Mis amores. ¡Rocalba!
21.01.10 @ 08:00:30. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de Luis Labrador en labradorclase.blogspot.com)(*)
Si a pesar de la escasez de munición, el espacio de la Vega por el que Rodrigo y su hermano cazaban habitualmente se les quedaba pequeño, qué decir con la abundancia de cartuchos obtenida con el tesoro perdido... aunque no entero. Por este motivo, nada más natural, que planeasen batidas por las laderas, páramo y monte de Rocalba. Lugares donde, desde la otra orilla, vieron cientos de veces los bandos de las más bravas perdices.
El modo de cazar estos pagos, había de ser muy distinto al acostumbrado por el terreno mollar de la Vega. De allí aún estaba fresco el recuerdo del caminar sigiloso por la ribera, y el “juego” de las perdices barqueras cuya defensa era cruzar el río hacia las laderas en cuanto barruntaban el menor peligro; y peligro –nada de menor- era el de los dos adolescentes infatigables. Alineadas luego en el cerro cortado a tajo, observaban atentas al enemigo, para, en cuanto se alejaran de sus dominios los humanos depredadores, volver a la frescura de “la Verde” y más apetecible ribera.
Además de que conocían palmo a palmo todo el cazadero que es la Vega, en no menor medida conocían allí todos los secretos de las cazas: sus movimientos, costumbres, querencias... Era, en fin, una caza basada en la observación silenciosa y astuta; de ejercer la supremacía de la mayor o menor inteligencia que Dios pone en cada hombre, sobre el solo instinto que Él mismo puso en las piezas.
autor
Contacto


