Imágenes de Ghana (7). Akosombo
31.12.09 @ 07:47:43. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Felicitación de Navidades 09. Acuarela de Jesús Lozano Saorin.)(*)
Cuando, terminada la Segunda Guerra Mundial, Ghana alcanzó su independencia, el Presidente Nkrumah - que luego desprestigiaría su figura con el escándalo de la corrupción - concibió una idea indiscutiblemente brillante. Eran los tiempos en los que, en Egipto, otro país africano, el presidente Nasser había lanzado el impresionante proyecto de embalsar las aguas del Nilo construyendo la gran presa de Asuán, y, seguramente inspirado por esta ingente obra, Nkrumah se decidió a detener las aguas del río Volta.
Como el viento Harmattan, el río Volta penetra en Ghana procedente de mucho más al norte, en este caso de Burkina Faso, país conocido en la geografía antigua por albergar la cuenca alta. Alto Volta se llamaba, efectivamente la nación vecina cuando estudiaba yo el bachillerato.
Al embalsar sus aguas, el Volta se transformó en un inmenso lago artificial que ocupa el primer lugar del mundo en cuanto a superficie. Nada menos que cuatrocientos kilómetros separan su extremo norte del sureño pueblo de Akosombo, que jalona el emplazamiento de la monumental presa que detiene las aguas. Traspasado ese punto, el Volta adquiere de nuevo su carácter de gran río para seguir su curso hacia el sur cumpliendo con su originaria vocación: desembocar en el océano. Lo hace por un lugar llamado Ada, donde la costa se confunde con las aguas del Golfo de Guinea.
Así que Akosombo es un pueblo que nació de la presa para albergar a los constructores. Desde sus cercanías, y más concretamente desde las modernas instalaciones del Hotel Volta, a corta distancia del parapeto que contiene la gigantesca presión del agua embalsada, he visto yo la grandiosidad de la obra soñada y hecha realidad por el presidente Nkrumah, a quien imagino tal como me lo describieron, o sea, observando los trabajos con su mirada de hombre de estado desde la colina que domina las cercanías de la presa. La tarde en que evoqué esta escena me hallaba yo asomado a la gran balconada a modo de terraza desde la que se divisa, como desde una atalaya, el arranque del inmenso lago. La tibia luz del sol convivía con un cielo grisáceo y como difuminado por la arena en suspensión aportada por el casi imperceptible Harmattan, mientras al fondo del gran salón sonaba la música, interpretada en vivo por músicos locales amigos de los decibelios. Las águilas, como inquietas por nuestra proximidad a sus nidos, cruzaban por delante de nosotros como intentando intimidarnos.
Poco antes las había visto en Afrikiko, poco más abajo de Akosombo, o sea nada más recuperar el río su curso normal para buscar la costa y vaciarse en el océano. Volaban sobre el fondo entre verde y gris de la otra orilla, tapizada por la densa masa de los grandes árboles. Lo hacían en amplios círculos. Luego se lanzaban sobre su presa, frenando en el último momento con las poderosas garras estiradas. Todo esto, y los pequeñas barcas, y los graciosos lagartos que parecen hacer flexiones con sus brazos, requieren la atención del viajero seducido por el paisaje y por la serenidad del instante, en un refinado ambiente de pérgolas, parterres y sombras acogedoras y a la espera de una polícroma selección de arroces y carnes cocinados a la ghanesa.
Como el lector fácilmente comprenderá, en un escenario como éste no es difícil caer en la tentación de la descripción poética. Yo desde luego sí caí en ella, y por eso escribí lo que ahora les transcribo:
Akosombo*
Como el eco que suena de un tambor, Akosombo
repite en mis oídos la magia del asombro
que desciende del norte para ir camino al mar.
Aquí el Volta retoma su condición de río;
de gran río africano que aceptó el desafío
de ser lago y ser río sin dejar de soñar.
Hallará en Akosombo la libertad que añora,
aquí donde los cielos azules son ahora
el dominio del águila que le enseñó a volar
sobre las aguas grises empapadas de vida
que devuelven al río la libertad perdida
cuando cayó rendido, cansado de esperar.
Aquí encontrará el Volta la flor de la lantana
y el lagarto amarillo de la eterna galbana,
y el corredor oscuro de una sombra sin par.
Y el silencio estrellado de las noches de Ghana,
y aquel abrazo eterno con la orilla lejana
que inventará el futuro para nunca acabar.
* De mi libro de poesías “Tiempo de descuento”
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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