribunal que se llamaría «Supremo Tribunal de Justicia», proclamando así enfáticamente en su propia denominación la supremacía que este Tribunal estaba llamado a tener en nuestro país y que la Constitución española de 1978, heredera de esta tradición, también ha querido mantener en su artículo 123 al señalar que el Tribunal Supremo, con jurisdicción en toda España, es el órgano jurisdiccional superior en todos los órdenes, salvo lo dispuesto en materia de garantías constitucionales. Mandato constitucional y tradición histórica de los que se desprende que la principal misión a la que está llamado el Alto Tribunal no es otra que la de mantener la unidad del Poder Judicial y del sistema jurídico al que sirve, evitando los particularismos, las desigualdades en la interpretación y aplicación de la ley y en definitiva la arbitrariedad.

Sin embargo, desde el propio nacimiento de la Constitución española de 1978 se han ido produciendo acontecimientos que emborronan ese diseño constitucional y la tradicional posición del Tribunal Supremo en la Justicia española.

De todos es conocido el larvado enfrentamiento entre el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo por el reconocimiento de una posición de preeminencia jurisdiccional, enfrentamiento que se ha gestado en decisiones invasoras de la jurisdicción constitucional en ámbitos reservados a la jurisdicción ordinaria y que llevó a decir en artículo periodístico a quien había sido durante largos años magistrado del Tribunal Constitucional que «en España solo hay un Tribunal Supremo y no se llama así».

También la incorporación de España a las Comunidades Europeas ha contribuido en cierto modo a desdibujar el papel estelar reservado al Tribunal Supremo. El derecho comunitario se integra en el ordenamiento jurídico interno de cada Estado miembro y los tribunales nacionales deben aplicarlo con respeto a su posición de supremacía en relación con el derecho del Estado, pero no es al Tribunal Supremo al que le corresponde la última palabra cuando se trata de su interpretación sino que esa ingente tarea está reservada al Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas, cuya jurisprudencia debe ser respetada por todos, incluidas las Cortes Supremas de los Estados miembros, imponiéndose así un nuevo límite a la posición de supremacía de nuestro Tribunal Supremo.

No son, sin embargo, estas anotaciones las que alumbran el título de este artículo ni las que justifican que salga a la palestra pública a romper mi modesta lanza en su defensa, ni siquiera las recientes y soeces descalificaciones de las que ha sido objeto desde ámbitos periodísticos y políticos a cuenta de los procesos seguidos contra un significado juez, sino la reciente manifestación, por boca del ministro de Justicia, de la voluntad del Ejecutivo de modificar las competencias del Tribunal Supremo en materia de recurso de casación.

Esta reforma, aparentemente inocente, no pretende otra cosa que dar satisfacción a determinadas pretensiones nacionalistas, frustradas recientemente por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. No es este, desde luego, el primer intento en esa dirección. En la anterior legislatura ya se presentó un anteproyecto con esa finalidad y hace apenas unos meses el Ministerio de Justicia presentó un informe denominado de «Demarcación y Planta» en el que, en el último de sus apartados y pasando en cierto modo desapercibido, se hablaba ya de la necesidad imperiosa de reformar el ámbito de la función jurisdiccional del Tribunal Supremo para que la concentración y agotamiento de los asuntos en los Tribunales Superiores de Justicia pudiera ser completo. No hace falta añadir más para poner de manifiesto que la voluntad de desapoderamiento del Tribunal Supremo por parte de este Gobierno es evidente.

Como suele ocurrir en estos casos, el designio político viene adornado de razones técnicas y organizativas. Las técnicas consisten en una supuesta mejora del diseño legal del recurso de casación, que, como es sabido, constituye la competencia central de cualquiera de los Tribunales Supremos de nuestra tradición jurídica. Las organizativas, cómo no, consisten en reducir la carga de trabajo del Alto Tribunal, simpático señuelo que hace atractiva cualquier reforma en materia de Administración de Justicia.

Ninguna de estas razones se sostiene. La finalidad del recurso de casación no sólo se explica en la necesidad de proclamar formalmente la doctrina correcta en la aplicación de la ley en todo el ámbito estatal, sino también en garantizar de forma efectiva la doctrina legal en los casos concretos de mayor relevancia. Si no fuera así el Tribunal Supremo ni sería un tribunal ni tendría más supremacía que la de su propio nombre. Por su parte, las razones organizativas invocadas no se ajustan a la realidad de hoy de nuestro Alto Tribunal. La extraordinaria labor realizada por su Gabinete Técnico durante los últimos años bajo la dirección de los presidentes de Sala y la laboriosidad de sus Magistrados ha permitido reducir la pendencia de asuntos a menos de la mitad de los existentes en el año 2000 y hoy, con alguna excepción, puede afirmarse que constituye un ejemplo de celeridad comparado con las Cortes Supremas de otros países.

La Constitución de 1978 fue consciente del papel capital que correspondía al Tribunal Supremo en el nuevo sistema judicial, como paradigma de la Administración de Justicia en su conjunto, por lo que su desapoderamiento solo puede conducir a la pérdida de la garantía de unidad de acción de un Poder Judicial que se ha convertido en los últimos años en uno de los escasos elementos de vertebración nacional que nos quedan.
Si las Cortes de Cádiz alumbraron una España de libertad y con ella el Tribunal Supremo, que no sean las Cortes de hoy las que minen la preeminencia de un Tribunal que resulta imprescindible para el mantenimiento del Estado de Derecho y de los valores de justicia e igualdad en que se asienta.

UNA HISTORIA DE GUERRA

Artículo de Arturo Pérez Reverte, publicado en XLSemanal el pasado día 12 de septiembre

Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.

Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días.

Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho.

Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán. Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla.

Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar.

Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar. Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos.

Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.

A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia.

Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera.

Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.

---
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm5.static.flickr.com/4105/5035754592_ca24095925.jpg


Bookmark and Share

Comentarios:
Lo habíamos recibido por varias vías distintas, ha tenido mucha difusión y repercusión.
Enlace permanente Comentario por José María Arévalo Riera [Blogger] 10.10.10 @ 15:32
Magnífico y conmovedor artículo de Pérez Reverte. La Legión se merece el respeto y la gratitud de todos los españoles... de bien. Enhorabuena por la sensibilidad del editor para colgar textos como éste. Un saludo.
Enlace permanente Comentario por aianoigel 05.10.10 @ 17:28

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Los comentarios para este post están cerrados.

Blogs
Punto de vista

Punto de vista

El ministro argentino Julio de Vido “supone”

Vicente Torres

Un país a la deriva

Un país a la deriva

Rajoy, un optimismo injustificado.

Vicente A. C. M.

E-Learning

E-Learning

La regeneración de la decencia se impone en la política

José Lozano Galera

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Madonna contra Marine Le Pen o los amores y los odios judíos

Juan Fernandez Krohn

Hermosillo

Hermosillo

Hoy: Narcomanta Vs. El Jefe Lazca y, CJNG Vs. Templarios

Efrén Mayorga

Crónicas Bárbaras

Crónicas Bárbaras

Políticos parásitos

Manuel Molares do Val

Humanismo sin credos

Humanismo sin credos

Creer es más fácil que pensar.

Asoc. Humanismo sin Credos

El buen vivir de Juan Luis Recio

El buen vivir de Juan Luis Recio

Red Bull Special Editions

Juan Luis Recio

Voto en Blanco

Voto en Blanco

Abuso de poder en España

Francisco Rubiales

Cajón de sastre

Cajón de sastre

Sin pelos en la lengua catalana.

Rufino Soriano Tena

El Blog de Otramotro

El Blog de Otramotro

Todo se ha banalizado

Ángel Sáez García

Esto es lo que hay

Esto es lo que hay

El Método Guardiola en la Pompeu Fabra

Miguel Ángel Violán

A Ras de Cielo

A Ras de Cielo

Números arábigos

Saúl Blanco Lanza

Opinión

Opinión

Entre Andorra y Gibraltar - Que intervengan la economía si nos libramos de los políticos.

Opinión

Protestantes

Protestantes

Foro Europeo de Libertad Religiosa: preocupa trato de España a los evangélicos

Pedro Tarquis

Secularizados, mística y obispos

Secularizados, mística y obispos

Una involución en aumento

Josemari Lorenzo Amelibia

Corrupción global

Corrupción global

895 El atraco perpetrado por ZP con el oro de España no es sino un suma y sigue, la tercera etapa del oro de Moscú. La sucia "historia" socialista no para de repetirse. La verdadera causa y origen de nuestra miseria, paro, prima de riesgo y déficit.

Luis Llopis Herbas

Bokabulario de Fernández Barbadillo

Bokabulario de Fernández Barbadillo

¡80.000 sociedades domiciliadas en Gibraltar!

Pedro Fernández Barbadillo

Gastronomía Navarra

Gastronomía Navarra

Pochas con codornices

Mª Rosario Aldaz Donamaría

Entre el Cielo y la Tierra

Entre el Cielo y la Tierra

¿POR QUÉ TIENEN HAMBRE?

Francisco Baena Calvo

Haz de PD tu página de inicio | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias