Censura toponímica
16.03.10 @ 07:52:02. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Fuentes del Río Carrión. Acuarela de José Mª Arévalo.26x38)(*)
El hombre pone nombre a todo, empezando por sí mismo, y se supone que cada nombre tiene su porqué. Esto nos hace suponer que los lugares, sean éstos regiones, valles, montañas, ríos, pueblos, ciudades o cualesquiera elementos de nuestro entorno, provienen de algún rasgo significativo, así que la toponimia puede darnos una primera idea del aspecto o naturaleza de ese lugar desconocido que pretendemos explorar o simplemente visitar.
A veces el nombre es descriptivo aunque, ya deformado por el uso, resulte incomprensible para nosotros, rústicos seres procedentes del asfalto que desconocemos casi todo lo que no nos venga por la vía de la televisión y, como mucho, de la lectura. Así tendremos que recurrir al diccionario para saber, por ejemplo, que esa Serna del Monte o de orillas del Carrión tiene su origen en una porción de tierra de sembradura, o que la Gándara que da nombre a un afluente del Asón corresponde a tierra baja llena de maleza, o que aquella Bárcena, que podría ser de Cicero o de Pie de Concha, fue lugar llano próximo a un río que a veces lo inundaba.
También los nombres de las personas revelan algunas veces la procedencia de cada uno, o por lo menos, de la familia, y esto suele suceder entre las mujeres a las que se bautizó con una advocación mariana. Así las Llanos se situarán en Albacete y las Fuensantas en Murcia. Y los más enrevesados se adjudicarán a la costumbre palentina de relacionar a los recién nacidos con el santo del día.
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