Mis amores. ¡Con dos escopetas!
14.11.09 @ 07:45:23. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante.

(Sol de Soles. Acuarela de Melquíades Alvarez, en la exposición “100 años, 100 artistas” actualmente en Caja Círculo, Burgos. 57x76)(*)
Fue por entonces cuando Julián, uno de los tres vecinos de Rocalba de Duero y cachicán años más tarde de la Vega, les dejó su escopeta. Era de dos “caños”, uno de ellos reventado y el otro, en apariencia sano; “perrillos” por fuera, toda oxidada y muy vieja. Pero arma al fin, les permitió salir de caza juntos, y cada cual con un arma.
Después de cazar Tras las Casas, el Redondal y la Roturación, allá van los cazadores, depredadores ahora aún más temerosos, abiertos en mano por la Matilla. El suceso de aquel día puede que sea intrascendente y que no le diga mucho al lector, pero porque a Ricardo se le quedó muy gravado, tal y como me lo dijo, así lo cuento:
Rodrigo marchaba adelantado por la linde misma del majuelo con el monte. Como es natural, era hacia allí donde tenía querencia la caza. Con el equipo al completo (percha, morral, canana y escopeta), Ricardo caminaba por medio del majuelo. De pronto vio cómo el bando de perdices apeonaba entre las cepas; dando un rodeo, trató de cortarlas y echárselas hacia Rodrigo, con toda honradez y diligencia, renunciando a sus propias probabilidades de bajar alguna. Pero seguramente porque las perdices adivinaron la intención, hicieron lo que Ricardo no quería que hiciesen. Las muy tunantas son capaces de leer en las intenciones.
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