Imágenes de Ghana (10). Estoy por quedarme
12.01.10 @ 07:57:59. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Felicitación de Navidades 09. Óleo de Miguel Pascual Aranda)(*)
Influido sin duda por la perspectiva que me proporciona la distancia, conectado solamente por el proceloso océano de Internet y estando ya a la vista mi regreso a la normalidad - si es que asi podemos llamar a nuestro ambiente habitual - confieso que no me apetece nada volver. No se trata ya sólo de la delicia de un paréntesis veraniego en pleno invierno y del disfrute de tener toda la familia reunida y en orden; no es sólo cuestión de la compañía inigualable de los nietos, a los que los portugueses llaman acertadamente “el postre de la vida”. Se trata de algo más. Se trata, digámoslo con la mayor franqueza, que España está literalmente insoportable.
Basta con seguir más o menos las noticias desde aquí para darnos cuenta , no sólo que todo está patas arriba y que la nación va como esos barcos a la deriva a los que la corriente empuja fatalmente hacia la catarata, sino que, sobre todo, es un país en el que todo el mundo está enfrentado con todo el mundo. Desde luego, alguna habilidad deben tener nuestros actuales gobernantes para lograrlo, porque ni a propósito resulta fácil llegar a tanto en la destrucción de la convivencia.
Gobierno y oposición están como el perro y el gato gracias a cordones samitarios, amenaza de notarios y cosas por el estilo, amén de las inaceptables burradas que se están haciendo; gobierno y jueces, no digamos, que lo de la justicia está para nota; la prensa anda polarizada y con el cuchillo entre los dientes; y ahora el gobierno va y manda a sus sindicatos como perros de presa contra los empresarios, gran parte de ellos ya cadáveres o en estado comatoso, que esto es cosa de risa si no fuera más bien para echarse a llorar. Y estos son sólo tres ejemplos, que no saco más porque me quedaría sin espacio en este blog.
A distancia se ve también como cae el prestigio de la Nación, a la que sólo salvan unos deportistas que, por cierto, ya empiezan también a cabrearse. Será casualidad, pero ayer vi un mapa del mundo con las banderas nacionales, y bajo la de España aparecía el nombre de Rumanía, no sé si por error, por lo de la inmigración, o porque a nuestro país cada vez se le conoce menos.
En fin, todo lo que viene de ahí, excepto la Copa Davis - y eso que también ha dado lugar a dimes y diretes – refleja un desastre total. Es difícil, en efecto, oír juntas más sandeces que las que diariamente nos ofrecen nuestros impresentables politicos, porque vienen en ristras y, o son una muestra del fracaso educativo ante la oposición a cualquier exigencia seria a los alumnos, o responden a una cuidada selección negativa para poner a los peores en los puestos de responsabilidad. De verdad que a distancia, es decir, a salvo de la alienación de la costumbre y la rutina, de la actividad política no nos llega sino una sarta de majaderías y pequeñas estupideces que nos sonrojan como españoles. Y fíjense que les digo esto, no desde un país de larga tradición democratica y refinados niveles de modernidad, sino desde Ghana, que fue tierra de esclavos y esclavistas y que no alcanzó su independencia hasta acabada la segunda guerra mundial.
En una situación como ésta, es decir, cuando uno se siente amenazado por un ambiente tan dejado de la mano de Dios, se pregunta dos cosas. La primera es qué hace la oposición, y otra qué hace la gran masa del pueblo español. Yo tengo la impresión de que aquélla y éste han entrado en el trantrán poco a poco y ya han elaborado una mentalidad y un modus operandi lleno de resabios, o sea que siguen la corriente. También ellos han sido contaminados por la estupidez. Creo haber escrito para este mismo blog, hace tiempo, un artículo titulado “La estupidez que no cesa”. Tomé el título - tan mordaz - de un artículo de don Gregorio Salvador, alto cargo de la Real Academia de la Lengua, aparecido en una tercera de ABC. Si eso fue hace unos años, no sé lo que podria decir ahora don Gregorio.
Uno piensa que esto es, además de un estropicio, un desperdicio lamentable. Hemos echado abajo casi todo, y no sólo nuestra economía. En el aspecto moral hemos descendido a las cloacas y destrozado hasta los principios más elementales, como la defensa de la vida. Vemos de nuevo a los cristianos bajo la persecución; una vez más con el pretexto del “progresismo”. Espero que esta vez no lleguemos a la quema de iglesias; sunque por de pronto ya tenemos la de la enseña nacional y la del retrato del Rey. En cuanto a solidaridad nacional, qué vamos a decir: ahí están el estatuto catalán y todos esos chantajeadores, que hasta han llegado al fútbol. En cinco años hemos perdido a chorros el prestigio ganado con nuestra transición democrática, con nuestra impresionante incorporacion a las organizaciones internacionales, con nuestro impulso económico y con nuestra capacidad de recuperación. Tambien hemos perdido nuestra consideración como actor internacional, nuestra capacidad para influir, y, sobre todo, nuestra credibilidad, porque España ya no es un país de fiar. Nuestra posición en las Cumbres Iberoamericanas es ya penosa...
Bueno, en algún punto tendré que parar. Pararé, por tanto, recordando la insostenible legión de los parados, que eso es ya es para echarse a llorar con ellos.
Y ¿qué nos dicen para solucionarlo? Pues tonterías, como, por ejemplo, que hay que resarcir a los moriscos de lo que perdieron con la expulsión. ¿Cabe sandez mayor? Si alguien sabe dónde están, que nos lo diga. Pero vivimos inmersos en la mentira y en la estupidez más supina, y parece que esto funciona en nuestros pagos. Así que todos contentos aunque, la verdad, cada vez lo vamos estando menos, porque nos vamos dando cuenta de que, además, nos están tomando por estúpidos.
Lo peor es que entre los unos y los otros están consiguiendo que esta situación se perpetúe, y existe la impresión de que lo insostenible es todo, empezando por el sistema de pensiones y la seguridad social, por no incluir ya de entrada todo lo demás. Y para remate tengo la impresión de que muchos de los que están ya suficientemente hartos ni siquiera encuentran ahora a quién votar.
Por eso digo que estoy por quedarme aquí. Habrá su corrupción, desde luego, pero también la hay en España, y bien implantada por cierto. Estoy seguro de que también aquí en Ghana se oirán bastantes tonterías el ambiente político - que esto debe ir con el sueldo – pero tan gordas como en España es imposible, porque las nuestras son de Record Guinness. Además las de aquí se entienden peor, y eso me parece una importante ventaja. Así que las únicas pegas que veo son que no quiero ser un abuelo pelmazo, y que un matrimonio joven merece tener espacios de intimidad, que es como llamábamos antes a lo que estos cursis llaman ahora “privacidad”.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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