Rompo una lanza por los autónomos del campo
14.02.10 @ 08:00:27. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Salinas doradas. Acuarela de Mª Gloria Giraldo en la 2ª Exposición de socios de AEDA, Madrid, Enero 2010.21x50)(*)
No soy ingeniero agrónomo. Tampoco en el grado de técnico (perito agrícola, para entendernos). Sí, lo suficientemente entendido (no viene al caso explicar mis razones), para estar hoy -en mi interior, porque físicamente no me es posible- con los españoles labradores autónomos que se manifiestan en Madrid. Con conocimiento de causa-repito- es preciso apoyar a la “cenicienta” habitual de España, en sus justas, ¡clamorosamente justas! peticiones (aborrezco la palabra reivindicación). ¿Acaso alguno de los que repanchigados en lujosos despachos y con nóminas de escándalo pensó en los exagerados ágapes, de dónde proceden los productos que llenan sus panzas holgazanas?.
No digo que todos cuantos hoy ocupan cargos políticos vean en nuestros nobilísimos labradores a los grandes ignorados u olvidados de casi siempre. Digo sí, que, el actual desgobierno, bate todas las marcas de desidia y abandono de quienes debieran ser, cuando menos, si no mimados, sí respetados con justas medidas agradecidas a su labor callada y eficaz para el anhelado “estado de bienestar”.
¿Qué eso nunca será posible conseguir…? Bien. Vale, que hoy dicen mis nietos. Pero señores de las altas esferas: ¡¡es que ni siquiera lo han intentado!!
No vean, por favor, sólo la imagen bucólica del tractorista rasgando la tierra para preparar de un terreno áspero y bronco, el mullido donde depositar luego la semilla. La que si Dios y el tiempo lo permiten-¡con la imprescindible colaboración de los “servidores”(que ni por asomo lo son hoy), del ramo-, serán el fruto de donde se alimenta él, su familia y su Patria. Ni la del sufrido pastor (objetivo de pintores, poetas, fotógrafos, literatos…), al frente de su grey en las infinitas soledades del páramo o llevando a carear el ganado a través de montes, morenas o pinas laderas. Vean, siquiera, servidores del pueblo no lo olviden, en el momento de presupuestar el nuevo año, que, como el Pisuerga pasa por Valladolid y Soria existe, también la penuria -cuando no miseria- en quien sólo pretende vivir con dignidad y conservar la herencia que tanto sudor y lágrimas costó a sus mayores.
Por sacar a colación los mayores… aprovecho para manifestar cómo el olvido de la atención debida a nuestras labradores por parte del gobierno, también ofende a nuestros mayores.
-Aquéllos que cuando España estaba herida de muerte por lo terrible guerra civil y el insólito abandono de los países europeos a nuestra Patria- en estrecho e injusto cerco económico al albur de las más perentorias necesidades-, fueron los que con medios muy nobles pero rudimentarios, dieron de comer al hambriento, no sin pasar ellos por calamidades sin cuento.
-Los que, endeudados hasta las cejas (sin pertenecer a la patulea de los de la idem), transformaron el hocino (la hoz) para segar mieses, en gavilladoras, atadoras…, ¡cosechadoras!
-Los que del muy modesto par de burros, mulas, bueyes… los fueron sustituyendo, con esfuerzo heroico, por ¡tractores! Poderoso medio de tracción con dos importantes consecuencias: positiva humanización de labores (como tantos otras aportaciones del progreso – no progresista tal y como hoy se entiende) y negativa, tal vez, por obligado desplazamiento de tan nobilísima mano de obra del medio rural a las incipientes industrias de la capital que nacieron con inusitado y necesario vigor.
-A los autónomos, sobre todo, que si de por sí la austeridad de vida rayana en pobreza, se dejaron la piel, el sudor….¡y los cuartos! para, aún malviviendo, modernizar sus pequeñas empresas familiares.
-Los que, en fin, del pico y la garia, utilizados desde tiempos ancestrales, pasaron -en progresión tan imparable como obligada (emigró la mano de obra), del “neolítico” en cultivos para endulzar (con el cultivo de las remolacha), siquiera un poco, su nación herida- a las progresivamente impresionantes cosechadoras. Los que, aún sin terminar de pagar la cosechadora recién salida al mercado, habían de sustituir por otra más ventajosa. Imprescindible.
¿Difícil de entender? Eso creían cuantos visitantes hemos recibido en el pequeño museo etnológico situado en dependencias del Real Monasterio de Santa María de la Espina (Santa Espina)-Valladolid. Justo homenaje en tan nobles como rudimentarios aperos, “Aperos de Ayer”, por la nobleza y sudor vertido por quienes los usaron. Virtudes entendidas perfectamente por el asombrado o nostálgico admirador de ellos.
En unas charlas Cuaresmales decía el sacerdote a los labradores del pueblo: “¡enseñadme las manos!”. Todas las palmas boca arriba, recias, callosas, nobles…
“Ésas manos vuestras, serán vuestras credenciales cuando el Señor os pida cuentas”.
¿Entenderán este “lenguaje” aquéllos a quienes iba dirigida la multitudinaria manifestación? ¿Podrán enseñar sus manos sin sentir vergüenza? Desde Tres Foramontanos de los castellanos lares, estoy /mos con vosotros.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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