Abrazos
05.12.09 @ 07:42:46. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Abrazados en el Pisuerga. Acuarela de José María Arévalo.32x45)(*)
Sé que no es muy original tratar sobre este asunto. Recuerdo de no hace mucho tiempo, que alguien puso de moda -como relajante ante no sé qué circunstancias- darse un abrazo, incluso por la calle con los no conocidos. No apruebo totalmente el sistema de concordia. “Hoy se presta a confusión…”.¡Cagüen tal!
Además, voy por otro lado. Casi del todo. La costumbre estaba muy arraigada en la correspondencia entre amigos, familiares o no, conocidos… Para mí ,“carroza”: lo está. Reparto a diario abrazos a diestro y siniestro por este medio -casi único de entre los que se emplean hoy- que la ciencia “electrolítica” ha puesto a nuestra disposición. Tan bien me parece el “medio y los abrazos”, que me siento como orgulloso por emplearlo sin mayoría entre los de mi edad, ¡que tampoco es tanta, leñe! Pero lo uso. Otros no.
Cuando añado entrañables a lo de abrazos, es, que las persona a quien se los envío, es,-¡curioso!- entrañable. No tomen nota, por favor, de mi genialidad. O no digan de quién proviene. No quedaría “como muy bien el genio”.
Seguro que todos hemos contemplado alguna vez, y con la sonrisa puesta, cómo es de efusivo el reencuentro de viejos amigos: con abrazos entrañables. Si no son muy efusivos, es que tampoco eran muy, muy, amigos. A lo mejor, sólo conocidos, que no es lo mismo, aunque muchos califiquen indebidamente el significado de los términos. De todas formas, bien. Nada que objetar. “Allá cada cual con su cada cuala”. Y no me refiero en este caso a que la abrazada sea fémina. Simple expresión con la que todos me entienden.
Pero es que, mismamente ayer, vi lo que ya no es insólito, aunque sí – lo digo sin “arrodeos”-, denigrante. Por el llamado relativismo (otro día hablaremos de él), hacen caso omiso de la diferenciación sexuada. Única complementaria entre los de nuestra especie.
En plena Plaza de Santa Ana de Valladolid (centro, centro), dos “maromos” (no quisiera que fuese insultante la palabreja y por anticipado pido perdón por si acaso), se daban de abrazos ¡¡y de besos en los morros!! No con la efusión de los reencontrados tras larga ausencia, sino como tantas veces vimos de niños a los enamorados (“uno y una”, que por entonces no había “eso” de la ideología de género, ¡ hoy admitido hasta en los cuarteles de tropas españolas!), en las penumbras del Campo Grande, con la intimidad de la protección” del saúco frondoso. No, no. Eran dos –uno ¡y otro!, que, en uso y abuso de su libertad, se “amaban” (¿) públicamente, sin el más mínimo recato. Me restregué los ojos, y les aseguro que eran dos (“… “) del mismo sexo, aunque no quisieran serlo, porque diga lo que diga la teoría “queer”, los dos (“….”) eran varones. Aún con el riesgo de salir mal parado del “trance”, les dije:
-Por favor, Se-ño-res, ¿no tienen un sitio más discreto donde hacer sus guarradas?
¿Mal…? Puede…
Omito la contestación recibida, que sólo mis limitaciones físicas impidieron corresponder adecuadamente.
Dicha la tristemente verdad, aunque parezca anécdota, paso al sentido común de los abrazos.
Un matrimonio muy amigo nuestro, pasaba serias dificultades por motivos que no viene al caso detallar. Serias dificultades. Pidieron nuestro consejo.
Para mí, la “culpa” era de la mujer. Para la mi esposa, justamente -¡a ver!- lo contrario. Pero coincidimos- ¡a ver, también!- en el consejo.
Por más atrevido, les dije:
-¿Cuánto tiempo hace que no os dais, “físicamente”, un abrazo?
Se miraron perplejos. No hizo falta más respuesta. ¡¡Y se abrazaron!! Él y ella. Felices.
Desaparecieron las dificultades. En llegando a casa, mi mujer y yo, hicimos, claro, lo propio. En confidencia: como a la sombra del saúco… ¡pero en casa!: 53 años casados…
Mis amigos: abrazos. Para algunos, entrañables.
P.D. Inevitable: ¿se imaginan la escena entre dos -ellas o ellos- de uniforme ante sus jefes? Pues es lo que se les (nos) ordena. Aún siendo tal su condición admitida, que el mando “fomente el compañerismo y la convivencia”. ¡¡De locos!! , ¡coño! Y perdonen tan brusco final, para tan amable principio.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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