Mis amores. María, María, ¡María!
03.01.10 @ 08:00:27. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Pedralejos. Felicitación de Navidades 09. Acuarela de Alberto Fernández Palenzuela)(*)
Los últimos domingos antes del verano, María ocupó el lugar de costumbre en un extremo, y Ricardo a su lado, ahora sin preocuparse demasiado de unos ojos, que mira por cuanto, ya no le parecían ni tan hermosos ni tan verdes. Era María, “su pelirrojilla”, en la que centraba toda la conversación que en diálogos fáciles y espontáneos fluían con una compenetración cada vez mayor. Le contaba sus aficiones por el campo, la caza y los deportes; también los planes para el futuro que, sin dudarlo, quería que fuesen en la carrera de las armas. María le escuchaba con atención y agrado; experimentada, le animaba a que hiciera lo que nunca había hecho: estudiar.
Ricardo acababa de empezar una experiencia nueva: lo de Nati, fue como una fragorosa tormenta de verano; amor intenso, pero como la lluvia que se desata tras horrísonos truenos. Lluvia torrencial que resbaló sin calar en la tierra sedienta; corriente impetuosa de amor verdadero, pero que aun dejando marcada profunda huella, pasó como pasa la vorágine de agua sin aprovechar a las plantas sedientas. Ahora, finalizada la tormenta, las nubes dejaban caer una lluvia fina, mansa, que era todo cuanto necesitaba su sed de amores.
La tierra quedó empapada y en calma. Antes de comenzar un nuevo verano con total convencimiento puedo decir -porque así me lo confesó Ricardo- que “su pelirrojilla”, María, era el primer y verdadero amor; y aunque todavía incipiente, al parecer correspondido.
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