Imágenes de Ghana (6). Reflexiones desde aquí
27.12.09 @ 07:48:16. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Felicitación de Navidades 09. Acuarela de Luis Labrador)(*)
Está visto que el viajar nos abre nuevos horizontes, pero sobre todo nos permite entender mejor la realidad de este mundo en el que, queramos o no queramos, nos vemos obligados a vivir.
Lo primero que solemos constatar, como me sucede a mí mismo ahora que vivo el día a día de este país africano, es que nos hemos acostumbrado a una situación que no es ni mucho menos mayoritaria entre los hombres y las mujeres de hoy. Esto se observa en muchas partes, a pesar de que nuestra civilización, ya global, alcanza a casi todos los rincones de la Tierra. Lo que pasa es que convive en muchas partes con culturas antiguas que evolucionaron muy despacio. Y el efecto de la mezcla puede ser beneficioso, pero también altamente perjudicial. Todo depende del ritmo y la manera en que se produzca la evolución. Aquí se ven ejemplos de ambas cosas.
En Accra ya encontramos muchos de los refinamientos de que gozamos en Europa. Hemos visto el Barcelona-Madrid y el Atlético de Madrid-Español, unos en casa, otros en un bar. En mi viaje anterior vi retransmitir un Zaragoza-Mallorca en las grandes pantallas del aeropuerto de Kotoka. También hemos podido contemplar desde nuestra casa y fuera de ella la final de la Copa Davis. El móvil esta muy extendido, y hay ya algunas tiendas y almacenes de verdadera calidad. Dos clinicas que tuvimos que visitar nos causaron una excelente impresión. Pero también nos hemos acercado a ese mundo elemental que habita en gran parte del planeta, y para el que casi todo de lo que nosotros disfrutamos constituye un lujo inalcanzable. Queda por preguntarse, claro está, quiénes son más felices, si ellos o nosotros.
Para mí resulta curioso que un país como Ghana, que sufrió intensa y directamente el flagelo de la esclavitud, no revele un odio intenso al hombre blanco, al que aquí se llama “obroni”, y que para mí tiene su más exacta representación en mi nieto Miguelillo, con su pelo rubio y sus ojos azul claro. La explicación podría encontrarse en el hecho de que los primeros resposables fueran los propios jefes de las tribus, que llenaban sus arcas con las operaciones de venta. Sí puede apreciarse claramente, en cambio, en el agradecimiento hacia el hombre blanco en su versión de misionero.
Esto se ve, sobre todo, observando la evidente espiritualidad de los ghaneses. Al cruzar los poblados vemos carteles anunciando la presencia de los templos, cristianos en su inmensa mayoría. Muchos coches y camiones, y casi todos los taxis y trotros - nombre dado a los microbuses que recorren la ciudad - llevan en su luna trasera o en el parabrisas algún lema o imagen de carácter religioso, frecuentemente con referencia a los salmos o a expresiones evangélicas. La mayor parte de ellos pueden leerse en inglés. He aquí algunos ejemplos: “God’s blessings”, “Only Jesus”, “Pentecost fire”, “God is great”... Un pequeño aljibe anuncia “Ave Maria filtered water”. También vemos este tipo de lemas dando nombre a tiendecillas y pequeños puestos, como uno verdaderamente mínimo en cuyo frente se lee: “Wonderful Jesus”. Luego hay frases que dan que pensar en lo fino que hilan estos ghaneses, como cuando, como quien no quiere la cosa, nos dicen: “Just by grace”, o “Let then say; so they are”, o “Victory at last”, o “Just imagine”...
Nosotros solemos ir a misa a la capilla de la Nunciatura. Si algún día voy a la catedral, ya les contaré, porque según tengo entendido allí la ceremonia dura del orden de tres horas y es como una explosión de alegría. En la capilla nos dicen que el Nuncio estará fuera todo este mes de diciembre. Los sacerdotes son hombres de color aunque no necesariamente ghaneses. Tienen fuerza en su expresión y utilizan eficaces metáforas para explicar la Buena Nueva. Parecen jóvenes y desbordan simpatía. Ante nuestra apostasía, hoy son la esperanza de la Iglesia.
En los muebles de la capilla y en los ornamentos litúrgicos se ven símbolos adinkra que representan la fe y la esperanza. Entre los asistentes a la ceremonia hay gente de todas las razas y colores. El servicio al Nuncio está en manos de unas simpáticas monjitas filipinas que sólo fallan en la afinación de sus voces. El pasado domingo, terminada la misa - que ahora se celebra al aire libre - un pavo haciendo la rueda se escapó por el jardín de la Nunciatura, entre las buganvillas y las bellas palmeras trenzadas, con el lógico alborozo de los niños. Al oírnos hablar del pavo, una de las monjas nos miró con expresión de asombro y alegría. “Así lo llamamos también nosotros” dijo la monja. Curiosa muestra de la influencia en el mundo de nuestra fe y de nuestra lengua, dos bellos legados de nuestros predecesores, a quienes ahora, irresponsablemente, nos permitimos dar la espalda.
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