La libertad de las webs, en peligro
09.12.09 @ 08:00:00. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Al final del día. Acuarela de Evencio Cortina en la exposición “100 años, 100 artistas” de Caja Círculo, Burgos, Octubre 2009.56x75)(*)
El mundo de los internautas españoles ha puesto el grito en el cielo ante la noticia de que el proyecto de ley de economía sostenible incluye el cierre de páginas web por parte de una futura Comisión de Propiedad Intelectual, sin necesidad de que intervengan los jueces. Una cacicada de la ministra de Cultura, González-Sinde, con la SGAE detrás, que le va a salir cara, al menos en desprestigio, aunque ya es difícil que caigan ambos más bajo de lo que están. Horas después de que hiciera su defensa del proyecto, Zapatero dio marcha atrás diciendo que no se cerraría ninguna web, que se cambiará la disposición final que ha provocado el clamor popular. Los internautas lo tienen fácil para manifestarse públicamente. Y lo han hecho. Nadie habla de otra cosa en la red, que es como decir el cogollo del mundo de la comunicación, con abrumador predominio de la gente joven.
Así que los maduros les hemos dejado la palabra a las nuevas generaciones, los más afectados. Eso hice en la tertulia con mis hijos, reunidos en el puente de la Inmaculada, en que fue el tema estrella. Les dejé hablar. Lo que no hubiera ocurrido en una tertulia de jubilatas, de las que asisto a varias, pasó con la de mi casa: uno de mis hijos, el más internauta, casi un fricky de la red, espontáneamente se puso a defender la propiedad intelectual, él precisamente, por llevar la contraria. Como debe ser. Se armó la marimorena, que es lo bueno y constructivo. Y yo me enteré de muchas cosas de las que no tenía ni idea.
Por lo visto ha sido muy divertida la reacción, en la red, de muchos usuarios. Alguno pedía que se publicara la relación de las webs piratas: “Por favor que yo solo conozco 50, decidme el resto, que me interesa”. O, “la mejor prueba de que van a cerrar webs a mogollón es que ZP dice que no lo va a hacer”. Otro contaba que un abogado que grababa las vistas de los juicios en que intervenía, que son públicos, reclamó a la SGAE el euro que cobra por cada cd virgen en que los guardaba, unos cien ya, y tuvieron que devolverle los cien euros. Por la tertulia familiar me he enterado de que el problema está en que se comercializa la obra ajena sin autorización del autor. Pero entre las webs que comparten archivos, algunas tienen publicidad y se lucran con este servicio, pero otras, como el famoso Emule, más conocido por “la mula”, no la tienen. Es más, todo el sistema de webs para compartir empezó sin lucro ninguno, con donativos de particulares. Igual que se deja un libro, una película o un disco, a un amigo, en la red se empezaron a dejar a cientos de miles de desconocidos, que se convertían en amigos cuando, a la recíproca, te dejaban sus archivos a ti.
Inicialmente los llamados “dominios”, esto es, la propiedad de una web, eran libres, cada cual podía montar uno sin condicionamiento alguno. Se estropeó todo, en opinión de mis hijos, cuando los gobiernos empezaron a restringir y controlar los dominios. Claro que daban, o podían dar, problemas de delincuencia por la red, como se ha visto con los de los pederastas, pero se hubieran atajado igual mediante intervención de los tribunales en cada caso concreto. Fue la función preventiva, nada más, lo que justificó la intervención. Que ahora se ha querido extender a la censura inmediata.
Para concluir el debate, que se calentaba demasiado, propuse viéramos una peli. Como no podía ser de otra manera, elegimos una pirateada, Apocalypto, de Mel Gibson, que todos habíamos visto en las salas de cine hace tiempo ya. Nada más empezar se veía en la pantalla, recortada en los títulos, la sombra de un espectador de la sala que se sentaba. La versión no era nada buena. “A ver si consigues –comentó el peleón- otra mejor, que las hay; ésta marea”. Pensé que no me gustaría nada que reprodujeran por ahí mis acuarelas sin el color que yo dí, más o menos, o borrosas. Pero sobre todo que me las copiaran y vendieran, con o sin mi nombre. Ya pasó hace un año en Hispacuarela, el portal de los acuarelistas hispanohablantes, del que fue expulsado inmediatamente el copista. Lo peor fue que las vendía por Internet a cinco o seis euros; aunque eran malas copias, debió vender bastantes.
En la tertulia todos reconocían que tiene que haber formas de proteger la propiedad intelectual. Recordaban mis hijos la época en que fotocopiaban libros de texto a mogollón, tanto como apuntes, hasta la prohibición expresa de esta práctica tan extendida, que cumplieron a rajatabla los establecimientos de reprografía. Ni aunque la edición del libro, increíblemente de texto recomendado, estuviera agotada. Hace ya más de treinta años, un amiguete –hoy cátedro de una Facultad de Ciencias de la Información-, me consiguió lo que podría considerarse casi un facsimil de la gramática de la Real Academia de la Lengua, perfectamente encuadernadas las fotocopias. Llevaba muchos años agotada, y pasaron por lo menos quince más hasta que la reeditaron y pude comprarla. Guardo aquella copia, con el original de la actualizada, como una joya. Ya me hubiera gustado contar también con copia del texto de Antón Oneca, también agotado cuando me dio Penal en la Complutense. Este creo sigue sin reedición; un clásico, aún hoy valdría la pena fotocopiarlo, aun pagando algo a la SGAE.
Ayer precisamente salía la noticia de la publicación de la Nueva Gramática de la Lengua Española, consensuada por 22 Academias. No decía nada de si se podría consultar pronto en Internet. Sería razonable, ¿no?. “Es una gramática integral, total, -ha dicho la presidenta de la Academia Costarricense- que contempla y da soluciones a los problemas del español de todos los países”. “Será un referente necesario para los 400 millones de hispanoparlantes”, ha añadido el secretario de la Academia Nicaragüense. Pues a ver como llega a tantos millones de personas, si no es por la red.
Al parecer el top-manta y todos estos mercados alternativos, absolutamente ilegales, están consiguiendo, pese a la SGAE, abaratar los precios de los productos legales, sumamente abusivos no por culpa del autor sino de los intermediarios. Y dan buena publicidad a los autores y marcas, que al parecer no pierden tanto si se considera lo que deberían ser justas ganancias. Además muchas copias, por ejemplo las de ropa de firmas famosas, se ve a la legua no son originales.
Al final dí, tímidamente, mi opinión. No hay quien pare estos avances del mundo de la comunicación, que en definitiva, y a pesar de que a veces se incurra en injusticias, son enormemente positivos para la difusión de la cultura. Ya no hace falta llevar a una reprografía lo que necesitas fotocopiar, quien más quien menos tiene un escáner en su casa. En materia de pintura ya les conté una iniciativa interesante en “Otro manifiesto: la `Licencia Arte Libre´”, hace un año, el 2 de Noviembre.
Más vale que los autores se adapten a las nuevas tecnologías y les saquen el mejor partido. En otro caso serán barridos del mercado, se ponga Zapatero como se ponga. Pero ojalá consiga limitar la publicidad de estas webs de intercambio y que mejoren las copias. Podía ZP obligar a las malas a incluir aquello de que “cualquier parecido con el original es pura coincidencia”. Bueno, me ha salido un mal chiste, lo reconozco, pero es que he visto tantos de ese estilo y sobre este personaje en la red…
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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