Imágenes de Ghana(4).La banqueta
20.12.09 @ 07:47:09. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Acuarela de Trevor Chamberlain en el libro “Light and atmosphere in watercolour”)(*)
Supongo que si mis lectores albergan cierto interés por leer estas crónicas desde Ghana, esperarán, sobre todo, que yo les describa algunas de las costumbres del país que más me han llamado la atención. Y es que, en efecto, uno tiende a imaginar que en esta parte del mundo la gente ve la vida de forma muy distinta a como la vemos en Europa, y piensa, no sin razón, que ello le pudiera dar pie para descubrir algunos rincones de la personalidad humana aún inéditos para nosotros.
Éste y no otro es el motivo por el que hoy les hablaré de lo que los ghaneses llaman “dwa”, equivalente en inglés a “stool”, y que traduciríamos al español por banquillo, taburete, o quizá más propiamente, banqueta. Desde luego, si lo llamásemos “banquillo” tendríamos que advertir que nada tiene que ver con el fútbol, deporte en el que, por cierto, este país africano ocupa un puesto relevante en el ámbito continental e incluso mundial. Ghana es cuna de Essien, uno de los grandes cracks de la Premier League, y su equipo nacional - el de los “Estrellas negras” - se halla clasificado desde hace tiempo para el campeonato del mundo que se celebrará el año próximo en Sudáfrica. Por otra parte, el término “banquillo” parece reservarse también - al menos así lo dice nuestro diccionario - al indeseable asiento del acusado.
No; a lo que yo ahora me refiero es a una pieza del mobiliario ghanés que tiene carácter individual y carece de respaldo. En muchas guías y catálogos la verán citada con el nombre de “taburete”, pero la idea que yo tengo de éste es la de un asiento más bien alto. A ustedes, como es natural y lógico, hablarles de una banqueta les parecerá cosa banal e irrelevante, pero a los ghaneses, no. Y hasta tal punto es esto cierto, que bien podríamos decir, remedando a Ortega, que el ghanés es “él y su banqueta”.
En Ghana hay banquetas para hombres, para mujeres, para niños, para novias, y para jefes y autoridades. Piensa el ghanés que una buena parte de sí mismo se trasfunde al pequeño mueble, hasta tal punto de que éste acaba por absorber la personalidad del dueño. Así, con el paso del tiempo, la banqueta - que suele constituir el más valorado de los legados de una herencia - estaría impregnada por el espíritu de los antepasados y, en consecuencia, demandaría el respeto debido a los valores atesorados en el seno familiar.
Empezaré por su descripción. El mueble es de madera. Su asiento está graciosamente alabeado hacia arriba en los extremos, como el ala de un sombrero vaquero; la base, rectangular, puede ser escalonada o tronco-piramidal, pero siempre suficientemente sólida como para ofrecer el mejor apoyo sobre el suelo; y el cuerpo, tronco o parte intermedia, constituye la expresión cabal del dueño, simbólicamente exteriorizada mediante la talla de figuras representativas. La simbología adinkra, que, como ya expliqué en otro artículo, expresa sabias máximas que sintetizan la experiencia y los principios morales del pueblo akan, suele ser aprovechada para que cada persona muestre la faceta más relevante y representativa de su personalidad, aunque, en realidad no sea la única fuente de inspiración para el artista,
La más importante de las banquetas ghanesas es La Banqueta Dorada (“golden stool” en inglés, o “ahenedwa” - banqueta real - en el idioma akan), que hace las veces de un trono para el Rey. El original, que se mantiene guardado en un lugar oculto, representa, por decirlo así, al pueblo ashanti. Dicen que bajó del cielo y se posó sobre las rodillas del monarca, y es de tal forma reverenciado que ha de mantenerse siempre fuera del contacto directo con el suelo.
Varias guerras tuvieron como desencadenante el intento de apropiársela. En una de ellas, los ashanti prefirieron poner a su Rey en manos del enemigo antes que entregar este símbolo aparentemente intrascendente, y la guerra con los ingleses estalló cuando el gobernador pretendió sentarse en ella, supongo que para demostrar quién mandaba allí.
Se ve que, para los ghaneses, el asiento representa la voluntad de ser y de estar. Al niño se le regala cuando echa a andar a gatas, es decir, ante los primeros síntomas de que ya comienza a desenvolverse con cierta independencia. Si pertenece a una autoridad oficial, el tronco de la banqueta puede contar con dos pisos montados el uno sobre el otro, como señalando la superioridad que su dueño ejerce sobre los demás. Es el “aquí estoy yo”. A veces se añaden figuras que matizan el ejercicio del poder, como el nudo que simboliza el compromiso del presidente de la República con el pueblo.
Entre las tribus de origen nómada del norte del país, allá donde predominan la sabana y el Islam, el banquillo se sustituye por una piel de animal salvaje. En este caso, el símbolo de autoridad se establece simplemente eligiendo un ejemplar de gran fiereza. Como se ve, lo fundamental es resaltar que sentarse es un acto de importancia - puesto que es prueba fehaciente de que uno tiene su lugar en el mundo - y que, siendo lo natural estar de pie, cuando uno toma asiento la cosa empieza a ponerse algo más seria.
Acostumbrado a la abundancia que veo a mi alrededor y a las pretensiones que exhiben los opulentos con sus yates de no sé cuántos metros de eslora y sus coches de gran cilindrada; harto de ver niños adosados a sus superconsolas y jóvenes desgraciados porque no disponen del último modelo de ordenador, me conmueve esta satisfacción de los ghaneses por estar en algún sitio y tener algo propio, aunque no sea más que un lugar donde sentarse. Sí; me conmueve esa humildad entrañable de las banquetas ghanesas, que el alado toque del arte hace resplandecer ante mis ojos.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm3.static.flickr.com/2627/4189216869_2c9196e5db_o.jpg
Comentarios:
Que disfrutéis y Dios os acompañe a toda la familia
Un abrazo y muy Feliz Navidad
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