Mis amores. El tesoro perdido.
10.01.10 @ 08:00:23. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Felicitación de Navidades 09. Acuarela de Salvador Castellà)(*)
En parte porque fui testigo privilegiado y en mucho porque, como ya he dicho, era especial confidente de Ricardo, puedo proseguir el relato que contiene sus aventuras y vivencias más íntimas. Convencido por sus propios argumentos y mucho más por los de María, Ricardo convenció también a Rodrigo. Entregados, al fin, de lleno a los estudios, se les hicieron más cortos los meses que aún faltaban para el verano.
Con el mismo genio y figura, antes de dormir planeaban cacerías, que por el momento les hacían olvidar la espada de Damocles de los inminentes exámenes.
Dónde cazar tenían, pues con la Vega sobraba cazadero y caza; escopetas tenían también: la del doce de su padre y aquella otra del cañón roto que les dejó Julián, aunque de puro vieja estaba casi inservible; además, había en su casa una escopeta preciosa de l´afouché de un solo y largo cañón. Era una auténtica joya de artesanía, tan fina, ligera y esbelta como una carabina india.
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