Estrés bancario
26.09.10 @ 07:20:48. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

( The oval mirror. Acuarela de John Yardley en en el libro “Watercolour Impressionists” de Ron Ranson)(*)
Pues ahora resulta que también pueden tener estrés los bancos. Sí, los bancos; pobrecitos ellos, que nos sacaron las entretelas con sus comisiones, y luego se nos mostraron tan magnánimos que se jactaron de haberlas suprimido. Ellos, que nos cobran dos euros y un buen pico por sacar nuestro propio dinero de los cajeros automáticos si éstos no son de su jurisdicción. Ellos, que no facilitan un crédito así los maten pese a que les hemos perdonado sus muchas faltas y, en vez de regañarlos, les inyectamos en vena no sé cuantos miles de millones de euros para salir del paso porque ni siquiera sabían cómo hacerlo solos…
Ahora nos dicen que, a pesar de todo, los pobres podrían estresarse. E imagino que si los bancos se estresan, más se estresarán los banqueros, que al fin y al cabo son de carne y hueso aunque no lo parezcan ni por el forro.
Y no porque se haya terminado el veraneo y les venga la inevitable depresión. Ellos no son como la gente vulgar, que aprovecha las vacaciones para ligar y se queda literalmente extenuada. Este estrés tiene otras causas que yo comprendo. Por ejemplo, tener que seguir la Bolsa diariamente. A mí, desde luego, esto me haría acumular un estrés insoportable: tanto me cuesta entender esa mezcla del vil metal, tan apegado a la realidad, y la psicología, tan etérea ella. Como me marea el verla bajar y me estremecen los signos de pavor que les provoca.
Yo supongo el terror que debe inspirar a los banqueros la España de hoy, o sea, este folletín del sobresalto donde no se sabe si hay crisis o no y hoy nos dirán una cosa contraria a la de ayer. Y digo que no me extrañaría que los banqueros se estresaran aún más que los bancos, porque, además de tener que seguir día a día el galimatías de la Bolsa, que parece expresamente inventada para que no se entienda, tienen que exprimirse las meninges para ver cómo se gastan el dinero de los demás, o sea, precisamente el nuestro, de tal forma que les dé más de lo que tienen, que es mucho, y así repartir los beneficios de forma que a ellos les quede para vivir como señores y, encima, blindarse; enorme sacrificio que debiera ser mayoritariamente reconocido.
A mí, que no tengo un duro y aun así debo dar gracias a Dios, lo del blindaje me suena a algo parecido a lo del burka, tenga o no tenga rejilla incorporada. La sola idea de ir blindado me agobia, y lo reconozco. Por eso me llevé una sorpresa cuando conocí a un banquero del que hasta habían hablado los periódicos porque su blindaje superaba ampliamente al de cualquier acorazado, y vi que era un señor como tú y como yo más o menos. Desde luego él sobrellevaba todo esto con cierta alegría, incluso.
Para terminar, y en previsión de que alguien pueda malinterpretarme, aclararé que, como invento, lo del blindaje me parece sensacional. Sobre todo para uno mismo, y recalco esto porque supongo que no lo será tanto para los demás si tenemos en cuenta que de algún bolsillo tendrá que salir la financiación y que ese bolsillo será el mío propio. Aunque en un ínfimo porcentaje del total, naturalmente.
Y como creo firmemente en la virtud de la caridad, o sea, en que uno debe preocuparse por el prójimo en la misma medida en que se preocupa por sí mismo, acabaré confesándoles a ustedes que estoy que no vivo pensando en estos pobres banqueros nuestros, que han de sufrir el blindaje y, encima, tienen a sus bancos con el temido estrés. Vamos, que me siento fraternalmente solidario de los Hermanos Lehman y del pobre señor Madoff, que tan mal lo está pasando.
Ahora sólo deseo que unos y otros, y todos los demás - como sufrientes ciudadanos que son al no poder echar una mano a los autónomos y los pequeños empresarios, ni sacar del hoyo a los mileuristas o a los cerca de cinco millones de parados - se blinden bien blindados para evitar tener que ir a parar ellos mismos a la cola de la larga cola del INEM, tan molesta por lo mucho que obliga a madrugar a la gente de bien.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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