No es tanta casualidad
26.01.10 @ 08:01:24. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(St Pauls from the Thames. Óleo de Edward Wesson)(*)
Leo el “Eco”, hoja de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara. El artículo es positivo: nos habla de la solidaridad. Por lo que dice, el autor ha visto a mucha gente yendo a los locales de Cáritas para depositar sus aportaciones de alimentos y ropa, tan necesarias para atender la demanda de la gente pobre, cada vez más numerosa como consecuencia del escandaloso aumento del paro. Por lo que se ve, la generosidad de los cristianos ha tenido una llamativa expresión en los pasados días de la Navidad.
Como contrapunto, el autor nos comenta haber recibido una felicitación en la que una señora conocida le contaba cómo se vio obligada a retirar de su despacho un pequeño árbol y unos adornos de Navidad. Por lo visto, siempre fue su costumbre colocarlos allí, y hasta ahora nunca encontró objeción para hacerlo. Pero, claro, ahora soplan nuevos vientos.
Leo el “Eco” - decía - y lo hago inmediatamente después de enterarme de que nuestro párroco está a punto de pasar un mal trago, porque en uno de los varios pueblos y urbanizaciones a los que ha de atender han dado a la prensa un manifiesto en contra de él. Se trata de un pueblo en el que celebran sus fiestas haciendo unas burradas que extrapolan a la misma Misa. Seguramente estas burradas se han hecho más o menos siempre - tiran monedas por el suelo, se arrean con unos palos para ver quién los rompe mejor y en mayor cantidad; algunos comulgan como si esto fuera parte de su papel en la charlotada - pero la diferencia es que antes había un fondo de fe y ahora no. Ahora los que vienen exigiendo no pisan la iglesia más que ese único día, en que entran en ella cargados de vino. Los interlocutores son mozalbetes que hablan con una insolente falta de respeto al lugar y a la persona. Usan expresiones despreciativas hacia el sacerdote, además de dirigirse a él con el consabido latiguillo de “tío”, el tuteo y todas esas expresiones de buena educación que conocemos. Quieren imponer su ley y exigen que la misa sea a la hora que les viene en gana como si la iglesia fuera suya. Pero suya sólo es la pocilga.
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