Mis amores. Intrépidos prolegómenos del amor “formal”
11.02.10 @ 08:00:51. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Lagarterana. Acuarela de José González Bueno en la exposición “100 años, 100 artistas” de Caja Círculo, Burgos, Octubre 2009.71x50)(*)
Si el tamaño y capacidad del corazón va en proporción con el cuerpo, eso debió valerle al de Ricardo, para acoger holgadamente diferentes amores a cual más intensos. A poco de estar en la Vega, no por tantas y variadas actividades echó en el olvido el amor y la ternura hacia “la su pelirrojilla”.
Pero si aun ni entre los dos aquella relación era “formalmente oficial”, menos en casa de Ricardo, donde, infeliz, creía que su madre lo ignoraba. Tan presente tenía Ricardo a María en los ratos de ocio, que buscaba afanosamente ir a verla. El quid de la cuestión era el cuándo y cómo. Desechó la posibilidad de ir a caballo, porque sin tener cuadra donde guardarle en la capital, llevarlo de la rienda por el paseo le parecía en exceso llamativo. Coger por la mañana el tren de Ariza, suponía estar fuera de casa hasta la noche, para lo que en absoluto estaba autorizado y menos sin saber los motivos.
La solución le vino sola al ver llegar al cachicán; venía de su pueblo, Carrapinares, en una bicicleta que, por lo tosca y robusta, hoy podríamos llamar todo terreno. Advertido de que estaba muy vieja y de que era excesivamente pesada, le dijo que, no obstante, dispusiera de ella para lo que quisiese.
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