De peatones y semáforos
28.09.10 @ 07:27:05. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Esperando el autobús en Ferrari. Acuarela de José María Arévalo. 37x54)(*)
La semana pasada, como comentábamos, la actualidad giraba sobre la polémica en torno al toro de la Vega de Tordesillas, fomentada por una minoría contra lo que consideran maltrato a los animales. Algo parecido tenemos con la que estamos viviendo estos días, la defensa de los peatones acosados por los vehículos, en nuestro complicado tráfico urbano. Ninguna de las dos campañas tienen mucho futuro. Eso sí, al menos sirven para tomar conciencia de que hay que mejorar las relaciones de los distintos colectivos implicados. La celebración de la Semana Europea de la Movilidad, y, dentro de ella, del día sin coches, además de complicarnos el tráfico, ha sido ocasión de algunas quejas de asociaciones de vecinos y otras, que consideran que el Ayuntamiento vallisoletano cada vez da menos importancia a estas campañas y han planteado actividades alternativas. Nuestro alcalde, que ve cómo año tras año el seguimiento es minoritario, ha declarado, prudentemente creo yo, que antes que «prohibir» el uso del coche privado por el centro, prefiere «invitar» a los ciudadanos a no usarlo en estas fechas. Lo cierto es que cada vez que se cierra el centro, por estos motivos o por otros –vueltas ciclistas, carreras a pié, manifestaciones o simplemente obras municipales- se prepara un caos circulatorio de mucho cuidado.
Así que, como en el caso de la polémica taurina, parece que lo que hay que buscar es atenuar la crueldad con animales y peatones, con soluciones alternativas. En los años setenta me contaba un amigo arquitecto lo maravillado que venía de un periplo por Finlandia, en el que una ciudad había cerrado el casco urbano a base de montar aceras mecánicas por sus calles y aparcamientos subterráneos para dejar el coche y acceder a ellas. Hoy ya no es tanta novedad, aparcamientos, escaleras y aceras mecánicas hay por todas partes, sobre todo los primeros, lo que falta es comunicarlo todo para hacer viable que recorramos la ciudad a pié. Sustituir el uso de los vehículos particulares por el de autobuses y bicicletas, que es la opción que se defiende ahora, me parece una meta fracasada ya, como puede verse estos días, hacen falta otras alternativas.
Esa sensación de agobio en el tráfico urbano que tenemos tanto conductores como peatones, creo también se aliviaría si se consiguiera una circulación de vehículos más fluida en las rondas y grandes avenidas por las que se accede al “centro ciudad” en sentido amplio. Así nos convenceríamos de que puede ampliarse muchísimo más la peatonalización del centro, que actualmente ha llegado a sus límites razonables. Que no vale la pena usar el coche por el centro.
A esta conclusión llegaba yo, cuando, a mi vuelta de vacaciones, me he encontrado con la sorpresa de una avenida recién transformada que he podido recorrer de una vez, sin que los semáforos se me pusieran en rojo, a una velocidad muy moderada. Se trata de la vallisoletana Avenida de Salamanca, paralela al Paseo de Zorrilla pero al otro lado del río. Dos arterias fundamentales de la ciudad para acceder al centro, con buena comunicación hasta ellas desde las rondas que la circunvalan –dos actualmente, y ya en construcción la tercera; vamos como en los madriles estamos-. La avenida de Salamanca ha estado en obras yo creo que más de dos años, pero ha valido la pena.
El remate de la avenida de Salamanca se ha realizado este verano con la conclusión del túnel bajo el cruce con García Morato, obra esta que ha suscitado algún debate sobre su necesidad. Un gran acierto para mi gusto. Quizá el alcalde ha querido demostrar la bondad del nuevo túnel, y ha ordenado ajustar bien los semáforos para que se pueda circular por esta avenida con facilidad. Lo cierto es que al menos desde la plaza del Tirachinas – en el Paseo Zorrilla, junto a Vallsur- y a través del faraónico Puente del Arpa (así llamado vulgarmente por su parecido con el famoso sevillano), que permite empalmar la Ronda sur con la Autovía de Castilla, he podido llegar en varias ocasiones, por la Avenida de Salamanca, hasta el barrio de la Victoria, con todos los semáforos en verde. Increíble. A la velocidad exigida, con dos radares que te controlan en este trayecto. Vamos que me he recorrido Valladolid de punta a punta en tres minutos.
Ya no vuelvo nunca por el Paseo Zorrilla, que tiene siete u ocho semáforos y siempre caes en alguno. Sobre todo en los de García Morato y el Corte Inglés. Tanto es así que hemos comentado los compañeros que a lo mejor El Corte Inglés le pagaba algo al Ayuntamiento por conseguir que todos paremos a sus puertas.
Lo que me llena de asombro es que en la Avenida de Salamanca, en sentido contrario, de La Victoria a la Ronda Sur, siempre se cae en uno o dos semáforos, sobre todo el del Punte Colgante, no entiendo por qué. De todas formas estos los últimos días ya se me ha puesto en rojo el semáforo del que lleva al de la División Azul. A lo mejor esa facilidad de recorrer entera la avenida de Salamanca, con todos los semáforos en verde si se respetaba la velocidad permitida, ha sido nada más una demostración, para justificar los dos años de obras que nos han traído mártires.
Está claro que se puede. ¿Se imaginan ustedes recorrer el Paseo Zorrilla y la Avenida de Salamanca, despacito, sin ningún semáforo que te haga parar? Se nos quitarían las ganas de meternos por el centro, seguro. Y pediríamos la peatonalización total. Una maravilla. Así que no más autobuses y bicis, mejores semáforos, que es mucho más barato. Vamos, creo yo.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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