Matar las horas
04.09.10 @ 07:35:22. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

( Mulas, mercado de Villalón. 1973. Óleo de Felix Cuadrado Lomas en valladolidwebmusical.net. 80 x 120)(*)
Hace ya más de diez años, en compañía de varios amigos amantes del campo y sus labores agrícolas actuales y pasadas, fundamos una asociación que denominamos “Aperos de Ayer”. Y a continuación emprendimos la ingente tarea de rescatar de almacenes, corrales y pajares, los viejos aperos usados por nuestros labradores de todas las épocas. No sin gran sacrificio por su parte, porque forman parte de la historia de cada vida labradora, nos donaron cientos de piezas con la promesa de su restauración, exposición y cuidado. La ilusión por el quehacer positivo, hizo que superase dificultades sin cuento. Apenas si reparé en mi evidente minusvalía. Ni en el cansancio. Ni en horas y horas de viaje de pueblo en pueblo. La ilusión por un trabajo en honor de mis amigos del campo, valió la pena:
Con la inestimable colaboración del Hermano Albino, director de la Escuela Agraria en el Monasterio de la Santa Espina de Valladolid, nuestra ilusión de jubilados se hizo, si bien precariamente, pronto realidad. Antiguas naves y dependencias de la antigua explotación agraria, se vieron repletas de los más diversos aperos. Llenos como nuestra ilusión. Viajes, trabajos, catalogación y posterior y progresiva restauración en talleres de aprendizaje, los dimos por bien empleados cuando previa y festiva inauguración, entraron los primeros visitantes. La admiración y animadas conversaciones en torno a sus viejas glorias, hicieron que olvidásemos trabajos, fatigas y sinsabores.
Los jóvenes contemplaban incrédulos las sencillas antiguallas a las que no daban crédito que fueran precursoras de los grandes monstruos que las sustituyeron con indudables y múltiples ventajas.
Los mayores, orgullosos de la semilla depositada en la tierra si no con el progreso, sí con el abundante sudor vertido. Nosotros, felices de mostrar lo que en valor material era, en su rudimentaria sencillez, “cero patatero”. Allí mostrábamos, orgullos, cero tras cero. Pero sin olvidar, que delante de tantos y nimios ceros, estaba la impresionante dignidad de quienes, sin descanso aún con cansancio, les dan el valor en cifras incomensurables. Las que son propias de la reciedumbre, dignidad y trabajo abnegado de nuestros labradores. De quienes, no sin emoción, a veces no contenida, contemplaban sus modestos aperos dignificados y expuestos a incomprensiones y, a la vez, a la orgullosa sencillez de sus “amos”. Los fundadores, pudimos escuchar con enorme satisfacción porque revivíamos los propios recuerdos, heroicas “batallitas” adornadas de fantasía a veces y, siempre, de nobleza orgullosa de su muy reciente pasado.
Pese a múltiples satisfacciones ninguno nos dábamos por satisfechos. Aquello merecía más. Más y mejores instalaciones. Más y mejores datos de la increíble realidad. El primer Presidente, sugirió la idea de recrear las visitas con escenas vivas de labores agrarias con esos aperos de ayer. Uno de mis sobrinos-gracias Isidro- se comprometió a filmar ¡al natural! Lo que creíamos ya pasado. Tras un mes de viajar por lugares remotos, aún dentro de nuestra España oscura, volvió con la “joya” que había de ser nuestro buque insignia: filmación verídica y al natural de labores nada de ancestrales, ¡actuales! en pueblecitos salmantinos o zamoranos por tierras de la sierra de la Cabrera o colindantes. Donde, abruptos, era imposible la mecanización.
Además de la proyección permanente en horario de visitas, llevamos nuestro tesoro por Residencias, hogares de jubilados y lugares de reunión en Ayuntamientos y pueblos. Capitales, municipios grandes y pequeños. Previo a las charlas y presentación del documental, confraternizamos con el personal. Entretenidos, por lo general, en partida tras partida: a las cartas o al dominó.
-¿Qué hacemos amigos…?, iniciábamos el diálogo. Y la respuesta. Unánime:
- Velay, ¡pues aquí matando las horas!… , qué va a hacer uno si en todos los lugares estorbamos… Silencio embarazoso. Breve.
La proyección de “la cinta”, rompía la abulia. El aburrimiento. Se quitaban la palabra unos a otros. Cada cual narraba su aventura. Orgullosos de trabajo y más trabajo. Cuasi altaneros en la sencillez de labores y aperos. Recuerdos imborrables desde su infancia. Y del trabajo de sus mayores: nuestros abuelos, bisabuelos o tatarabuelos… Dignos, altivos, honestos. No nos hicieron falta azafatas para explicar aperos y labores en el “Museo”. Cantera inagotable de expertos jubilados. Nuevos empleos. Todo menos matar las horas.
Consideramos la labor. Era modesta. Más y mejor hubiéramos querido todo para ella. Mas no fue en vano. Todo menos matar las horas. ¿Qué nada puede hacerse durante el retiro?: leer, escribir, labores, incluso de pequeños hortelanos. Rememorar, conservar, viejos utensilios de labranza. Labores artesanas… Empeño al menos en el manejo de internet… “Azafatos”… Todo menos matar las horas. Es conveniente, además, para la propia salud. La mejor medicina contra el temido alzheimer. “Pórtate bien ahora, sin acordarte de ayer que ya pasó. Sin preocuparte de mañana que no sabes si llegará para ti”. Esto que dijo un santo, bien pudiera valer-trastocando sólo alguna palabra- aplicado a nuestra edad y condiciones. Insisto: todo menos matar las horas. El mismo santo también dijo: ¿”El tiempo oro…? El tiempo gloria”. Pues eso.
---
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm5.static.flickr.com/4137/4875602949_bc95564eba_z.jpg
Comentarios:
http://www.aulamuseopacodiez.net/cantos_trabajo/
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
autor
Contacto


