La jubilación, más tarde y más difícil
10.11.09 @ 07:44:49. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Maternidad. Acuarela de José Galán Polaino en la exposición “100 años, 100 artistas” actualmente en Caja Círculo, Burgos. 69x58)(*)
Cuando los sindicatos están dispuestos a negociar sobre la reforma del mercado de trabajo es que deben ver muy mal la situación, mucho peor. Se han resistido todo lo que han podido. Por el contrario el Gobierno sigue viéndola de color de rosa, o de verde clarito, por aquello de los brotes. No creo que salga nada importante de la negociación a tres bandas, hace falta un cataclismo para que se pongan los medios y podamos atisbar esperanzas de salida. Entre tanto, los jubilados aguantamos pensando que peor lo tienen y lo van a tener los que vienen detrás. No queremos ni pensar que la Seguridad Social pueda entrar en bancarrota y vayamos a quedarnos con la hoja de parra.
Lo cierto es que de momento solo se habla de retrasar la edad de la jubilación. Ya se está produciendo, de hecho, no sé si por la crisis económica o por las anunciadas medidas para reducir las jubilaciones parciales, que aún no se han aplicado mucho. Los que más retrasan su jubilación son los autónomos, sobre todo porque muchos cotizan por el mínimo y van a percibir pensiones muy bajas -las mejor tratadas cuando se legislan revalorizaciones-.
Aunque eso de las estadísticas no es muy fiable, las últimas noticias dicen que la edad media real de la jubilación ha subido a los 63 años y diez meses, cuando en el 2007 era de 62,1 años. Parece que es alta en comparación con la media europea, que estaba en 61,2. El retraso de la edad de jubilación –dice estos días la prensa- es una de las medidas que los expertos proponen para garantizar la viabilidad de los sistemas públicos de pensiones, con problemas a largo plazo. Pues aviados estamos. La solución no creo que esté en que se jubile la gente más tarde. La jubilación anticipada supone, salvo excepciones –mineros, minusválidos y otras situaciones minoritarias-, una reducción de la pensión calculada exactamente para compensar el adelanto, por eso no está en discusión; el problema es nada más que el que se jubila deja de cotizar, pero se supone que ello no afecta sustancialmente al número de cotizantes, que varía mucho más por el paro, los emigrantes, etc. Lo que sí ha sido un palo a los costes de la Seguridad Social es el invento de la jubilación parcial a cambio de contrato de relevo, porque el relevado conserva la pensión total al llegar a los 65 años, a pesar de estar disfrutándola mucho antes. Una barbaridad que se inventó el gobierno para reducir el número oficial de desempleados por los clásicos expedientes de regulación que acababan en jubilaciones anticipadas. Pura medida política. Hace dos años ya se limitó aquel nuevo sistema socialista, con una regulación que preveía poner, progresivamente, condiciones más duras a esta modalidad; pero creo, ya digo, que no se está aplicando en serio.
A todo esto, se sigue insistiendo en que hay que apuntarse a los planes de pensiones, meter dinero en ellos, que desgrava mucho –pero eso cuando aportas, luego te consideran la pensión como renta de trabajo-, y asegurarse una pensión complementaria de la oficial, la de la Seguridad Social. No se dice que los fondos de pensiones no consiguen una rentabilidad decente. Ahora, por las circunstancias económicas, pero hace diez años pasaba lo mismo. –Es que ha elegido usted –te decía el bancario de turno al que te quejabas de estar, incluso, perdiendo dinero- un plan de renta variable y lo que sube ahora es la renta fija. Y lo cambiabas, pero nada, a los dos años te contaba la historia al revés. -Ahora – te argumentaba- lo que produce es la renta variable, la fija está de pena.
La solución definitiva para asegurar las pensiones de la Seguridad Social, de la que se habla poco por no inquietar a la gente, es la capitalización de lo que cada uno aporta, para percibir en el futuro lo aportado con sus posibles rentas. Como los planes de pensiones particulares. Lo han hecho las Mutuas, las laborales y las profesionales, pero solo han sobrevivido las que tenían suficientes fondos, la del colegio de Abogados y las dos de Renault, por ejemplo. Primero se capitalizan las pensiones ya causadas, para asegurar que se percibirán, y con el resto de los fondos, se adjudican capitales a los aún en activo, en proporción a sus aportaciones. De ahí la importancia de que la seguridad social no entre en banca rota. No habría nada que repartir.
Pero lo que ya se puede hacer es reservar los fondos de la Seguridad Social para las prestaciones de los cotizantes, y que corran a cargo de los presupuestos del Estado las llamadas prestaciones no contributivas, como son la sanidad de los indigentes, el subsidio de desempleo, etc. De ello se habla hace ya mucho tiempo, y algunos pasos se han dado en esa línea, pero aún no hay una delimitación clara. Entre otras cosas porque, si es cierto lo que se dice en algunas emisoras criticonas, ya se ha tenido que trasladar este año un montón de millones de los presupuestos generales a los de la Seguridad Social para que no cundiera el pánico. En fin, política, todo es política, aquí no hay quien sepa, no solo lo que va a pasar, ni siquiera lo que está pasando. Como para introducir el sistema de capitalización en la Seguridad Social…con este Gobierno manirroto.
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