Lo que espero del año nuevo
02.01.10 @ 08:00:24. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Acuarela de Isabel Menéndez, felicitación de Navidades 09)(*)
Al llegar el nuevo año es inevitable hacer balance del año ya pasado, mejor aún hacer examen, de éxitos y errores, para consolidar y corregir, que es lo propio del sabio. Solo los necios tropiezan en la misma piedra. En estas andaba cuando me pregunté por el mayor éxito o acierto que en nuestro Valladolid hayamos alcanzado el año ahora recién concluido. Para mi gusto ha sido, sin duda, la recuperación del Museo Nacional de Escultura Policromada, que se ha reabierto hace tres meses con el nuevo nombre, no se muy bien por qué el cambio, de Museo de San Gregorio, tras nueve años de obras.
No pude verlo hasta el puente de la Inmaculada, en que aproveché para acercarme con mis hijos, que me habían dedicado su más larga visita hasta el disfrute de las Navidades. Cuando se comenzó el traslado de obras, en las fiestas de septiembre, escribí en estas páginas para comentar la noticia y lo mucho que esperábamos de tan prolongados trabajos. Me parecía muy bien “que San Gregorio vaya a contar con nuevos servicios para el visitante, como guías audiovisuales, catálogos, nueva web o elementos multimedia en algunas de las salas”, pero, sobre todo, dije que esperaba hayan dotado “de suficientes ujieres o vigilantes las plantas y salas, para que se puedan admirar los conjuntos procesionales que en él se guardan, y que hasta ahora no se podían ver por falta de personal.”
Efectivamente, ahora ya se pueden ver tres de los diez pasos con que cuenta el museo, magnífica colección de figuras procesionales de nuestras mejores gubias. Habría que conseguir una ampliación de las salas, para lo que San Gregorio cuenta ahora con mucho espacio en su entorno. El museo de San Gregorio debe ser el museo de Semana Santa de Valladolid, porque, como ya decíamos en aquél artículo, entre él, “la Vera Cruz y tres o cuatro iglesias próximas a ésta (Las Angustias, la Catedral, Jesús, San Miguel, San Martín), se puede ver toda, o casi toda, la riqueza escultórica que atesora Valladolid, sin esperar a la procesión del Viernes Santo. ¡Tanta belleza e historia no puede reservarse para contemplarla una sola vez al año¡.”
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