Si el premio Nobel agarra su fusil
26.11.09 @ 08:00:20. Archivado en Artículos
Javier Pardo de Santayana

(Dos figuras. Acuarela de Mazen Boukai en la exposición “100 años, 100 artistas” de Caja Círculo, Burgos, Octubre 2009. 50x65)(*)
Bien le ha venido al señor Obama haber triunfado, aunque haya sido por los pelos, en su intento de transformación del sistema sanitario norteamericano, tan difícil de entender para nosotros, los europeos. Este triunfo le ha llegado oportunamente, cuando, transcurrido el primer año de su toma de posesión, ya se empezaban a levantar comentarios decepcionados recordando la diferencia que hay entre predicar y dar trigo.
Otra cosa ha sido la concesión del premio Nobel de la Paz. A esto se le llama una faena. Cierto es que a nadie le amarga un dulce, y que, en el plano personal, la distinción añade un nuevo destello a su rutilante figura. Pero reconozcamos que, en términos prácticos, al señor Obama no le podían haber hecho una faena más gorda. Porque, ¿cómo se compadece un premio Nobel de la Paz con la obligación que tiene el presidente de la mayor potencia del mundo de enseñar los dientes de vez en cuando, e incluso morder cuando llega el momento de la verdad?
Ahí tenemos, por ejemplo a un Irán radicalmente dispuesto a armarse hasta los dientes y borrar del mapa a Israel, país reconocido por la comunidad de naciones y único ejemplo de verdadera democracia en la región. Y está claro que no se trata de una simple bravuconada, porque, para demostrar que no va de broma, Teherán está en el empeño de dotarse de unas bombas nucleares que no son precisamente caramelos de menta. Cierto es que al malencarado Ahmadineyad le están saliendo últimamente algunas voces respondonas, pero sus recursos coercitivos le permitirán desembarazarse con prontitud de los discordantes, o sea que lo más probable es que no ceje en su objetivo.
Obama cree en el diálogo y lo practica, pero ¿creen ustedes que le servirá de algo con gente como ésta, que sólo entiende el argumento de la fuerza? Yo creo que el mandatario norteamericano tendrá que ponerse serio en algún momento y adoptar alguna decisión desagradable. O apoyar a alguien que haga el trabajo sucio por él.
Y ahí tenemos, también, a Afganistán, que es un embrollo mayúsculo, difícil sin duda de entender para un ser civilizado. Un país en el que se puede llegar a ver un taxista que para su desvencijado coche, lía un cigarrillo, se lo fuma, y abre luego el maletero para sacar de él a un burka con señora dentro. Un país sin gobierno real, con señores de la guerra que extorsionan a sus súbditos y se forran con el negocio del opio. Y ahí tenemos a Pakistán, donde todos los días hay bomba, y a los talibanes que no se distinguen de los señores normales, y el contencioso sobre Cachemira, y el enfrentamiento entre Pakistán y la India, con su trasfondo nuclear, y esto y lo otro… Pero en todos esos sitios hay que hacer algo, y además está armada una guerra, y muchos de los aliados no quieren saber demasiado de ella, y llegará un momento en el que el señor Obama tendrá que ponerse realmente serio.
Les recuerdo también que en Corea del Norte sigue habiendo un tirano impresentable que anda todavía con Lenin, tiene a su gente descuidada aunque dé el pego en las demostraciones folklóricas, y se dedica a lanzar misiles para asustarnos. Y parece que la cosa va en serio, porque como anda jugando a ver si le salen unas cuantas bombitas nucleares, tiene a todos los vecinos mosqueados.
Como ven, la cosa se complica, y eso que no queremos pensar todavía en lo que pueda suceder cuando China empiece a dar capones con la barbilla a los Estados Unidos, pues sobre eso habrá que reflexionar un poco más adelante para no agobiarnos demasiado, ya. que, mientras tanto, ahí están Al-Qaeda y Osama - no confundir con Obama - que además de conseguir lo que no consiguió ni el mismo Stalin, lo hizo con recochineo, o sea, sin gastarse un dólar, porque recurrió al bricolaje utilizando los medios de la víctima.
Aquí me quedo para no abrumarles a ustedes, que no tienen la culpa de nada. O quizás sí un poco, pero como todo el mundo. Mas lo hago no sin recordarles que si, como es inevitable, nuestro premio Nobel agarra su fusil - naturalmente, para imponer la paz -, puede caérsele la progresía encima, aunque, para su descargo, siempre le cabrá evocar el ejemplo de otros gloriosos galardonados, como Yaser Arafat y gente así, que hasta habían puesto bombas por su cuenta, y a pesar de eso les premiaron.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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