¿Somos los hombres de hoy aquellos niños de ayer?
31.03.10 @ 07:57:56. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Redención. Detalle de la talla en piedra de Mariano Benlliure, que procesiona en Zamora el Viernes Santo.En www.lapasiondezamora.com)(*)
“¡Cuántas veces he llorado…!”. No, no se preocupen, que no les voy a transcribir entera la bellísima poesía de nuestro Gabriel y Galán. Sólo me da pie para adentrarnos en la Semana Santa, como me pide el administrador del blog. Gustosamente, intentaré que cuando menos les diga algo “aseado”.
Si además de hacerme de rogar, les digo que las procesiones, el arte, la religiosidad impresionante de nuestros “pasos” son mejores y más bellos que los de Zamora, ya tenemos el lío montado. Digo, entonces, que la Semana Santa entera de Valladolid y Zamora, es, con permiso de los malagueños, la mejor de España. Y eso a pesar de lo expresado por nuestro foramontano de Valladolid Javier Pardo de Santayana, sobre la fealdad de los sayones. Pero es que, querido Javier: “aquel sayón inhumano/ que al dulce Jesús seguía con el látigo en las mano/qué feroz cara tenía/qué corazón tan villano”.
¿Cómo esmerarse en plasmar su arte en impresionantes imágenes como la de Jesús Nazareno, o de la Madre, bellísima Virgen “de los Cuchillos”( de las Angustias), la monumental “Zapatona” viva imagen del dolor de una Madre por la tan ignominiosa como, “sin hacer ningún motivo”, injusta muerte y anterior flagelación (“porque le pegan”)? Forzosamente habían de ser feos: “aquel sayón inhumano… “ “aquel negro monstruo fiero/ iba a cruzarle la cara/ con el látigo de acero”. Su arte enamorado reside en el no arte contra los sayones. Es como “un travieso aldeano,/una precoz criatura/de corazón noble y sano/y alma tan grande y tan pura/como el cielo castellano/,rapazuelo generoso que al mirarla, silencioso/sintió la trágica escena/, que le dejó el alma llena/ de hondo rencor doloroso”… ése fue, creo, y no otro, el motivo del no arte en los horribles sayones.
“Hoy que con los hombres voy/viendo a Jesús padecer”…
¿Qué dónde?: no, no en figuras portentosas, pero figuras, de nuestros portentosos imagineros. Padece hoy, y tanto o más que ayer, en la promulgación de leyes injustas, aberrantes, como la del aborto; en las blasfemias que más le duelen, porque van, infernales, contra su Madre y Madre nuestra; en el adoctrinamiento de niños, adolescentes y jóvenes en teorías como salidas del mismísimo averno; en el olvido, provocado, de la doctrina de hoy y de siempre de los principios fundamentales de su Iglesia amordazada; en la banalización del amor, con sustitutos, no disimulados, por el egoísmo del placer; con la invención de vicios anormales, disparatados, como normales, e incluso sanos, para la “salud reproductiva”; en la perversidad de una educación sexual antinatura y desde la infancia; en la aceptación, recomendada, de algo que, encima, llaman matrimonio de homosexuales; en la perversión de elección de sexo, fuera cuales fuere el de nacimiento.
El mismo Jesús doliente por el que “Cuando esta fecha caía/sobre los pobres lugares/, la vida se entristecía/, cerrábanse los hogares/y el pobre templo se abría/.Y detrás del Nazareno/de la frente coronsada/,por aquél de espigas lleno/campo dulce., campo ameno/ de la aldea sosegada/, Los clamores escuchando/de dolientes Misereres/, iban los hombres rezando/, sollozando las mujeres/y los niños observando”…
Cuando ciudades como Zamora, Málaga, Valladolid.., pueblos, villas, aldeas de toda España se hacen templos vivos, de verdad que no se sabe dónde encajar tantas miserias que nos ofenden y Les ofenden.
En tiempo ya de descuento, podemos seguirnos preguntando: ¿Pero qué nos sucede?; ¿dónde fueron las profundas convicciones con siglos de tradición, vivida?; ¿para cuándo la reacción de virilidad, sin mojigatería? ¿Acaso se ha empequeñecido la Mano de Dios? Si “los hombres de hoy ya no somos aquellos niños de ayer”, ¿qué será de los que nos sucedan? Esperando contra toda desesperanza, que el dolor no nos lleve al pesimismo; que la seguridad tras la Pasión de una feliz Pascua, nos devuelva lo que echamos de menos. Pero sin olvidarnos, por falsa prudencia o no complicarnos la vida, que “obras son amores y no buenas razones”. Es preciso, creo, y con oportunidad e inteligencia, que los cristianos desterremos del diccionario la palabra discreción. Lo he repetido infinidad de veces: no es la hora de las catacumbas. Es la hora de “ahogar el mal en abundancia de bien”. La de contrarrestar, con obras, las de los sembradores del mal y del odio. Sin fundamentalismos, sin ser “martillo de herejes”; pero sin miedos ni cobardías solapadas. Digo…
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