Algo más que caza
05.02.10 @ 08:00:53. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Cazadores. Óleo sobre lienzo de Rafael Zabaleta en pintura.aut.org.1945.100 x 80)(*)
En un reciente artículo de uno de mis compañeros foramontanos, éste hace un interesante comentario al hilo de la narración de una partida de caza. En un momento determinado, cuando, como es habitual para su lectores, se está oyendo el silencio del campo; cuando uno imagina la austera belleza del campo de Castilla y casi se percibe el sudor de los jóvenes cazadores, el autor escribe una frase que tiene mucha más enjundia de lo que pudiera parecer. En efecto, describe, como quien no quiere la cosa, lo que es la justificación de la aventura cinegética: la confrontación entre la inteligencia y el instinto. Ahí se resume todo.
Indudablemente la caza fue, en principio, una actividad obligada por la pura necesidad. Si hay un instinto fundamental, éste es el de supervivencia, y la caza proporcionaba al hombre el sustento necesario para sobrevivir. De esto no hay duda alguna. Pero el refinamiento de nuestro vivir nos permite, una vez atendidas las necesidades esenciales, la búsqueda de expresiones que tengan sentido para el ser humano, y que permitan a éste vivir en su propio ser algunas aventuras relacionadas con lo esencial.
Al confrontar las sutilezas de la inteligencia con la solidez del instinto estamos poniéndonos a prueba a nosotros mismos. Sumidos siempre entre la osadía y la duda a la que la inteligencia nos aboca, nos enfrentamos a un instinto - fraguado a través de generaciones y generaciones de vidas - que es capaz de desencadenar reacciones apropiadas para salir de cada situación concreta. Así que el cazador aplicará su inteligencia a adquirir el instinto del animal. En este aspecto emprende una aventura personal de conocimiento y de adaptación al medio para alcanzar su objetivo, y se convierte en el depositario de una pulsión ancestral.
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