Avatar (3). Lo que enseña el viaje de los héroes
23.01.10 @ 08:00:55. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Fotograma de la película Avatar, de James Cameron. Neytiri y Jake Sully, la pareja protagonista)
Concluí el artículo del miércoles pasado, el segundo sobre la magnífica película Avatar, con una cita de la web Decine21.com, que además de calificarla de “muestra ejemplar del 'cine del futuro', un futuro que ya es presente”, considera ha sabido “insuflar aires épicos de gran aventura” con “una trama inteligente y original, que sigue el clásico esquema del viaje del héroe, que inicialmente debe cumplir una misión, infiltrándose entre los na'vi, pero que al final ha de cuestionarse sus acciones y pensar qué es lo correcto.” Y me servía su cita de las grandes epopeyas de nuestro cine más reciente, como El Señor de los Anillos, y las Crónicas de Narnia, para resaltar que tanto Tolkien como C.S. Lewis tuvieron, en sus obras ahora proyectadas en la gran pantalla, una intención claramente apologética, de difusión de los valores cristianos. Con todo ello salía yo al paso de algunas críticas que al parecer han tachado a esta película de antirreligiosa o anticristiana.
Tenía fresca in mente, cuando escribía aquel artículo, una interesante reseña del libro de José Ramón Ayllón, “Tal vez soñar. La Filosofía en la gran literatura” (Ariel, Barcelona, 2009. 136 pp. 15 €), en la que Pascual Tamburri atrajo mi atención con estos titulares: “Aprenda a pensar con Tolkien: en grandes libros hay grandes principios. Las grandes ideas no son monopolio de filósofos. Los debates más importantes han pasado a la literatura. La complejidad del bien, por ejemplo, se entiende mejor en Tolkien que en Heidegger.”
Y así explica cómo Ayllón trata “algunos de los grandes temas de la filosofía, de la que se enseña en los Institutos y de la que no se llega ya a tratar, recurriendo a ejemplos de la literatura más conocida por una u otra razón. Así, en lugar de utilizar sólo una exposición sistemática de cada uno de los asuntos según su propio punto de vista, emplea ejemplos tomados de la gran ficción de todos los tiempos, para plantear al alumno las cosas de un modo que resulta más grato y menos arduo. De este modo, se habla de la naturaleza del hombre en Homero, de la inteligencia en Robinson Crusoe, de la verdad en El Quijote, del amor en El Principito, de los sentimientos en Ana Frank, de la amistad en Etty Hillesum, de la familia en Delibes, de la ciencia en Julio Verne, del comunismo en Orwell, del darwinismo en Jack London, del superhombre de Nietzsche en Crimen y castigo, del mal en El señor de las moscas, del bien en El Señor de los anillos, de la muerte en Hamlet o de Dios en Dostoievski.”
No me queda ninguna duda de que José Ramón Ayllón, amigo de Carlos Bustamante y mío, aprovechará la epopeya de “Avatar”, bien como ejemplo de superación de las limitaciones físicas, bien de rectificar a tiempo, bien en último término de quien da la vida por sus amigos.
Pero lo más interesante de esta propuesta de Ayllón es que procede de su reflexión sobre como afrontar la aparición de la llamada Educación para la Ciudadanía. Explica la reseña –publicada en elsemanaldigital.com el pasado día 11- que Ayllón “explora uno de los tabúes de nuestros Institutos y Universidades: cómo puede trabajarse con dos materias a la vez, y cómo puede esto no resultar ni rutinario ni estéril… siempre que el docente quiera, pueda y sepa.”
“Es un intento logrado de hacer algo que en nuestro país es poco habitual, que es no sólo coordinar dos materias sino apoyar una en otra. Las grandes escuelas británicas siempre han trabajado con sus alumnos de manera transversal, como por otra parte hizo la Compañía de Jesús; y durante un siglo en Italia el docente de filosofía y el de historia ha sido el mismo, ya que los programas de las dos materias corren a la par. Ayllón intenta promover entre nosotros la unidad del saber, algo que sin discusión sería bueno para los alumnos pero que los intereses sindicales, ministeriales, autonómicos o simplemente cerriles harán difícil. Aun así, aprovechen ustedes la oportunidad, porque difícilmente un alumno inteligente será impermeable al debate sobre el bien y el mal en la persona de Frodo Bolsón. Bostezará menos que ante la consabida murga clerical, progre o, peor aún, progre con formación clerical.”
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