La expresividad, valor plástico
06.02.10 @ 08:00:01. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Interior con hojas secas. Obra de Justo San Felices)(*)
Hay percepciones difíciles de conceptuar en la expresión artística. Por ejemplo, cuando nos quejamos de la frialdad de los intérpretes nórdicos, en los que echamos en falta la garra, la fuerza, lo que podríamos llamar la expresividad de los latinos. Hace un par de semanas nos vimos gratamente sorprendidos por la fuerza expresiva de un cuarteto de cámara inglés, el Cuarteto Belcea. Interpretaron, en el Auditorio Miguel Delibes, con enorme acierto y pasión, los cuartetos de cuerda números 3 y 7 de Beethoven, y otro del más moderno compositor polaco Szymanowski (1882-1937). Gracias a esa enorme fuerza expresiva de estos jóvenes pero grandísimos músicos británicos, se me hizo llevadera, incluso hasta atractiva, la obra de Szymanowski, muy abstracta y de difícil comprensión. La atonalidad tiene muchos inconvenientes, y si a ellos añadimos la falta de ritmos, al menos de los tradicionales, el resultado puede ser catastrófico. Sin embargo la briosa interpretación del Cuarteto Belcea nos salvó del abismo. Es mas, quedamos verdaderamente asombrados de la compenetración de los intérpretes, que ya con Beethoven habían dado muestras de perfecto entendimiento, y ahora realizaban una labor casi inalcanzable sin aparente apoyo rítmico para concertar.
Ese mismo tipo de fuerza expresiva, trasladado de la música a la pintura, he percibido en la exposición del navarro Justo San Felices, en la Galería de Arte Rafael, que se puede visitar hasta el próximo 27. Aunque en algunos de los cuadros aparecen apuntados muy someramente rostros femeninos o infantiles, yo no diría que estamos ante pintura figurativa, sino muy abstracta. Y, como en el caso de la interpretación de Szymanowski que comentaba, la falta de forma concreta queda ampliamente sustituida por la fuerza expresiva, la garra de estas obras transmitida sobre todo por los colores elegidos. El concertante, por seguir usando términos musicales, lo que da sentido, armonía, significado al cuadro en este caso, es el color. Me he llevado, ciertamente, otra grata sorpresa en pocos días, con esta otra muestra del arte abstracto.
El magnífico folleto con que la que presenta, con ocho fotos a todo color, da cuenta de sus exposiciones y premios obtenidos, entre ellos la Medalla de Plata de las Artes de la Academia de las Artes, las Ciencias y las Letras de París. Nada dice de la técnica utilizada en las obras expuestas, por lo que me he ido a la red y he encontrado que Justo San Felices, afincado en Basauri (Vizcaya), es sobre todo acuarelista. Y una pista: que ha impartido cursos de paisaje en Priego desde el año 2000 al 2003, patrocinados por el Ayuntamiento y la Diputación Cordobeses.
Efectivamente, por uno de los compañeros acuarelistas me habían llegado noticias de los cursos de Priego, muy interesantes, y que últimamente habían girado hacia la abstracción, lo que resta interés para el alumnado, ya que la técnica de la acuarela en el campo de la abstracción ha de moverse en torno a las texturas, por la falta de viveza, en la acuarela, del color, diluido o extendido el pigmento por el agua.
No sé, pues, qué técnica ha utilizado San Felices en las obras expuestas, probablemente acrílicos, que es el medio más “chillón”, podríamos decir, con el que se pueden obtener colores más vivos. En la red no he encontrado web suya, ni acuarelas propiamente dichas, sí dibujos y aguadas, todos abstractos. En la exposición de la galería Rafael San Felices hace magníficas combinaciones de rojos y azules, o naranjas y grises, en formas aparentemente aleatorias o infantiles, pero intencionadamente buscadas para obtener la mayor fuerza expresiva, junto a vibrantes negros y blancos.
Creo que Justo San Felices da cursos de una semana en Santander en verano. Debe ser interesante asistir a alguna clase de un maestro de las abstracciones, que supongo se centrará en explicaciones sobre el color -y la composición de formas para los colores-, y quizá también de la textura, que no es un elemento creativo sino propiamente artesanal, aunque no desdeñable. Sobre todo ahora que se lleva lo matérico, aunque San Felices no lo lleva puesto.
En fin, volviendo a esta exposición, alguno pensará: una sinfonía de4 color, pues. Yo no diría sinfonía, diría cuarteto, interpretado muy vigorosamente, desde luego. Admirable, para ser abstracto tiene mucho mérito. O por serlo.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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