Gags
19.09.10 @ 07:27:35. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(En la playa. Acuarela de José Antonio Molina Sánchez, en la exposición “100 años, 100 artistas” de Caja Círculo, Burgos, Octubre 2009. 30x21)(*)
Buscaba el otro día entretenimiento en la televisión cuando fui a parar a una emisora digital que transmitía una antigua película musical. Enseguida caí en la cuenta de que se trataba de lo que los expertos llaman un “remake”. La película, en color, sería una nueva versión de otra en blanco y negro que me cautivó en su día. Ésta se titulaba “Ball of Fire” (1941) y estaba protagonizada nada menos que por Barbara Stanwyck y Gary Cooper. La paz de un grupo de simpáticos profesores encerrados en una residencia para escribir una gran enciclopedia se veía perturbada por la irrupción de una explosiva mujer que huía de la persecución.
En la versión de 1948, titulada “A song is born”, la comedia se transmuta en musical. En ella los sesudos profesores son estudiosos de la música, y el protagonista, Danny Kaye, otro atractivo tímido como Gary. Y si éste bordaba su papel de analista del “slang” neoyorquino, el judío pelirrojo no le va a la zaga en su ficción de estudioso de los nuevos ritmos populares que él descubrirá con asombro.
Como tantas veces sucede, los expertos en teoría acaban por aislarse de otra cosa que no sean los libros y las partituras, y de ahí el interés de los profesores por las respectivas protagonistas, ambas atractivas cantantes de cabaret caracterizadas por su desparpajo y su capacidad para dominar a los hombres, y ambas perseguidas a la sazón por su “amistad” con sendos gangsters que las maltratan a la vez que las colman de lujos y carísimos regalos.
Las dos versiones, dirigidas por el mismo Howard Haks, tienen a Billy Wilder como uno de sus guionistas, y esto se nota en el humor y la ternura que sus personajes transmiten. En realidad, tanto Virginia Mayo y su grupo de profesores, como Bárbara Stanwyck y sus músicos, recuerdan a Blancanieves y los siete enanitos, cuya influencia es evidente en la relación que se establece entre los personajes.
Si usted no ha visto ninguna de las dos películas, imaginará al menos el manantial de situaciones entre cómicas y tiernas que pueden derivarse de la situación planteada en una y otra, porque conviene decir que los profesores son en ambos casos hombres sin la menor experiencia de trato con el sexo opuesto.
Mas no me extenderé en disquisiciones sino para señalar un momento en que se mezclan el humor y la emoción, como es frecuente en la comedia norteamericana, y para referirme a algunos gags que me parecen inconmensurables. El momento se inscribe en una escena en la que los profesores se hallan solos. Han sufrido un accidente de automóvil y están esperando que les avisen del taller. Es de noche. Entre tantos solterones sólo uno tiene cierto grado de experiencia con las mujeres, puesto que estuvo casado. Les habla con ternura de su esposa, también compositora, y de la felicidad con que vivieron su viaje de novios. Según les dice, volvieron con un opus de no sé qué y una apertura para piano y orquesta (o algo así, que no recuerdo exactamente). Y les recuerda con nostalgia una bella y melodiosa canción de la época. Entonces todos la cantan a varias voces, lentamente, hasta que él no resiste la emoción y desaparece. Pero ellos continúan, y la canción seguirá en el aire hasta los últimos acordes.
Decía yo que la película contiene algunos gags de inconmensurable eficacia. Así una de las escenas iniciales, cuando el tímido profesor representado por Danny Kaye (el que también fuera protagonista de “La vida secreta de Walter Mitty”) intenta interpretar un baile africano y para ello encuentra la entusiasta colaboración de la presidenta de la Fundación. El contraste entre el aspecto de esta señora con pinta de lo que es y las posturas que ha de poner y los chillidos que ha de emitir, resulta sencillamente desternillante.
Conviene saber que el elenco de músicos que tiene la película de 1948 representa la flor y nata de la época. Desde luego, sus ritmos poco tienen que ver con los de los autores por los que hasta ese momento se venía interesando el grupo de estudiosos, todos ellos gente seria y, con excepción del protagonista, talluditos. Su descubrimiento de los nuevos estilos y de su capacidad de emoción se produce a través de escenas verdaderamente impresionantes, donde los cambios se suceden manteniendo siempre un alto nivel de intensidad. Ahí están Benny Goodman, Tommy Dorsey, Lionel Hampton, Charlie Barnet, The Golden Gate Quartet y hasta el mismísimo Louis Amstrong con su inseparable pañuelo. Todos, como puede verse, grandes, espléndidos creadores e intérpretes. Todos haciendo el papel de sí mismos. Que yo sepa sólo uno se sale de esta regla: un limpiacristales de corta talla y aspecto más bien tosco que entra por la ventana y burla burlando acaba por improvisar al piano pequeñas obras de arte a partir de cuatro o cinco acordes de composiciones clásicas, o sea de Bach para arriba. Todo un hallazgo.
Tampoco es mala la secuencia en la que el grupo de sesudos profesores neutraliza al peligroso gangster amigo de la chica aprovechando, entre otros, el insistente ritmo de un conocido espiritual negro: “Josua Fit The Battle Of Jericho”, que recuerda el pasaje bíblico en que Josué y sus gentes derribaron las murallas de una ciudad al son de las trompetas.
Pero nada puede igualar el ingenio y el humor contenidos en lo que para mí es una auténtico hallazgo del cine de todos los tiempos: cuando para explicar lo que es una “jam session”, en la que, como es sabido, reina la más radical improvisación, la protagonista invita a los profesores a que partan de la única música que hasta ese momento conocen realmente, esto es, de la música clásica, dándoles, para que la acompañen con el canto, la letra contenida en unos trozos de periódico arrancados aleatoriamente. Como pueden ustedes imaginar, el resultado es hilarante.
Cine norteamericano del bueno. Danny Kay, Virginia Mayo, Howard Hawk y Billy Wilder, nada menos. Cine del que no necesita “efectos especiales”. Cine “del de antes”.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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