Asombros cotidianos
09.03.10 @ 08:00:56. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana
(Acuarela de Edward Wesson en edwardwesson.co.uk)(*)
¿Se han fijado ustedes en la asombrosa rapidez con que prenden y se extienden por España las pequeñas modas gestuales y los manierismos verbales?
Recuerdo haber regresado aquí tras una corta estancia en el extranjero para encontrarme con un ostensible cambio en los usos del saludo. Cuando me fui, los españoles teníamos la costumbre de saludar a las señoras con un único beso en la mejilla, y eso siempre que entre el saludador y la destinataria del solitario ósculo existiera de antemano un cierto grado de relación y confianza. Pues bien, al regresar quedé sorprendido de que, fueran de la clase social que fueran, y aunque se tratara de su primer contacto, el saludo consistía en un buen par de besos. Por supuesto, la antigua costumbre de besar la mano a las señoras se hallaba ya en trance de desaparecer de la panoplia habitual de gestos de respeto, no sé si como consecuencia de ese aire confianzudo que extirpó el usted, o porque ya por entonces se había extendido la idea de que la igualdad entre sexos suponía la ausencia igualatoria de una educación refinada.
En este caso la rapidez con que corrió la nueva fórmula de saludo se hizo evidente porque, según pude observar a mi regreso, las señoras se quedaban como frustradas si uno, no hecho aún a este rápido cambio de costumbres, se limitaba al beso único y dejaba sin respuesta la solícita exposición de la otra mejilla.
autor
Contacto


