Los lunes, revista de prensa y red
07.12.09 @ 07:37:53. Archivado en Artículos
“A pesar de...”, de Alfonso Ussía, y “Capellanes castrenses”, de Rafael Ortega

(Alcázar de Segovia. Grabado de Miguel Ruiz-Poveda en la reciente exposición de la Galería Rafael)(*)
A PESAR DE...
Artículo de Alfonso Ussía publicado en La Razón el pasado 27 de Noviembre.
Una frase sincera de gratitud, elogio y reconocimiento nos demuestra hasta qué límite ha enfermado de veneno gota a gota parte de la sociedad vasca. El que pronunció el elogio lo hizo emocionado y agradecido, con la mayor naturalidad, lo que resulta aún más estremecedor. El autor de la declaración se llama Gaizka (Jorge) Iturbe, y es uno de los marineros vascos secuestrados por los terroristas costeros a bordo del atunero «Alakrana». Se refería a los marinos de la fragata «Canarias».
Y le salió lo que sigue: «A pesar de ser militares, tienen un corazón de oro. Se han volcado totalmente con nosotros, han estado al pie del cañón durante cincuenta días. No tenían ni comida ni podían llamar a casa, y han estado pendientes constantemente de nosotros». Esa locución conjuntiva que principia la declaración es demoledora. Gaizka Iturbe no tiene intención alguna de herir, sino todo lo contrario. Y hiere con profundidad. Dice que los marinos tienen un corazón de oro y han estado pendientes de ellos constantemente «a pesar de ser militares». Una reserva así sólo puede manifestarla quien ha sido envenenado desde niño por la educación y ambiente nacionalistas. Yo le diría a Gaizka Iturbe que cambiara el giro de su sincera gratitud con otro preámbulo. «Porque son militares, tienen el corazón de oro». Y no sólo, señor Iturbe, el corazón de oro. Tienen una vocación y un sentido del honor, del deber y del servicio que no pueden entrar en la sensibilidad de quienes no los conocen.
Y menos aún, señor Iturbe, en la de quienes, desde la infancia, los han visto e interpretado como unos fascistas invasores, que así, y sólo así, lo han aprendido los niños vascos en sus «ikastolas», los jóvenes en los colegios y las universidades, y los mayores en los «batzokis» o «herriko-tabernas». Un militar, un marino, señor Iturbe, sin reparar en lo que usted piensa o en lo que usted cree, es capaz de ofrecer su vida a cambio de la suya, sin pedirle nada a cambio y con el alegre convencimiento de que cumple con su deber. Entra dentro de lo probable que alguno de los marinos que forman parte de la dotación de la «Canarias» haya llorado la pérdida de familiares o compañeros de armas asesinados por la ETA.
Pero «por ser militares» y no «a pesar de ser militares», carecen del sentimiento de la venganza y de los impulsos del rencor. Ni la venganza ni el rencor se estudian en las Academias de oficiales y suboficiales. «Por ser militares» y no «a pesar de ser militares», se han sentido ustedes amparados, protegidos y comprendidos durante su largo y terrible secuestro. Ha tenido usted la sensibilidad, y hay que reconocérsela, de no mezclar a los marinos con los políticos. Pero elimine esa reserva inicial, que es tan vil como injusta.
Quizá se le ha escapado como consecuencia de la costumbre y el tono de sus charlas habituales con otros compañeros y amigos de su pueblo. Rectifique. Piense mejor lo que dice. No sea parcialmente agradecido, sino agradecido a secas. No se le pide desde aquí que ingrese en la Escuela Naval de Marín. Se le pide que no hiera su propia coherencia. Los marinos de la fragata «Canarias», como los de la «Méndez Núñez», la «Juan de Borbón», el «Príncipe de Asturias» o el buque de la Armada se llame como se llame, tienen el corazón de oro porque han elegido voluntariamente servir a España y a todos los españoles. Por ser militares, no a pesar de serlo.
CAPELLANES CASTRENSES
Artículo de Rafael Ortega publicado en El Imparcial el pasado 4 de Noviembre.
Es que no paran. Ahora les toca a los castrenses. La Ley de Libertad Religiosa que nos quiere “regalar” este gobierno, no sólo incluye la retirada de Crucifijos de los colegios y centros públicos, tema al que hemos dedicado hace días un artículo, sino también parece que va a afectar a la atención religiosa en nuestros ejércitos a la policía y guardia civil. La pretensión de Zapatero es sacar a los capellanes castrenses de cuarteles y centros de enseñanza militar y sólo permitir la figura del capellán, o del “pater” como es llamado cariñosamente, en las misiones en el extranjero.
La propuesta, no podía ser de otro, es de José María Contreras, director general de relaciones con las confesiones del Ministerio de Justicia, en un documento que ha sido publicado por la Fundación Alternativa y que “reza” que” el Estado prevea la posibilidad de que los miembros de las Fuerzas Armadas puedan abandonar las instalaciones militares para recibir la asistencia religiosa”, y que “sólo cuando lo anterior no sea posible el Estado recurra a la figura del capellán castrense”.
El capellán castrense queda, pues, en suelo patrio como una figura decorativa, pues ir a más supondría romper el espíritu de los Acuerdos Iglesia-Estado de enero de 1979 que recoge que la Iglesia “dará asistencia religiosa a las fuerzas armadas”.
Pero aquí se trata de ir colocando “chinitas”, que hagan más difícil transitar a los católicos españoles por el camino de la Fe. Poco saben estos socialistas, muchos de ellos educados en la enseñanza religiosa, que la Fe no se borra con decretos que impongan la salida de Crucifijos y de sacerdotes de los cuarteles, ni siquiera con el mandato de que miembros de las fuerzas armadas no puedan asistir a procesiones. No hace muchos meses un destacado miembro de las Fuerzas Armadas Españolas, ahora encargado de cuestiones de “007”, nos contaba a un grupo de periodistas que, durante una procesión de Málaga en Semana Santa, vio como un legionario musulmán se emocionaba ante el paso de la figura de Cristo crucificado. El general le preguntó:
-Si tu eres musulmán ¿porqué te emocionas?.
-Señor yo soy musulmán, pero este es mi Cristo, le respondió el legionario.
Estamos seguros que Monseñor Juan del Río, Arzobispo Castrense y una de las cabezas mejor amuebladas de la Iglesia española, hará todo lo posible para que el hecho de “capellanes fuera” no se produzca. Sino podremos esperar a que el himno que cantan nuestros soldados, cuando homenajean a los caídos por España, “La muerte no es el final”, caiga también en el “baúl de los recuerdos”. Y para que esto no ocurra, cuento que fue en 1984, cuando el teniente Muriel al dar sepultura a un compañero hizo cantar este himno, cuyo autor es Cesáreo Gabaraín, que fue adaptada por Tomás Asiaín, y que el general Urrutia pasó a todas la Capitanías Generales.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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