A cuerpo limpio
08.11.09 @ 08:00:01. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Bodegón. Acuarela de Camilo Huescar, en la exposición “100 años, 100 artistas” actualmente en Caja Círculo, Burgos. 42x62)(*)
Querido e improbable lector mío:
Seguramente usted no sepa algo que me parece oportuno recordarle, y es que hace exactamente un año publiqué mi primera colaboración con los Foramontanos.
Si usted leyó aquel primer artículo y ha llegado hasta aquí, tendré que agradecerle su fidelidad, aunque esta hipótesis me parece tan descabellada que casi estoy por descartarla ya de inicio.
Para serle sincero le confesaré que mi “sí” a los otros dos Foramontanos, bregados ya hace tiempo en este empeño, imaginaba una colaboración menos exigente. Pensaba yo, en mi infantil ingenuidad, que bastaría con aportar de cuando en cuando algún artículo, para lo cual me bastaría con tirar de lo mucho que ya llevo escrito. Pero la cosa no iba por ahí. Tanto es así que lo que ahora mismo está leyendo hace el número ciento doce de la lista.
Mas no me quejaré del encargo por mucho que, al sumarse a otros empeños en los que ando enredado, me apriete a veces más de la cuenta, ya que este afán sobrevenido me ha proporcionado la oportunidad de poner a prueba, no sólo mi capacidad de trabajo, sino también mi habilidad para expresar en pocas palabras todo lo que se me pasa por el magín, sea esto divino o humano, actual o intemporal.
Toda una serie de los asuntos abordados - dicho sea de paso, en este espléndido marco ilustrado por el arte de la acuarela - pertenece a la observación de la vida y a los sentimientos que tal observación suscita, y ahí está la expresión de estados de ánimo y la presencia de la poesía, amén de muchas otras cosas más o menos impalpables.
Naturalmente, otros temas a mano son los acontecimientos que salpican y jalonan la actualidad diaria. Pero como la politización de la vida española, tan cruel y excesiva, alcanza a todo lo imaginable, yo mismo me he visto arrastrado, como todo quisque, a entrar en los dimes y diretes de la polémica nacional. Esta polémica dichosa que nos zarandea y agobia y que es, sin embargo, como el pan nuestro de cada día.
Hablo de un territorio proceloso en el que debemos movernos con cuidado, porque, por un lado, no sólo es nuestro derecho, sino también nuestra obligación, el dar testimonio de nosotros mismos y hacer sentir nuestra voz, tanto si nos escuchan como si no. Y digo esto porque confieso no tener la menor idea de cuántos hombres y mujeres bien intencionados se acercan a este ilusionado blog de nuestras entretelas.
Pero dejarnos llevar por tal obligación, como si cada uno de nosotros fuera un Alonso Quijano dispuesto a arremeter contra los molinos, sería caer en la trampa que nos tienden, así que no conviene que nos encelemos demasiado con lo que hoy nos preocupa y martiriza. Ciertamente a nuestra edad - no hablamos aquí de espíritu - conviene dosificar las fuerzas, y es bueno y saludable recordar que hay una vida más allá de la pantalla de la televisión y de la condenada política.
Ya dije que desconozco totalmente cuánta gente nos lee con cierta continuidad o cae sobre estas páginas de cuando en cuando. También cuántos nos leyeron algún día y desecharon la idea de volver. Tampoco me importa mucho. Siempre hice en cada ocasión lo que debía hacer, o al menos lo que yo interpretaba como tal, y éste es también el caso de mi colaboración en el blog, al que llegué movido por lo que me exigía una amistad que iba más allá de lo superficial. De familia de origen montañés y nacido en Valladolid, nieto de un ilustre colaborador de “El Norte de Castilla” y bisnieto de un alcalde de esta capital castellana, escribir aquí era enlazar con mi propio pasado. Y hacerlo en un blog suponía asociarme - ya a mi edad - a la más auténtica modernidad. Un signo de mi vida. Todo un reto.
Hoy, un año después de integrarme en esta especie de nueva familia en la que se comparten aficiones e ideales, vaya mi más sincero y cordial agradecimiento a usted, mi improbable lector, por su benevolencia, y a mis compañeros Foramontanos por la aventura compartida. Que estas palabras al viento me permiten dar testimonio de vida a cuerpo limpio.
Suyo afectísimo, Javier Pardo de Santayana.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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