El viudo ordenado. Menús navideños
15.12.09 @ 08:00:53. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Acuarela de Herry Arifin en herryarifin.com)(*)
En el segundo artículo que publiqué de esta saga del “viudo ordenado” –título de guasa, pero contenido más que serio-, lo que ocurrió sobre estas fechas, no me atreví, a pesar de que se nos echa encima la Navidad, con sus necesidades de menús especiales, escribir sobre éstos, que era lo suyo, y me contenté con publicar la receta de mi amigo Manolo Prieto, “Conejo borrachín”, que sí es para nota. Con Manolo he hablado del plan culinario de estas fiestas inmediatas, para no repetir lo del año pasado, aunque me salió de perlas.
El plan de las Navidades anteriores había sido, que recuerde –un fallo no haberlo apuntado, de ordenado presumo-: en Nochebuena, langostinos con algún otro marisco para adornar, y de segundo unos milhojas de foi y codorniz(comprados hechos, les gustan mucho a mis hijos); en Navidad sopa de arroz (con el caldo del marisco de la víspera) y capón de Cascajares(relleno, también comprado hecho, que me sustituye el trabajo de poner el pavo que tan rico hacía mi mujer, Concha María); canapés y lechazo en Nochevieja; y más langostinos y dorada a la sal en Año nuevo. Nada del otro mundo, según la calidad del material de derribo, claro, en nuestro caso modestamente media.
Tenía que poner este año algo diferente, que me ha resuelto Manolo: un caldo de pescado potente, y de segundo salmón, pulpo y fiambres buenos. Como no me fiaba de mi habilidad para preparar la sopa de pescado, “que lleve restos de éste abundantes” -me insistió-, hice la prueba en la fiesta de la Inmaculada, aprovechando que éramos pocos, pues la mayoría no tuvieron puente y la celebramos el domingo anterior. Me fui al establecimiento recomendado: los precios de la calidad, por las nubes. En cambio encontré, en la habitual “superficie”, un rape con buena pinta, cuya cabeza me servía para hacer el caldo, con una pescadillita también y unos langostinos sobrantes que guardaba; y la cola, para segundo, como la hacía mi mujer, al microondas – 6 minutos- solo untada de sal y pimienta. Salió muy bien todo.
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