La primera helada
23.12.09 @ 07:56:25. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Puente de Simancas. Felicitación de Navidades 09. Acuarela de F. Buendía. 34x43)(*)
Como con no poca frecuencia les escribo de temas camperos, éste lo es absolutamente. E ingrato. A estas alturas, todavía pudiera servirle a alguno, para no tropezar en la misma piedra donde yo lo hice. Estrepitosamente.
No nací, claro, en él, pero sí “me criaron” en el campo. Tras mi destino militar africano, inolvidable, y por diferentes causas que no viene al caso pormenorizar, tuve que hacerme cargo de la labranza familiar Dehesa de Peñalba “la Verde”. Preciosa y feraz. Pegadita al padre Duero, como un huso, a lo largo de 6 kms. Con impresionante acuífero-¡ay, ahora contaminado!- a menos de 5 mts. de la superficie del terreno y atravesada de alto en bajo por el canal del Duero, la Dehesa era, claro, de regadío toda ella. Toda. Hasta el monte y pinar si se hubiera querido.
Los cultivos de regadío por aquellas calendas, requerían ingente mano de obra, cualificada desde el dominio de la morisma de estos pagos e incluso anterior por los también vestigios romanos en “la puente” sobre el río y calzada empedrada. La feracidad dicha de la tierra, suave, amorosa, limosa, junto a la filigrana del riego, requería, además de regadores, segadores, muleros, vaqueros, pastores, “grajeros”… Continuas cuadrillas de hombres, mujeres y chicos, para con el manejo habilidoso de las binaderas, eliminar las malas hierbas que, de forma negativa, hacían la competencia a los cultivos tradicionales. Los “ceñilgos”, aulagas, grama y ¡mil variadas “maravillas silvestres”!, eran culpables directas del beneficio para unos (los que justamente cobraban por el sudor de la frente vertido en tales menesteres) y de pesadilla para otros, que habían de hacer más que filigrana moruna para abonar tantos jornales: sudor y angustia a veces para “el amo”, como se le llamaba entonces sin serlo. No sólo no era amo de nadie, sino que, jamás que yo sepa, nadie se hizo rico con el campo y labranza. Mejor yo le llamaría, amo y esclavo terrateniente.
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