Lancelot 2010. Cambiar de ocupación
29.09.10 @ 07:26:10. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Poliedro. Jugadores de baloncesto transformándose en ángeles. 1972. Óleo de Salvador Dali, en pintura.aut.org. 37.5 x 39.5)(*)
Nada de ocio. Lo he dicho hace no muchos días, que no es bueno “Matar las horas”. En la isla de Lancelot, agradable cambio de ocupación: en el amplio espacio entre la terraza y la piscina en la casa de nuestros hijos, han instalado una canasta (cesta) reglamentaria de basket (baloncesto). Como deportista de oficio… también jugué “al” idem. Por primera vez desde hace un mil doscientos años, toqué balón. Nostalgia y sensación agradable al cogerlo con una sola mano. Mi nieto alucinaba…
-¿Todavía sabes, abuelo? .
Psss… Ni yo me lo creía. Medí con la vista la distancia, levanté el balón, lancé a cesta, y…
-¡Canasta, abuelo! –exclamaron con júbilo Javier-canario-y Pablo de Pucela que se vino de vacaciones con nosotros . Una gozada: ¡puedo! Después de varios ensayos con mejor o peor fortuna, propuse competición. Enseguida Pablo –buen jugador “junior” en el colegio- anotó en una pizarra los nombres de padres, abuelos y nietos. Y comenzamos… Premio al primero en conseguir diez canastas: cerveza para los mayores o chuches a los niños. Pagano (de mentirijillas, según quién) el último. Fenomenal aliciente.
A distancia de “personales” y seguro que por los nervios, fallamos todos el primer lanzamiento. En la segunda ronda, el último por sorteo, estrené el casillero. Sonrisa. Mosqueo los pequeños. En la siguiente, puntuaron todos. Falló el abuelo. El marcador, muy variable, no me dejaba en buen lugar. Tampoco el último. Quedaba mucha competición y le iba cogiendo el aire al deporte casi olvidado. Casi.
-¡Canasta limpia abuelo! – exclamó el nieto canario. Sonrisa. Gano puestos. Cerca del primero. Todos acalorados. Mala idea esto de la competición. Penúltimo lanzamiento: ¡canasta! Empatado con el primero. Último tiro. El definitivo. Aliado el viento con los competidores, se cabrea y sopla fuerte. Refrescante pero fuerte. Boto el balón varias veces. Más mal que bien, encaro el aro. Reafirmo los pies y sale el balón en derechura a su objetivo. Una racha de viento inoportuno desvía la trayectoria. Bota una vez en el aro, y otra. Balón arriba y… cae ¡fuera!
-¡¡Bieenn…!! Tiran los demás y quedo segundo. Pagué, claro, el premio. Aunque contento, con remusguillo dentro. Mañana, si Dios es servido, desquite.
Cambio de ocupación: “patos al agua” primero. Lectura luego los abuelos. Silencio. Deberes los nietos. Elíptica y bicicleta los hijos. Todos activos.
Según costumbre de la casa los sábados, aperitivo con cerveza gratis, claro. No todos. Refrescos los niños y malvasía el abuelo. Saboreé con fruición el vino blanco. Caldo que procede de uvas blancas. Uvas maduradas en cepas añejas dentro de pequeños fortines contra el viento en la falda del volcán Timanfaya. Delicia para el paladar más refinado. Exquisito. Esencias de Lanzarote. Frescor que recorre chispeante el cuerpo y alegra el corazón, que tal vez no precise de tantas alegrías…La conversación, con semejantes ingredientes, se hizo fluida, animosa. Protegida la terraza por cristalera enmarcada en pino canario, nuevo y grato cambio de ocupación. Menos la abuela que se empeñó en dar el toque personal a las viandas, ¡todos otra vez al agua! Tampoco pude resistir las irisaciones del espejo que se nos ofrecía a tan solo unos metros de la terraza. Me introduje en la piscina “como Pedro por su casa“. Aumenté un largo. Cambio de ocupación. Entre todos pusieron la mesa. A continuación di la voz: ¡han tocado fagina! Por intuición-que de entender, nada-, se acercaron a la mesa en la penumbra de la bendita terraza. Suave frescor con la brisa justa. Comida canaria. Deliciosa. Y sobremesa.
-¡Juega Nadal! Cambio nuevamente de ocupación.
-¡¡Vamos Rafa!! Y ganó, claro. Cayó el gran Murray. A cada “mate”, respondía Rafa con otro, mortal de necesidad. Número uno del mundo. Ahí es nada.
Reposo luego absoluto en la casa. Sólo el agua seguía dando muestras de vida y aunque sin ruido, no paraba de lanzar destellos transparentes con suaves ondulaciones por la también suave brisa, alisio canario refrescante. Luego marcharon todos. Quedé solo en la terraza. No inactivo; que pasó por mi mente como una película de bellezas naturales. El boli se puso en movimiento. Si Dios es servido, se lo contaré mañana.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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