Hechos diferenciales
05.09.10 @ 07:31:53. Archivado en Artículos
Por Javier pardo de Santayana

(Lugaritz. Acuarela de Enrique Ochotorena en picasaweb.google.es/eochotorena/)(*)
¿Tienen ustedes algún hecho diferencial a mano? Se lo pregunto porque si no lo tienen ya pueden procurárselo, puesto que así - siento mucho decírselo - no van ustedes a ninguna parte.
Si me permiten que les aconseje, les recomendaré que se busquen un buen idioma, y si no lo encuentran, lo inventen. Digo idioma, como pudiera decir lengua o, en último caso, dialecto o habla, que no entro en que sea una cosa o la otra. Desde luego, cuanto más distinto sea del de todos, mejor. Claro está que entre ellos los hay más o menos diferentes. Por ejemplo, el gallego está bien, pero no es de los mejores, porque se entiende demasiado y, sobre todo, porque tiene pocas kas. A mi me recuerda al portugués del Padre Maya, el párroco de Sâo Mamede en mis tiempos de Lisboa, que hablaba a la española la lengua de Camôens. Esto, que conste, no es hacer de menos a la bella lengua galaica, pero me reconocerán que el gallego no puede compararse, como hecho diferencial, con el vascuence, que ese sí que está lleno de kas.
Sabrán ustedes que en el País Vasco se han fabricado un país al que han llamado Euskadi porque así se lo inventó un buen señor, y un idioma al que han bautizado como batúa - que a ustedes les sonará a africano – como yo me inventé un país y su lengua cuando tenía doce años. Lo bueno que tiene esto de inventarse idiomas es que si uno quiere los puede llenar de kas o de lo que una quiera y le queda un hecho diferencial de primera.
Insisto en el tema de los idiomas porque, como ven, éstos dan mucho de sí. Yo he visto en Bilbao un letrero anunciador del Centro de Exposiciones en inglés - he aquí otra idea que recomiendo – en el que utilizan el signo final de exclamación de la manera siguiente:
Bilbao ! B
Exhibition ! E
Center ! C
Todo sea por el hecho diferencial…
Claro que hay cosas parecidas que vienen ya de más lejos, y por eso se pueden considerar hecho diferencial fetén del cual hasta se puede presumir una barbaridad, como ese punto que tiene el catalán en medio de la elle o doble ele, que me hace pegar un frenazo, no ya en medio de una frase o de una palabra, sino de una simple letra. O la ñ del castellano, nuestro hecho diferencial común, que no vamos a ser los únicos sin él.
Así el campo que se nos abre es inmenso y variadísimo. Por ejemplo, podemos cambiar las letras como hacían aquellos alemanes tan malos, que escribían todo en letra gótica, y hacer mayúsculas con tejadillo, que es lo que vemos en una de nuestras autonomías con más signos diferenciales.
Pero inventar resulta trabajoso sobre todo para algunos, así que lo más aconsejable es prohibir, que eso no cuesta nada. O sea, crear el hecho diferencial eliminando rasgos compartidos. Por ejemplo, podríamos marcarnos un buen hecho diferencial con Francia suprimiendo la petanca en base a que hay que curvar el lomo para lanzar la bola, lo cual resulta fatal para la salud. Fíjense ustedes lo poco que ha costado suprimir los Toros en Cataluña, que le hace a uno quedar como los propios ángeles por lo de la sangre, que es tan asquerosa. Así que, como ven, en esto no hay límites reconocidos. Y eso es libertad, que lo demás es tontería.
Hay, sobre todo, libertad para prohibir. Yo les digo una cosa: si ustedes me lo permiten: no se paren en barras. Prohíban lo que les venga en gana, que ya nadie se acuerda del Mayo francés. Prohíban, por ejemplo, escribir rótulos en el idioma que consideren molesto. Escribir en chino no importa, porque no hay cristiano que lo entienda, o sea que por ahí no va la cosa. Pero háganlo - repito – con el idioma que convenga quitar de en medio para resaltar el hecho diferencial. Luego, ya saben: aquí nunca pasa nada. Y si encuentran algún purista que les recuerda que al propio presidente del hecho diferencial anda a trompicones con la lengua y tiene profesor particular para mejorarla (o simplemente la desconoce) no les importe, que aquí la lógica es lo de menos. O mejor dicho, estorba, que uno de los hechos diferenciales consiste precisamente en que la lógica no exista.
Ustedes podrán buscar el hecho diferencial en cualquier cosa. Les daré unas pistas: pueden vestir, por ejemplo, a su policía con el traje regional o con lo que se les ocurra, que siempre encontrarán un antecedente curioso. Sobre todo – ahí no me fallen – aprovechen la ESO para novelar la Historia, ensanchar sus ríos y estrechar los ajenos, crear héroes y, sobre todo, ignorar a los demás. Y si no pueden ignorarlos o no consideran que eso sea bastante, denígrenlos y verán que hecho diferencial más majo tienen ustedes para presumir.
Pero en fin, lo verdaderamente importante de la cuestión es que, una vez creado el hecho diferencial, éste nos permitirá ponernos las botas. Ustedes ya me entienden. Ya saben los puestos de trabajo que da eso: puestos directivos, bien remunerados desde luego, con embajadas y todo. También podrán repartir subvenciones a destajo entre los amigos y crear con ellas más hechos diferenciales, porque todo esto tiene un gran futuro.
Así volveremos a la Europa de las fronteras. Entonces recordarán lo divertidas que eran aquellas guerras.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm5.static.flickr.com/4142/4875602997_be3335bf5a.jpg
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