Los impresionistas clásicos, en Madrid
13.03.10 @ 08:00:21. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Estación de de Saint-Lazare. Óleo de Claude Monet, en cossio.net)(*)
Extraordinario acontecimiento esta exposición, en Madrid, durante cerca de cuatro meses, de Enero a Abril, de casi cien obras maestras del Musée d'Orsay, el museo parisino de los impresionistas, que ha conseguido la Fundación MAPFRE, aprovechando obras de remodelación de aquél. Durante una hora y veinte minutos tuve que hacer cola, aun en día de diario y madrugando. A la salida, tres horas después, bien pasado el mediodía, se había reducido algo la cola, pero me han dicho que a la de comer algunos días era mucho mayor, habían coincidido los listillos. En la visita estábamos muy holgados, pensé que se pasaban los organizadores. Cierto que el Prado, en las de Rembrandt y Sorolla, permitía mayor acumulación de público en las salas, quizá por disponer de techos más altos. También oí quejas de falta de distancia para contemplar a gusto las obras de gran formato. No sé si por el quebranto de la espera, o por la comparación con el museo parisino, al final te sabe a poco. Menos mal que a continuación nos vamos al Thyssen, que ofrece 23 cuadros más de Monet, con los que ya quedamos plenamente satisfechos. Me alegro enormemente del éxito de una convocatoria cultural como ésta.
De la exposición del Tyssen, en la que disfruté enormemente con los 23 cuadros de Monet -y los dos de Turner-, me sorprendió sobre todo que, en la serie de los nenúfares, los cuadros firmados son los más acabados, y los aparentemente más abstractos, incluido el famoso “El puente japonés”, dejan zonas de lienzo sin tocar y no llevan firma, como si se tratara de ensayos o proyectos no concluidos. No me atrevo a decir que lo sean. Bueno, creo que esta exposición merece artículo aparte.
La exposición de MAPFRE se ciñe a los impresionistas clásicos. No están Van Gohg, Gauguin, Toulouse Lautrec ni Matisse. Se abre y cierra con Manet, quizá del que hay más obra, pero también están bien representados, con entre cuatro y seis, alguno más, obras cada uno, Monet, Renoir, Degas, Cezanne, Pissarro, y Sisley, y algún otro del grupo inicial. Trata de ser muy didáctica, para ofrecer una “nueva lectura” –dice el folleto explicativo- del impresionismo, al presentar sus obras maestras “acompañadas de las de otros creadores que de manera coetánea también intentaron, aunque desde otros lenguajes, una renovación de la pintura”. Trata de demostrar que el movimiento impresionista no supuso una ruptura radical con el arte tradicional y académico, “tal como se suele indicar de manera un poco simplista”. Que el entusiasmo por la modernidad es una de las señas de identidad de la época, y contamina del mismo modo a realistas, impresionistas y académicos. Todos estos argumentos me pareció pueden restar, ante el gran público, importancia a este movimiento trascendental en la historia de la pintura, y desde luego no acabaron de convencerme. Como tampoco lo consiguió el Tyssen, que también “propone contemplar de otro modo la obra” de Monet, “haciendo hincapié en su papel esencial en el desarrollo de la abstracción más pictoricista durante las primeras décadas de la segunda mitad del siglo XX”. Más me convencen, por ejemplo, las explicaciones de Arnold Hauser en “Historia social de la Literatura y el arte”, mi libro de cabecera, como ya he comentado en estas páginas. Veamos.
autor
Contacto


