¿Insensatos los impulsivos?
04.11.09 @ 07:49:58. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de Luis García Ochoa en la exposición “100 años, 100 artistas” actualmente en Caja Círculo, Burgos. 23x33)(*)
Difícil, muy difícil cambiar el temperamento con el que se nace. ¿Cuestión tal vez de transmisión de genes? No lo sé. Como tampoco si, realmente, es bueno o malo el temperamento que, a veces, nos hace ser impulsivos. Es más, sin pasarse, lo creo más que conveniente, necesario.
No digo que la virtud sea vicio, no. Ni que sea negro lo blanco. Digo que a veces –hoy por desgracia demasiadas- se necesita un impulso alto, claro y recio, para cortar o arrancar de raíz, barbaridades continuas en nuestro entorno. Lo que digo, sin anonimato, como militar, de las barbaridades a las que se está sometiendo a nuestras FF.AA., igual lo podrían decir asociaciones de cualquier otra profesión: médicos, abogados, licenciados, trabajadores o cuantos hoy “padecen” uno de los mayores, si no el mayor, desgobierno de la historia de España.
La cuestión está: ¿debe ser un simple o sea, no tan simple, coronel quien dé la cara ante “perversidades” sin cuento? ¿No existe una cúpula militar, para frenar tantos desmanes, como se cometen “sin queriendo”? Pues parece que es tal la presión a la que se ven sometidos nuestros Altos Mandos, que plantar cara, les supone el fin fulminante de su andadura militar.
Tal vez cuantos, tras ofrecer nuestra vida por la Patria, ya hemos pasado al tiempo de descuento en un retiro nada sosegado, poco podemos hacer para que cesen atropellos y disposiciones perversas. Las que se imponen por ley a los que están en activo. Sepan que no somos ajenos a sus sufrimientos y preocupaciones. Que aparcados por la “ley” inexorable de la vida, no nos van a aplicar la eutanasia a nuestra voz. Querrán, pero no podrán. Ni somos abortos para triturar, ni hemos tomado píldora alguna de destrucción y muerte. Hasta el último instante que se nos conceda estar sobre el planeta azul, seguiremos “al pie del cañón”. Sin miedo a la vida y sin miedo a la muerte. Siempre dispuestos a ser útiles de algún modo a España, hasta rendir cuentas a nuestro Dios y a nuestra historia, exprimidos hasta la última gota como un limón.
No nos defraudéis, defended la herencia recibida, como nosotros la recibimos de nuestros mayores. Sed fieles a nuestras tradiciones, a la doctrina y religión a la que siempre pertenecimos. Tened siempre presentes las virtudes, que se nos transmiten de generación en generación. Despreciad, no sin generoso perdón, los cantos de sirena que se os ofrecen desde el marxismo latente infiltrado en quien menos debiera.
Desde la insensatez (¿) impulsiva de la ancianidad responsable, me permito aconsejaros que desoigáis a los que pregonan paz y combaten, sin dar la cara, una guerra basada en la ambigüedad doctrinal so capa de progresismo democrático. ¡Miente, así, mienten! Permiten, cuando no impulsan, la desintegración de España en reinos de taifas que nunca existieron. Quieren arrinconarnos de nuevo en las catacumbas con teorías que ofenden a Dios y a cuantos dieron su vida por Él, presente en nuestras manifestaciones privadas y públicas que no soportan. Repiten, o quieren repetir la historia, que les privó del goce de panzas holgazanas y aberraciones perversas, denunciadas desde antiguo. Denuncia por las columnas de nuestra Iglesia.
Por más peligrosos me permito también preveniros de los que por una extraña concepción de la prudencia, no reprochan, por silencio permisivo, lo que sienten dentro de su ser y que por no “desentonar” en la sociedad corrupta, se le pega la lengua al paladar.
Por último, llamadme como queráis si os parezco impulsivo. Pero nunca digáis, porque no sería cierto, que no quedáis advertidos clara, rotundamente y con el mayor afecto, por un viejo Coronel roto y estropeado.
Como postdata, se me viene a las mientes el suceso evangélico, muy adecuado al tema contenido el presente desahogo, con forma de artículo.
Llegado Jesús a Jerusalén, para celebrar la Pascua: “ y encontrando en el Templo gentes que vendían bueyes y ovejas y palomas y cambistas sentados en sus mesas; habiendo formado de cuerdas como un azote, los echó a todos del Templo juntamente con las ovejas y bueyes, y derramó por el suelo el dinero de los cambistas derribando las mesas” (…) “quitad eso de aquí y no queráis hacer de la casa de mi Padre una casa de tráfico”(…)
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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