Belleza capaz de transformar la sociedad
06.03.10 @ 07:53:57. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Estudio. Acuarela de Edward Wesson en edwardwesson.co.uk)(*)
“La belleza aún tiene una gran fuerza para mover a la sociedad posmoderna”. Con esta frase de Josph Pearce, en entrevista que publicó hace unos meses “Nuestro Tiempo”, revista cultural de la Universidad de Navarra, concluía el artículo que publiqué en estas páginas el pasado sábado, prometiendo entrar más despacio en este asunto. Cuando se publique este nuevo artículo estaré en los madriles, tratando de entrar –creo que hay colas tremendas- en la exposición de los Impresionistas que se ha conseguido traer la Fundación MAPFRE, aprovechando una remodelación del Musée d'Orsay, que le ha prestado 90 cuadros nada menos. Aquella frase de conclusión ayer, hoy de cabecera, queda redonda a la vista de esta magnífica exposición, que está teniendo tanto éxito como las de Sorolla o Rembrandt que nos brindó el Prado. Pero se me encoje el ombligo al preguntarme si también el arte actual tiene la fuerza que Josph Pearce le reconoce. Vamos a ver que decía, o dice, espero no haya dado marcha atrás, mi tocayo al respecto.
“Durante los últimos 15 años –incluye la entrevista Pearce como sumario, y ya nos da la primera pista- ha tratado de reconstruir los caminos invisibles que condujeron al catolicismo a escritores como Chesterton, Belloc, Knox, Lewis, Tolkien, Sitwell o Muggeridge. Pero el trabajo de Joseph Pearce adquiere un interés aún mayor si se considera que él mismo fue en su juventud un ferviente anticatólico y que se convirtió durante una estancia en la cárcel.” Y apenas contestadas tres preguntas, entra de lleno en el tema de la belleza: “Vivimos en una era posmoderna donde la mayoría de la gente está aprisionada dentro de sí mismo, ha confundido a Dios con el cosmos y no tiene relación con la objetividad, con la realidad más allá del yo, porque el yo es la puerta hacia la realidad. Hablar a esta generación sobre la razón, sobre Filosofía o Teología es muy difícil, porque no abandonan su ego para tratar estas cosas objetivamente. Pero la belleza todavía tiene una gran fuerza para moverlos.”
Explica cómo “cuando leí por primera vez “El señor de los anillos” no sabía nada de su trasfondo cristiano. Pero había algo de saludable en ese libro, en el universo que presenta: el bien es algo objetivo, el mal es algo objetivo y no se puede servir a ambos, porque entonces terminas sirviendo al mal. Para servir al bien tienes que sacrificar tu vida. Lo mismo sucede con “Retorno a Brideshead”: es una novela maravillosa.
autor
Contacto


