Mansedumbre y Respetos humanos
11.09.10 @ 07:27:21. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Coplero callejero. Óleo de José Gutiérrez Solana en pintura.aut.org. 80 x 64)(*)
Ambos conceptos que traigo hoy a colación, darían cada uno de por sí a artículos independientes. Conocida la tendencia a enrollarme, uno ambos en bien de la paciencia de los posibles lectores. Además, creo que ambos se complementan e interrelacionan.
De sobra sabe el lector lo que abarca y significa mansedumbre. Virtud más para practicar que para comentar. Pero imprescindible para vivir en sociedad. Nos lo están poniendo complicado. Cuantos “con calzador” hemos tenido la osadía de introducirnos en este medio que encima llaman virtual, hemos de soportar, yo al menos, los embates de noticias a cuál más alarmantes. Que si han hecho, que si han dicho o dejado de decir…
Cuando el temperamento es de por sí vehemente, apasionado, los cabreos (con perdón), son monumentales. No sabe uno ya a qué carta quedarse. ¿No estábamos viviendo en España con relativa calma? ¿No habíamos superado una tasa escandalosa de paro heredada de gobiernos desafortunados? ¿No practicaba cada uno sus creencias sin trabas, ni prohibiciones? Pues amigos, se “fastidió el patatal”… ¡todo “patas arriba!”. Peligra la unidad de España. Se nos indica a los cristianos el camino del valle de Josafat, como apestados o las sacristías. Hasta tal punto, que es preciso “sujetarse los machos”, para no caer en lo contrario a mansedumbre. Por si hubiera alguna duda, dicho queda en qué consiste, durante nuestros azarosos días, semejante virtud. Renuncio a poner más ejemplos causantes del antónimo, porque a poco que nos funcionen los órganos visuales y sensoriales, en mayor o menor grado, cada uno lo estamos viviendo.
Sin violencia, claro, deseamos paz, tranquilidad y buenos alimentos…Ni parecido con la pusilanimidad. Eso en cuanto a lo material, porque lo que concierne a creencias y vida interior o religiosa, mejor no “meneallo”. ¿O sí? Héteme aquí, que llegamos- ¿ven?- al segundo concepto.
Aunque éste es un tema ya tratado en nuestro blog, han variado tanto las circunstancias, que es casi como nuevo. Con rapidez sospechosa, me aventuro a asegurar, y no creo que me equivoque, que ahora hay, en España por lo menos, una maniobra perfectamente orquestada de crispación-provocación. Se producen continuos ataques provocativos a la Iglesia, a las familias, a la Magistratura, al Ejército. En mi artículo “Consignas para nuestros días”, denunciaba la otra vez puesta en escena, de lo que el precusor del socialismo Largo Caballero, dejó a sus corifeos como doctrina. Tomó el testigo Pablo Iglesias. Y tras casi un siglo de paz y sosiego, lo retomó un insensato so pretexto de progresismo.
No es momento de entrar al trapo de la provocación. Tampoco de otorgar con la callada por respuesta. Lo he dicho y repetiré hasta la saciedad. En absoluto es momento de escondernos en las catacumbas los provocados. Sin la crispación que desean, es hora de dar la cara ¡sin respetos humanos! Con recia mansedumbre, virtudes no contrarias. Hora es de que nos olvidemos del “qué dirán”. De tener y seguir criterios claros, fruto de una sólida formación, no superficial, poco firme. Del miedo o cobardía a llevarse un mal rato; a poner en peligro un cargo; al deseo, ruin, de no distinguirse de los demás; a destacar por no claudicar a infames doctrinas disimuladas con sucio barniz de progreso. Sin intemperancias, que tampoco es eso, contrarias al ejemplo amable, trataremos de vivir, si Dios es servido, una vida llena de convicciones firmes, profundas, cristianas si lo somos.
En las tertulias, en los foros, en los debates, en la literatura… es el momento de ¡no tener miedo! ¿Lo recuerdan? De no cerrar las puertas a Cristo, si se trata de aspectos doctrinales cristianos que profesamos la mayoría. De defender con honor y orgullo en todos los ambientes citados de la vida ordinaria, la nobleza de nuestra profesión y familia. Sin cerrilismos, pero sin respetos humanos cobardes. Sin cesiones ni concesiones en lo que no es opinable. Sin vergüenza a destacar en defensa de lo inmutable. Con heroísmo, si fuera preciso, en defensa del honor e independencia de la Patria. Sin claudicar en aberraciones como el aborto, el extravagante llamado “matrimonio entre homosexuales”... Con la certeza de que, aún con pérdidas económicas o de falso prestigio, nunca seremos tan respetables como cuando no cedemos por respetos humanos en la base de la honorabilidad y verdadera bonhomía.
Auténtica vergüenza y bochorno sin límites, escalar puestos por esos respetos humanos; tan diferentes a respetar al ser humano. Si la ignorancia es verdadero enemigo, hora es de formar familias respetables y respetadas, no caricaturas de ellas. Y de intervenir, ¡sin miedo!, para vigilar, muy de cerca, la formación de nuestros hijos o nietos, en escuelas, colegios o institutos. Sin respetos humanos a la hora de la oposición en la Asambleas de padres, por llamativa o “chocante” que resulte ante los demás nuestra postura. Con caridad y firmeza en cuestiones que corresponden a los progenitores. Vale la pena un pasajero sonrojo a arrastrar de por vida una culpabilidad sin atenuantes por respetos humanos deformados. Vale la pena un detenido examen sobre asunto de vital importancia para los nuestros y su futuro del que somos responsables.
En ciertos ambientes, sobre todo en los de la esfera intelectual, se aprecia y se palpa como una consigna de sectas, servida a veces hasta por católicos, que –con cínica perseverancia- mantiene y propaga la calumnia, para echar sombras sobre la Iglesia o sobre personas y entidades, contra la verdad y toda lógica. Sin respetos humanos, es la hora de permanecer en comunión con Ella, seguros de su doctrina, unidos a sus sacramentos, fieles a la jerarquía. Con tales criterios, nunca hemos de sentir como la necesidad de defendernos. Quienes pensaran así, “es que quizá no han descubierto el valor de las virtudes humanas y en cambio les sobra deformación espiritual y cobardía”.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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