El bromazo
29.01.10 @ 08:00:31. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Casa en Marte. Acuarela de Rafael García Bonillo. Exposición de 2003 en Granada)(*)
Tranquilos, que esta vez va de astronomía esotérica.
Cuando la conocida portavoz - tan elegante ella; tan espiritual - se apareció al pueblo español en nuestras pantallas de televisión para anunciar el encuentro astral entre los dos grandes líderes, nadie podía suponer que el acontecimiento fuera realmente a producirse y, sobre todo, que llegara tan pronto como ahora nos anuncian.
En efecto, ya tenemos fecha. La conjunción de nuestros rutilantes astros tendrá lugar, no a través de un simbólico abrazo desde una y otra orilla del océano, sino cara a cara, es decir, con el peligro de que su resplandor nos ciegue irremisiblemente.
Tenemos fecha, decía yo, y esto no me extraña, puesto que entre los augures parece habitual datar sus predicciones, sobre todo si se trata de un suceso tan importante y espectacular como el fin del mundo o como un encuentro astral de la magnitud de aquel al que estamos refiriéndonos. La fecha es este 4 de febrero, que es como decir pasado mañana. Así que no se me rían, que esto va en serio.
Lo que no anunció nuestra vidente - tan elegante ella, tan espiritual - era dónde y cómo se produciría este acontecimiento que ha de conmover al universo. Si lo sabía o no lo sabía queda para la especulación de ustedes, pues no sé si se darán cuenta de que hablamos de una cuestión que entra dentro del incierto territorio del futuro, donde las visiones aparecen envueltas en la neblina de lo desconocido.
A ustedes les supongo conocedores ya de lo anunciado. La conjunción de los dos líderes tendrá lugar allá lejos, desde donde la gran estrella acercará hacia sí a nuestra lumbrera en un generoso gesto de atracción para quien intenta girar en su poderosa órbita. Y el acto sideral se producirá, tal como era de suponer, en un ámbito de trascendencia a la par que entrañable: un tradicional desayuno nacional de oración propicio a la exaltación mística.
“¡Pues que gran acierto!” digo yo, porque nuestra lumbrera no produce sus destellos por la iluminación de la fe, sino que está empeñada en apagar los nuestros. Él, que sólo pretende conservar y acrecentar su propio resplandor, tan sólo admite las llameantes penumbras masónicas - esos agujeros negros - que ha ido encendiendo y abriendo pacientemente a su alrededor. Por eso jamás habría querido protagonizar un acto parecido a éste.
Del astro-sol conocíamos muchas de las habilidades y también una buena parte de las virtudes, pero la del humor sólo se había hecho patente hasta ahora en algunas contadas ocasiones. Sí; ahora hemos de reconocer que su sublime personalidad esconde un rinconcito guasón; “cachondo”, diría el vulgo. Por eso pido por favor, suplico incluso, que no intenten hurtarnos de nuevo el placer de la foto. Imaginen si no vale la pena contemplar a nuestro líder con su cabeza inclinada ante al Creador - porque el ambiente obliga - y simulando su invocación con una amenaza “por lo bajinis”; algo así como “a la salida os espero”.
¿Hipocresía dicen? Pues si la tiene el astro-sol será hipocresía reiterada, puesto que su aparición en Washington fue ya acompañada por la oración, y no por una oración cualquiera, que si mal no recuerdo fue nada menos que el padrenuestro, cuyo autor es de todos conocido. Ahora le acompaña una pequeña constelación de estrellas que se conoce como “La Familia”; así, en singular, y no en plural que es como prefiere nuestro líder. Pero nuestro líder no es hipócrita, sino pragmático. Claro que tampoco duerme, sino medita.
De todo esto, y de los sarpullidos que le salen cada vez que se le habla de la familia en singular o se le menciona cualquier cosa que refleje la fe de los católicos, supongo bien enterada a la CIA, ese reservorio de donde extrae su ilimitado saber el astro-sol. Así que el rumbo que éste impone no puede deberse simplemente al azar, sino al resultado de un planeamiento orientado por la más aguda intención. Lo cual me lleva a la conclusión de que el astro-sol tiene bastante más retranca de la que esperábamos. Vamos, que, lo que es a guasa tampoco hay quien le gane, y que cuando nuestro líder le acompañe en la oración no podrá por menos de recordar la imagen de una bandera cuajada de estrellas y unas nalgas bien apretadas contra el asiento.
Sí, sí, ríanse ustedes, pero prepárense para temblar después de haber reído, como decían los de “La Codorniz”.
P.S.- He preferido “El bromazo” a “La venganza” como título de este artículo, dado el cruel refinamiento que implicaría la segunda opción.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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