Mis amores. Si el saúco hablase…
04.03.10 @ 08:00:13. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Palomares en Peñaflor de Hornija. Acuarela de Manuel Prieto Hernández. 34x53)(*)
Que “el hombre ha nacido para amar”, era allí tan evidente, que tentaciones dice que le dieron a Ricardo de hacer buena y notoria por su parte la sentencia. Como la zarza que ardía sin consumirse, el saúco soportó el fuego de las más encendidas palabras de amor. Palabras dichas por Ricardo y María, más aquél que ésta, con las manos entrelazadas.
Porque Ricardo sentía muy vivo el amor y porque otros muy próximos incitaban al ejemplo, María apartó varias veces, con suave firmeza y sin perder la sonrisa, la cara e incluso los labios de “su cadete”. Más para protegerle a él, que para protegerse a sí misma. Tenían que hacer frente , todavía, a un largo noviazgo y ambos querían -él tanto como ella-, que fuera una relación limpia, como debe ser entre dos personas educadas en la idea positiva de que la pureza y el respeto mutuo es una virtud humana y cristiana, que exige ciertos sacrificios.
Puede entenderse o no entenderse, pero Ricardo se alegraba de que ella fuera valiente cuando él flaqueaba y la valoraba más y la quería todavía más.
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