Imágenes de Ghana (1). Llegada a Accra
10.12.09 @ 08:03:29. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Hortus. Acuarela de Pedro Cano en la exposición “100 años, 100 artistas” de Caja Círculo, Burgos, Octubre 2009. 58x110)(*)
Si le digo que he llegado al aeropuerto de Kotoko, lo más seguro es que usted, mi sufrido e improbable lector, no tenga la más remota idea de donde estoy. Pues sepa usted que estoy en Ghana.
Si ahora, como es probable, usted no sabe bien dónde está Ghana - en África, sí, desde luego, ¿pero dónde? - le daré una buena pista: Ghana está justamente al sur de Burkina Faso. Supongo que ahora ya no tendrá dudas al respecto.
Pues sí. Estoy en Ghana, y para ser más preciso en Accra, su capital, que se extiende sobre la bella costa del golfo de Guinea, mirando al océano por donde tantos de sus hijos perdieron el futuro. Ghana - lo digo para los del bachillerato antiguo - es la antigua Costa de Oro, llamada así en su día por el precioso metal que alberga en sus entrañas; aquél que hoy vemos venerado por los orgullosos ashantis. En cuanto a Burkina Faso, no es otro que aquel Alto Volta de nombre fascinante que veíamos en nuestros atlas juveniles. Y el Volta es un hermoso río que va de norte a sur y cruza Ghana para ensancharse allí como si se hiciese mar antes de tiempo. Digo todo esto para que se haga usted idea de lo que hablo y porque sé que a menos que usted sea la excepción, lo más probable es que desconozca casi todo sobre este territorio formidable que es el África Negra. Mas no se me preocupe demasiado; porque, como digo, esto es normal. No en vano estamos hablando de lo que tristemente se conoce como el “continente olvidado”
Por si no lo sabe, le contaré que ésta no es la primera vez que estoy aquí, y si tuvo la paciencia de seguirme, recordará que ya me referí a esta tierra por lo menos en un par de ocasiones. Recordará, sí, seguramente, que le hablé de los fascinantes símbolos Adinkra.
Ahora he vuelto para pasar este mes de diciembre en familia, a cuarenta grados de temperatura y con la fantasmal presencia del suave viento Harmattan, que vela el sol con un delicado celaje. Ya no será, como la otra vez, una visita dominada por la curiosidad del explorador, pero le aseguro que no abandonaré mi libreta de notas ni mi lápiz del dos bien afilado para captar la belleza de esta región casi ecuatorial. Ahora vengo a disfrutar de mi familia y de la hospitalidad de un pueblo que ha sufrido mucho y ha esperado siempre.
Esto lo imaginé a distancia algún tiempo antes de iniciar mi primer viaje. Imaginé, sí, un pueblo con vocación de ser, superador de cautiverios, soñador de futuros. Un pueblo bajo el sol, amante de la sombra de los grandes árboles; sabroso como el cacao, acostumbrado a la resignación pero con el destello del diamante en sus ojos saturados de luz. Y escribí la evocación - aún no vivida entonces - de un país orgulloso de su reciente historia pero que no renuncia a sus raíces:
Ghana*
Yo te sueño en el sol omnipresente
que calcina el verdor de tu paisaje;
yo te sueño en el mar y el oleaje
y en la luz de un verano permanente.
Te sueño en el orgullo de una gente
que no quiso saber de vasallaje;
te sueño en el empuje y el coraje
de un pueblo soñador e independiente.
Te sueño en el valor de ese tesoro
de ríos y diamantes escondidos
que hicieron fértil esa Costa de Oro.
Y en tus noches de fuegos encendidos
que nunca vi, y sin embargo añoro
te sueñan ya mis ojos doloridos.
* De mi libro de poemas “Últimos compases”.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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