Mis amores. Amores recordados y… ¡presumidos!
12.12.09 @ 08:00:07. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de Francisco Arias en la exposición “100 años, 100 artistas” de Caja Círculo, Burgos, Octubre 2009.22x15)(*)
Un vecino de Rocalba de Duero, el señor Santiago “el marranero”, trajo recuerdos para Ricardo de una moza que le saludó en Villabáñez porque dijo que le conocía. Por las señas que dio y las preguntas que le hizo sobre ella, llegó a la conclusión de que bien podía ser la “niña mona”, rubia ella y de ojos azules de sus amores primeros. Aunque todavía vivo el recuerdo de la peseta pringosa en la mano en el teatro Pradera, no teniendo otra cosa mejor que hacer –qué mal ¿verdad?- , se propuso ir a verla.
Los caballos y yeguas que había en la Vega para las diferentes labores, pasaban de potros a adultos previa doma a conciencia. Por el acostumbrado afán de imitación a sus hermanos mayores, por la estrecha relación con el campo y, porque a la vez, entrañaba cierto riesgo, montar a caballo en potros recién domados, o todavía no del todo, fue también uno de los primeros y más fogosos amores.
Había una potra preciosa, negra como el azabache, que se llamaba Volga. Con temperamento, aunque dócil a su amo, era la predilecta de Ricardo. ¡Qué mejor caballería que ella para ir a Villabáñez a ver a la niña mona. Según le dijo el señor Santiago (él no lo sabía), la niña se llamaba Merche. Con la bruza y el cepillo, la Volga quedó preciosa: negra, brillante, como una mora. También Ricardo se compuso como mejor pudo: borceguíes y polainas de cuero negro, y los zahones que a su padre le regaló un kaid moro, repujados con arabescos; camisa blanca arremangada y visera en la cabeza.
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