Las Edades del Hombre, en Soria
06.11.09 @ 08:00:08. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Ermita de S. Saturio, Soria. Acuarela de Javier Minguez,
javminguez.spaces.live.com)(*)
Me había perdido ya una de las varias excursiones que me habían ofrecido este año para ver la edición Soriana de las Edades del Hombre, y como se aproxima el final de la exposición, que cerrará en un par de meses, y me habían dicho que ésta de Soria es una de las mejores Edades, si no la mejor, me apunté a la organizada por Peñalvar, la asociación de padres de antiguos alumnos de los colegios donde estudiaron mis hijos y fue profe mi mujer. Se completaba con visitas a Calatañazor, preciosísimo pueblito próximo ya a la capital, donde dicen que “Almanzor perdió el tambor”, de casas colgadas en la roca que eleva el castillo –medio derruidos ya, casas y castillo, a ver qué hacen los sorianos para que no se pierdan-; a los originalísimos, dentro del románico, arcos de San Juan de Duero; y a la ermita de San Saturio, patrono de Soria, toda ella excavada en la roca de forma increíble. Buena época esta para acercarse a aquellas tierras, de pletórico otoño, donde las choperas lucen rojos vivos en las puntas, además de los tan fuertes amarillos que también tenemos por aquí. Me dice un experto que en nuestro país todos los chopos proceden del mismo tronco, así que los tintes rojos deben proceder del famoso frío soriano, digo yo. Para haberme quedado a pintar en vez de cumplir la visita cultural; pero tampoco es eso, los árboles están ahí todos los años, las Edades, estas Edades, solo ahora. No se las pierdan ustedes.
Para mi gusto es mucho decir que sean, las de Soria, las mejores Edades. Aunque no las he visto todas, las de Valladolid y Palencia, ya digo que en mi opinión, fueron insuperables. Quizá me influya la calidad de los grandes retablos, que suelen ser los propios del templo donde se celebran. En la concatedral de Soria, nada menos que tres, pero no de la calidad del de la catedral vallisoletana o de la de Burgo de Osma, ambos de Juan de Juni. Las obras de las primeras gubias del XVI, junto con las de los maestros primitivos castellanos, son el no va más de la escultura castellana, incluso de la universal. El retablo mayor de la concatedral, de Francisco del Río, también del siglo XVI pero ya segunda fila, es una belleza, y se ve acompañado de un audiovisual que lo ilumina contando la vida y predicación de San Pedro Apóstol, al que está dedicado. Realzado justamente ahora, cuando se cumple el cincuenta aniversario de la elevación de la Colegiata de San Pedro al rango de Concatedral. Muy impresionantes también los otros dos retablos que flanquean al mayor: el retablo de San Nicolás, plateresco, de mediados del siglo XVI, con influencias de las escuelas vallisoletanas, y de Felipe Vigarny, y el retablo de San Miguel, del siglo XVIII, dedicado a los arcángeles, sin policromía, por, cuentan, falta de presupuesto en su día. Mejor aún, el claustro románico de la concatedral, que recuerda al de Silos, sin llegar tampoco a ese nivel, pero le anda cerca.
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