Avatar (2). ¿Epopeya o culebrón?
20.01.10 @ 08:00:00. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Neytiri, la protagonista na'vi. Fotograma de la película Avatar, de James Cameron)
Me ha animado a seguir escribiendo sobre Avatar el comentario que, al artículo que publiqué la semana pasada tal día como hoy, ha colgado mi compañero foramontano Carlos Bustamante, y que recoge tres o cuatro frases críticas que han salido a la luz estos días. Carlos, aunque no lo reconoce expresamente, no ha visto la película, o sea que escribe –como suele decirse en estos casos- por boca de ganso. No ha resistido la tentación de decir algo, aunque se trate de frases sueltas, nada serio. Pienso que se ha quedado preocupado porque en esos dichos se tacha a esta película de antimilitarista y antirreligiosa. Y eso sí que sería muy grave. Pues no te preocupes, Carlos, que es todo lo contrario. Y no te fíes de informaciones de segunda mano, “que dicen que dijon”, pero no se sabe muy bien quien ni como.
Ya había escrito mi artículo cuando aparecieron esas críticas, cuatro frases, ya digo, nada serio, pero naturalmente las tuve en cuenta, aun sin entrar al trapo. Sobre todo quise descartar las que se adjudicaban a la prensa y radio vaticanas, aunque sin autoridad concreta que las avalara. La afirmación, que la noticia pone en boca de estos medios, de que la película “no es una obra maestra de la ciencia ficción”, me pareció de tal simplonería que no valía la pena buscar más. Está clara la intención de desprestigiar -a aquellos medios, claro, no a la película-.
No obstante he encontrado una pista interesante en la crítica que de Avatar hace Decine21.com, la web que más uso en esta materia, que me merece bastante confianza, y que releí por si acaso. Dice al final, como de pasada: “Entre medias hay lugar para una historia romántica que evita los caminos fáciles, y sugerentes planteamientos -dentro de su asumida condición mítica, que quizá alguien ligará exageradamente a la New Age-, sobre la ambición, la ecología, la ciencia y la religión. Evidentemente la llegada de los marines a Pandora evoca las conquistas de lugares primitivos más o menos idílicos -Utopía o el paraíso terrenal, para entendernos-, donde un orden perfecto es trastocado por 'el hombre blanco'.” Es decir, que no sería de extrañar que algún meapilas se haya podido escandalizar. Y que algún militar susceptibilizado haya visto mayor protagonismo, entre esos hombres blancos, en los vestidos de uniforme.
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